7 de abril 2022    /   IDEAS
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Eres racista y no lo sabes, pero puedes arreglarlo

La 'influencer' Adriana Boho ha publicado 'Ponte en mi piel', una guía contra el racismo cotidiano

7 de abril 2022    /   IDEAS     por          
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«¿Si tomas el sol te pones más negra?». «¿Por qué usas protector solar? ¡Si ya eres negra!». «Como tienes la piel negra, no necesitas maquillarte».

Si alguna vez has hecho o te has planteado alguna de estas preguntas y afirmaciones, has de saber que eres racista. Puedes alegar que lo has hecho sin ánimo de ofender o por puro desconocimiento, pero eso no te libra de la etiqueta.

Para evitarlo, habría bastado que te hubieras hecho antes una pregunta: ¿me gustaría que me lo hicieran o preguntaran a mí? Es decir, demostrar cierta empatía. Por esa razón, la influencer Adriana Boho ha publicado Ponte en mi piel. Guía para combatir el racismo cotidiano (Libros Cúpula, 2022).

Adriana Boho

«Cuesta mucho distinguir racismo de lo que no es porque hay muchas cosas, muchos términos, muchas situaciones que está muy arraigadas en el día a día, que están normalizadas; y eso hace que la gente no sepa lo que es racismo y lo que no», confirma la autora. «¿Es la empatía la solución al racismo? Desde luego que sí. De hecho, el título de mi libro es un llamamiento claro a la empatía. Es una forma de decir que antes de decir o hacer ciertas cosas, hay que ponerse en el lugar de la otra persona. En ese punto, hay que pensar dos veces las cosas antes de hacerlas o decirlas».

LA SUTIL TRANSFORMACIÓN DEL RACISMO

Boho abre el libro contando su historia. Nos invita, así, a ponernos en su piel porque es más fácil hacerlo si tenemos todos los detalles de un relato. A partir de ahí, comienza a desgranar episodios racistas vividos por ella misma y por otras personas negras en la escuela, en el instituto y en la vida en general. Unos son claros ejemplos de lo que entendemos por racismo. Otros, sin embargo, son más difíciles de señalar.

Solo una actitud racista dificulta a las personas negras alquilar un piso, por ejemplo. O nos hace sorprendernos porque hablen un perfecto castellano (o catalán o cualquier otra lengua autonómica) teniendo apellidos muy diferentes del García y del López. Y es entonces cuando el lector empieza a darse cuenta de que el racismo es mucho más sutil que insultar o despreciar a una persona por el color de su piel. Para la influencer, el racismo tradicional se ha transformado.

«Cuando digo que se ha transformado el racismo, hablo de las redes sociales, que, en el lado negativo, juegan un papel muy importante a la hora de que se puedan viralizar situaciones o actitudes racistas. Pero también juegan un papel a nivel positivo, que es más fácil y rápido de enunciar según qué actos. Ahora ese racismo tradicional es como mucho más sutil, pero sigue siendo racismo».

Tan sutil es que ha empezado a llamarse microrracismo, término con el que Adriana Boho no se encuentra a gusto. «Es que para mí todo es lo mismo. No existe el “micro”, hay que quitarlo. El racismo es racismo. El “micro” es una manera de minimizarlo, pero realmente sigue siendo racismo y es peligrosísimo en ambos casos, que es lo que tenemos que intentar erradicar».

Tampoco le gusta el término racializada para hablar de una persona cuyo origen y rasgos no encajan con los españoles. «A mí, personalmente, es una palabra que no me gusta. Es racializar la raza. Para mí solo hay una, la humana, pero sí que se utiliza para separar, para que se entienda que una persona puede ser de una nacionalidad o de un origen diferente. Aunque yo creo que deberíamos buscar otra palabra que no fuera “racializada”, honestamente».

Aunque el mensaje pueda llegar a todo el mundo, Boho se dirige especialmente a niños, adolescentes y jóvenes. Ellos están formando su personalidad y construyendo sus valores, por eso cree que es más fácil hacer calar en ellos la lucha antirracista.

Tanto críos como adultos tenemos en nuestra mano poder cambiar las cosas

«A los adolescentes, a los más jóvenes, se les puede explicar de una manera didáctica y muy visual, que es lo que hemos intentado en este libro, que pueden formar parte del cambio; y por eso hemos hecho un libro tan interactivo, en este lenguaje tan juvenil y tan cercano. Ellos son el público principal al que va dirigido el libro y es la gente joven la que en un futuro puede marcar la diferencia y cambiar las cosas».

Y con ellos se aborda el problema de la educación en España. ¿Cuántos episodios racistas, como decirle a una niña que era de color caca, se han dejado pasar bajo la etiqueta de «son cosas de críos»? «No, no son cosas de críos —responde con rotundidad Boho—. Tanto críos como adultos tenemos en nuestra mano poder cambiar las cosas, poder hacerlo de manera diferente. Y para mí es importante empezar desde abajo, desde los críos. Calar en su mente, en que hagan ese cambio de chip y así, ya de mayores, que tengan ese cambio implantado».

También ayudaría mucho que los centros educativos en general se abrieran a admitir a una gran diversidad de alumnado. El estatus social, opina la influencer, establece que las personas negras, asiáticas, latinoamericanas… no puedan acceder a cierto tipo de educación (la concertada y privada, por ejemplo) y trabajos por una cuestión de poder adquisitivo. Eso dificulta que los niños españoles de esos centros no siempre sepan cómo reaccionar ante la diferencia.

«Por eso es tan importante que la educación sea accesible a todos de igual manera (eso sería maravilloso), y que se ofrezcan las mismas oportunidades tanto a los niños racializados como a los que no lo son», explica la autora de Ponte en mi piel.

«Por ejemplo, las ayudas que se están ofreciendo ahora a todos los niños y adultos de Ucrania que llegan a España, pues ojalá eso fuese así para todos los niños asiáticos, negros y marroquíes que puedan llegar aquí también. Eso sería maravilloso porque significaría que entonces no habría esta desigualdad, y, por lo tanto, también para los niños españoles sería lo más normal encontrarse tanto en colegios concertados como no, con compañeros de diferentes nacionalidades».

VISIBILIZAR LO QUE NO SE QUIERE (NI SE SABE) VER

Para Adriana Boho, el auge de la extrema derecha en el panorama político y social de España ha avivado el racismo y otras violencias sociales. «El mensaje que algunos partidos ultraderechistas transmiten, desde luego, es dañino y peligroso para mucha gente que no sabe que gran parte de ese discurso es falso y erróneo. La mayoría de la información que dan es falsa, es negativa, y lo que hace es intoxicar», opina.

«A las personas que están dispuestas a votar a este tipo de partidos, lo que les diría es que se leyeran antes su programa e ideario para saber muy bien qué es lo que están votando. Creo que ahí habla mucho el desconocimiento de las personas que los votan».

El otro problema que plantea el racismo es la falta de denuncia. Por eso, es partidaria de divulgar en redes sociales las agresiones de esta índole.

«Parece ser que, hoy en día, muchas cosas, si no las grabas, si no las publicas, no han existido. Y para mí el motivo no es que el hecho de no grabarlo signifique que no existe (en el caso de las agresiones), sino que significa más bien la denuncia. Es decir, que todos nos pongamos a una a denunciar, siempre y cuando hagamos la publicación con el consentimiento de la víctima, por supuestísimo».

«Creo que, si todos nos unimos para denunciarlo, lo que se hace es evidenciar que existe este problema, y por lo tanto, plantear el debate, que esto ya es mucho. Y a partir de ahí, podemos buscar soluciones al respecto entre todos, porque al final son cosas que nos afectan a todos como sociedad. Ponerlas en evidencia lo que hace es ayudar a poder, entre todos, denunciarlo y luchar contra ello».

EL FEMINISMO ES BLANCO

Tampoco un movimiento tan, a priori, inclusivo como el feminista se libra de caer en el racismo. Adriana Boho no duda en afirmar que el feminismo, al menos en España, es blanco.

«Hoy por hoy, el eslogan este de “Si tocan a una, nos tocan a todas” es un “todas” con matices. Porque si a la que tocan, en cuestión, es blanca, es española, pues ahí sí que ves que se moja todo el mundo. Pero si a la que han tocado es una chica negra o una mujer marroquí, ahí parece ser que hay reticencias y que, por lo tanto, no se viraliza tanto ni se moja tanto la gente. Estaría bien que ese “todas” fuese real y nos sientésemos incluidas todas, tal y como dice la palabra. Así que sí, hoy por hoy, lamentablemente, sí que tengo que decir que el feminismo es blanco».

Para Boho, no es posible ser feminista si no se es antirracista, todo va ligado. «Con el libro, lo que pretendo es que todos, cuando acabemos de leerlo, nos convirtamos en activistas contra el racismo y consigamos erradicar todas estas situaciones que están muy normalizadas y no tendrían que serlo, y consigamos el cambio real. Yo soy muy positiva y confío en ello. Si no, no hubiera hecho el libro. Creo que lo vamos a conseguir».

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«¿Si tomas el sol te pones más negra?». «¿Por qué usas protector solar? ¡Si ya eres negra!». «Como tienes la piel negra, no necesitas maquillarte».

Si alguna vez has hecho o te has planteado alguna de estas preguntas y afirmaciones, has de saber que eres racista. Puedes alegar que lo has hecho sin ánimo de ofender o por puro desconocimiento, pero eso no te libra de la etiqueta.

Para evitarlo, habría bastado que te hubieras hecho antes una pregunta: ¿me gustaría que me lo hicieran o preguntaran a mí? Es decir, demostrar cierta empatía. Por esa razón, la influencer Adriana Boho ha publicado Ponte en mi piel. Guía para combatir el racismo cotidiano (Libros Cúpula, 2022).

Adriana Boho

«Cuesta mucho distinguir racismo de lo que no es porque hay muchas cosas, muchos términos, muchas situaciones que está muy arraigadas en el día a día, que están normalizadas; y eso hace que la gente no sepa lo que es racismo y lo que no», confirma la autora. «¿Es la empatía la solución al racismo? Desde luego que sí. De hecho, el título de mi libro es un llamamiento claro a la empatía. Es una forma de decir que antes de decir o hacer ciertas cosas, hay que ponerse en el lugar de la otra persona. En ese punto, hay que pensar dos veces las cosas antes de hacerlas o decirlas».

LA SUTIL TRANSFORMACIÓN DEL RACISMO

Boho abre el libro contando su historia. Nos invita, así, a ponernos en su piel porque es más fácil hacerlo si tenemos todos los detalles de un relato. A partir de ahí, comienza a desgranar episodios racistas vividos por ella misma y por otras personas negras en la escuela, en el instituto y en la vida en general. Unos son claros ejemplos de lo que entendemos por racismo. Otros, sin embargo, son más difíciles de señalar.

Solo una actitud racista dificulta a las personas negras alquilar un piso, por ejemplo. O nos hace sorprendernos porque hablen un perfecto castellano (o catalán o cualquier otra lengua autonómica) teniendo apellidos muy diferentes del García y del López. Y es entonces cuando el lector empieza a darse cuenta de que el racismo es mucho más sutil que insultar o despreciar a una persona por el color de su piel. Para la influencer, el racismo tradicional se ha transformado.

«Cuando digo que se ha transformado el racismo, hablo de las redes sociales, que, en el lado negativo, juegan un papel muy importante a la hora de que se puedan viralizar situaciones o actitudes racistas. Pero también juegan un papel a nivel positivo, que es más fácil y rápido de enunciar según qué actos. Ahora ese racismo tradicional es como mucho más sutil, pero sigue siendo racismo».

Tan sutil es que ha empezado a llamarse microrracismo, término con el que Adriana Boho no se encuentra a gusto. «Es que para mí todo es lo mismo. No existe el “micro”, hay que quitarlo. El racismo es racismo. El “micro” es una manera de minimizarlo, pero realmente sigue siendo racismo y es peligrosísimo en ambos casos, que es lo que tenemos que intentar erradicar».

Tampoco le gusta el término racializada para hablar de una persona cuyo origen y rasgos no encajan con los españoles. «A mí, personalmente, es una palabra que no me gusta. Es racializar la raza. Para mí solo hay una, la humana, pero sí que se utiliza para separar, para que se entienda que una persona puede ser de una nacionalidad o de un origen diferente. Aunque yo creo que deberíamos buscar otra palabra que no fuera “racializada”, honestamente».

Aunque el mensaje pueda llegar a todo el mundo, Boho se dirige especialmente a niños, adolescentes y jóvenes. Ellos están formando su personalidad y construyendo sus valores, por eso cree que es más fácil hacer calar en ellos la lucha antirracista.

Tanto críos como adultos tenemos en nuestra mano poder cambiar las cosas

«A los adolescentes, a los más jóvenes, se les puede explicar de una manera didáctica y muy visual, que es lo que hemos intentado en este libro, que pueden formar parte del cambio; y por eso hemos hecho un libro tan interactivo, en este lenguaje tan juvenil y tan cercano. Ellos son el público principal al que va dirigido el libro y es la gente joven la que en un futuro puede marcar la diferencia y cambiar las cosas».

Y con ellos se aborda el problema de la educación en España. ¿Cuántos episodios racistas, como decirle a una niña que era de color caca, se han dejado pasar bajo la etiqueta de «son cosas de críos»? «No, no son cosas de críos —responde con rotundidad Boho—. Tanto críos como adultos tenemos en nuestra mano poder cambiar las cosas, poder hacerlo de manera diferente. Y para mí es importante empezar desde abajo, desde los críos. Calar en su mente, en que hagan ese cambio de chip y así, ya de mayores, que tengan ese cambio implantado».

También ayudaría mucho que los centros educativos en general se abrieran a admitir a una gran diversidad de alumnado. El estatus social, opina la influencer, establece que las personas negras, asiáticas, latinoamericanas… no puedan acceder a cierto tipo de educación (la concertada y privada, por ejemplo) y trabajos por una cuestión de poder adquisitivo. Eso dificulta que los niños españoles de esos centros no siempre sepan cómo reaccionar ante la diferencia.

«Por eso es tan importante que la educación sea accesible a todos de igual manera (eso sería maravilloso), y que se ofrezcan las mismas oportunidades tanto a los niños racializados como a los que no lo son», explica la autora de Ponte en mi piel.

«Por ejemplo, las ayudas que se están ofreciendo ahora a todos los niños y adultos de Ucrania que llegan a España, pues ojalá eso fuese así para todos los niños asiáticos, negros y marroquíes que puedan llegar aquí también. Eso sería maravilloso porque significaría que entonces no habría esta desigualdad, y, por lo tanto, también para los niños españoles sería lo más normal encontrarse tanto en colegios concertados como no, con compañeros de diferentes nacionalidades».

VISIBILIZAR LO QUE NO SE QUIERE (NI SE SABE) VER

Para Adriana Boho, el auge de la extrema derecha en el panorama político y social de España ha avivado el racismo y otras violencias sociales. «El mensaje que algunos partidos ultraderechistas transmiten, desde luego, es dañino y peligroso para mucha gente que no sabe que gran parte de ese discurso es falso y erróneo. La mayoría de la información que dan es falsa, es negativa, y lo que hace es intoxicar», opina.

«A las personas que están dispuestas a votar a este tipo de partidos, lo que les diría es que se leyeran antes su programa e ideario para saber muy bien qué es lo que están votando. Creo que ahí habla mucho el desconocimiento de las personas que los votan».

El otro problema que plantea el racismo es la falta de denuncia. Por eso, es partidaria de divulgar en redes sociales las agresiones de esta índole.

«Parece ser que, hoy en día, muchas cosas, si no las grabas, si no las publicas, no han existido. Y para mí el motivo no es que el hecho de no grabarlo signifique que no existe (en el caso de las agresiones), sino que significa más bien la denuncia. Es decir, que todos nos pongamos a una a denunciar, siempre y cuando hagamos la publicación con el consentimiento de la víctima, por supuestísimo».

«Creo que, si todos nos unimos para denunciarlo, lo que se hace es evidenciar que existe este problema, y por lo tanto, plantear el debate, que esto ya es mucho. Y a partir de ahí, podemos buscar soluciones al respecto entre todos, porque al final son cosas que nos afectan a todos como sociedad. Ponerlas en evidencia lo que hace es ayudar a poder, entre todos, denunciarlo y luchar contra ello».

EL FEMINISMO ES BLANCO

Tampoco un movimiento tan, a priori, inclusivo como el feminista se libra de caer en el racismo. Adriana Boho no duda en afirmar que el feminismo, al menos en España, es blanco.

«Hoy por hoy, el eslogan este de “Si tocan a una, nos tocan a todas” es un “todas” con matices. Porque si a la que tocan, en cuestión, es blanca, es española, pues ahí sí que ves que se moja todo el mundo. Pero si a la que han tocado es una chica negra o una mujer marroquí, ahí parece ser que hay reticencias y que, por lo tanto, no se viraliza tanto ni se moja tanto la gente. Estaría bien que ese “todas” fuese real y nos sientésemos incluidas todas, tal y como dice la palabra. Así que sí, hoy por hoy, lamentablemente, sí que tengo que decir que el feminismo es blanco».

Para Boho, no es posible ser feminista si no se es antirracista, todo va ligado. «Con el libro, lo que pretendo es que todos, cuando acabemos de leerlo, nos convirtamos en activistas contra el racismo y consigamos erradicar todas estas situaciones que están muy normalizadas y no tendrían que serlo, y consigamos el cambio real. Yo soy muy positiva y confío en ello. Si no, no hubiera hecho el libro. Creo que lo vamos a conseguir».

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