12 de septiembre 2018    /   CINE/TV
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La femme fatale: al cine le salió el tiro por la culata al parodiar a la mujer que no quería ser ni esposa ni madre

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Ella engañó al gánster; se llevó su dinero; luego lo mató en defensa propia; acabó mal… era mujer.

Es el argumento de un clásico del cine negro. Omito el título para no quitar la gracia a quien no la haya visto. Una línea de diálogo de la protagonista contiene la esencia de la femme fatale:

«Nunca te dije que fuera de otra manera. Tú creías que sí…».

Con frecuencia, la femme fatale no tiene dobleces: «Soy lo que ves». Una declaración de principios.

Cuando las mujeres supieron que no solo eran esposas y madres

Barbara Stanwyck en Perdición.
Barbara Stanwyck en ‘Perdición’.

Tras la Segunda Guerra Mundial, los hombres esperaban que sus mujeres fueran las de antes: el día en casa limpiando sobre limpio y horneando tartas de manzana. Pero ellas no querían ser las de antes. Durante la guerra, trabajaron en fábricas y talleres, en cosas de hombres. Supieron que eran más que madres y esposas.

Al acabar el conflicto ellas se vieron obligadas a volver a sus casas. Los soldados reclamaban sus antiguos puestos de trabajo. Es lógico y humano que un país reintegre a sus veteranos de guerra, pero las cosas se hicieron mal. Los derechos de millones de mujeres fueron avasallados. Ellas vieron mermadas su economía y por tanto, su independencia. No se amilanaron: querían dirigir sus vidas. Una consecuencia: más 610.000 divorcios en 1946 en Estados Unidos, como señala la socióloga Inés Alberdi (Historia y sociología del divorcio en España, 1979).

Se estaba desmoronando la familia tradicional.

La femme fatale: la respuesta de Hollywood contra la mujer

El cine que había alimentado las esperanzas y los sueños de millones de mujeres ahora las ridiculizaba. La femme fatal era la parodia de la mujer que no quería ser esposa ni madre. Un aviso para ellos: «Cuidado, chicos, con las mujeres que tienen ideas propias». Una amonestación a las mujeres: «Chicas, no penséis demasiado, puede llevaros al infierno».

Pero con la femme fatale, la meca del cine se pegó un tiro en el pie: al demonizar la inteligencia de las mujeres, la puso de relieve.

La femme fatale representa la rebelión

Rita Hayworth en 'La dama de Shangái'.
Rita Hayworth en ‘La dama de Shanghái’.

En el cine clásico, con frecuencia los hombres se refieren a las mujeres como «un caballo de carreras que tuve», «un paquete de cigarrillos» o una pieza en una colección de arte.

La femme fatale pasa de la cosificación a la rebelión. (La serie Westworld de HBO toma en parte como modelo a la femme fatale: las mujeres-robots pasan de ser objetos —literalmente— de placer a la autoconciencia… Y esto es castigado). Ella intuye el efecto de sus piernas kilométricas y el cabello ondulado. Un poder que no funciona con el marido o el gángster.

El marido de la femme fatale es un rico que trata a la esposa como una pieza en una abigarrada mansión; o un tipo mayor y grotesco con un negocio en medio de la nada; o un hombre con una discapacidad física que sabe explotar para imponer su voluntad o ejercer la violencia. Sea quien sea el marido, la libertad de la femme fatale se ve mermada.

No es raro que la femme fatale quiera escapar del matrimonio o hacerlo más tolerable. Busca un pardillo que le facilite la huida (incluyendo el asesinato del marido) o un amante para el desahogo.

Hay argumentos donde los maridos, que notan el hartazgo vital de las esposas, hacen la vista gorda cuando ellas flirtean con hombres jóvenes. Esto precipita los argumentos. El mensaje de Hollywood: «Controla a tu esposa».

Una forma de control es la maternidad. La femme fatale no tiene hijos por decisión propia o porque sus maridos no quieren ser padres o están impedidos por la edad o la incapacidad física. De nuevo, el viejo Hollywood adviertía a los hombres: «Una madre no tiene tiempo para meterse en líos».

Sea como sea, el final de la femme fatale está marcado: la cárcel o la muerte para las que seducen para el asesinato; para las infieles, un castigo divino: un accidente de coche. En algunos casos, llega la redención para la infiel: la femme fatale renuncia a sí misma y adopta el papel de esposa tradicional.

En cualquier caso, estos finales resultan con frecuencia artificiales. Finales marcados por el Código Hays de censura.

Antes del Código, MGM produjo La divorciada (1930). Tras el código, en plena ola de divorcios en Estados Unidos, produjo El cartero siempre llama dos veces (1946).

En el Cartero siempre llama…, la infidelidad de Lana Turner es un pecado que conducirá al siguiente: el crimen. ¿No podría haber acabado la película con Lana Turner y John Garfield dejando atrás la gasolinera? Qué bella alteración de la novela de James M. Cain.

Por el contrario, Norma Shearer no muere al final de La divorciada. La protagonista es infiel una vez, por venganza, con dolor, porque el marido lo fue antes. «Ahora la balanza está equilibrada», dice ella. El marido, herido en su hombría, pide el divorcio. Después, la mujer comprende que hay una vida fuera del matrimonio.

Realmente, La divorciada no forma parte del canon de la femme fatale pero la traigo aquí como ejemplo de película improbable tras la Segunda Guerra Mundial.

Pero, ¿quién mató a la femme fatale como personaje?

Entre todos… La modernidad mató el cine de hombres con gabardinas y esposas en jaulas de oro; la corrección política; la confusión, también. Incluso The New York Times erró al titular un artículo (2016):

¿Feminista o ‘femme fatale’? El complicado legado de Lara Croft

El artículo expone que la naturaleza de Lara Croft es dual: «Una chica digital de calendario» y «un modelo feminista a seguir… a veces ambos”.

En el artículo de NYT no aparece femme fatale en el cuerpo del texto, luego, ¿equipara los personajes interpretados por Barbara Stanwyck, Gloria Grahame o Marlene Dietrich con una chica calendario?

Hemos visto que no, que la femme fatale es una caricatura atroz del feminismo. Sin embargo, caricatura quizá sea más inspiradora (sin llegar al asesinato) que la parodia de mujer que trajo los 80 y los 90, y aún perdura: la mujer económicamente independiente que se siente incompleta sin un marido; la que considera que debe casarse antes de los 30, porque se le pasará el arroz; la que acabará al final con el hombre grotesco que la ha menospreciado durante toda la película…

La femme fatale no busca marido, quiere huir del grotesco, y se siente completa consigo misma. Larga vida a la femme fatale.

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Es el argumento de un clásico del cine negro. Omito el título para no quitar la gracia a quien no la haya visto. Una línea de diálogo de la protagonista contiene la esencia de la femme fatale:

«Nunca te dije que fuera de otra manera. Tú creías que sí…».

Con frecuencia, la femme fatale no tiene dobleces: «Soy lo que ves». Una declaración de principios.

Cuando las mujeres supieron que no solo eran esposas y madres

Barbara Stanwyck en Perdición.
Barbara Stanwyck en ‘Perdición’.

Tras la Segunda Guerra Mundial, los hombres esperaban que sus mujeres fueran las de antes: el día en casa limpiando sobre limpio y horneando tartas de manzana. Pero ellas no querían ser las de antes. Durante la guerra, trabajaron en fábricas y talleres, en cosas de hombres. Supieron que eran más que madres y esposas.

Al acabar el conflicto ellas se vieron obligadas a volver a sus casas. Los soldados reclamaban sus antiguos puestos de trabajo. Es lógico y humano que un país reintegre a sus veteranos de guerra, pero las cosas se hicieron mal. Los derechos de millones de mujeres fueron avasallados. Ellas vieron mermadas su economía y por tanto, su independencia. No se amilanaron: querían dirigir sus vidas. Una consecuencia: más 610.000 divorcios en 1946 en Estados Unidos, como señala la socióloga Inés Alberdi (Historia y sociología del divorcio en España, 1979).

Se estaba desmoronando la familia tradicional.

La femme fatale: la respuesta de Hollywood contra la mujer

El cine que había alimentado las esperanzas y los sueños de millones de mujeres ahora las ridiculizaba. La femme fatal era la parodia de la mujer que no quería ser esposa ni madre. Un aviso para ellos: «Cuidado, chicos, con las mujeres que tienen ideas propias». Una amonestación a las mujeres: «Chicas, no penséis demasiado, puede llevaros al infierno».

Pero con la femme fatale, la meca del cine se pegó un tiro en el pie: al demonizar la inteligencia de las mujeres, la puso de relieve.

La femme fatale representa la rebelión

Rita Hayworth en 'La dama de Shangái'.
Rita Hayworth en ‘La dama de Shanghái’.

En el cine clásico, con frecuencia los hombres se refieren a las mujeres como «un caballo de carreras que tuve», «un paquete de cigarrillos» o una pieza en una colección de arte.

La femme fatale pasa de la cosificación a la rebelión. (La serie Westworld de HBO toma en parte como modelo a la femme fatale: las mujeres-robots pasan de ser objetos —literalmente— de placer a la autoconciencia… Y esto es castigado). Ella intuye el efecto de sus piernas kilométricas y el cabello ondulado. Un poder que no funciona con el marido o el gángster.

El marido de la femme fatale es un rico que trata a la esposa como una pieza en una abigarrada mansión; o un tipo mayor y grotesco con un negocio en medio de la nada; o un hombre con una discapacidad física que sabe explotar para imponer su voluntad o ejercer la violencia. Sea quien sea el marido, la libertad de la femme fatale se ve mermada.

No es raro que la femme fatale quiera escapar del matrimonio o hacerlo más tolerable. Busca un pardillo que le facilite la huida (incluyendo el asesinato del marido) o un amante para el desahogo.

Hay argumentos donde los maridos, que notan el hartazgo vital de las esposas, hacen la vista gorda cuando ellas flirtean con hombres jóvenes. Esto precipita los argumentos. El mensaje de Hollywood: «Controla a tu esposa».

Una forma de control es la maternidad. La femme fatale no tiene hijos por decisión propia o porque sus maridos no quieren ser padres o están impedidos por la edad o la incapacidad física. De nuevo, el viejo Hollywood adviertía a los hombres: «Una madre no tiene tiempo para meterse en líos».

Sea como sea, el final de la femme fatale está marcado: la cárcel o la muerte para las que seducen para el asesinato; para las infieles, un castigo divino: un accidente de coche. En algunos casos, llega la redención para la infiel: la femme fatale renuncia a sí misma y adopta el papel de esposa tradicional.

En cualquier caso, estos finales resultan con frecuencia artificiales. Finales marcados por el Código Hays de censura.

Antes del Código, MGM produjo La divorciada (1930). Tras el código, en plena ola de divorcios en Estados Unidos, produjo El cartero siempre llama dos veces (1946).

En el Cartero siempre llama…, la infidelidad de Lana Turner es un pecado que conducirá al siguiente: el crimen. ¿No podría haber acabado la película con Lana Turner y John Garfield dejando atrás la gasolinera? Qué bella alteración de la novela de James M. Cain.

Por el contrario, Norma Shearer no muere al final de La divorciada. La protagonista es infiel una vez, por venganza, con dolor, porque el marido lo fue antes. «Ahora la balanza está equilibrada», dice ella. El marido, herido en su hombría, pide el divorcio. Después, la mujer comprende que hay una vida fuera del matrimonio.

Realmente, La divorciada no forma parte del canon de la femme fatale pero la traigo aquí como ejemplo de película improbable tras la Segunda Guerra Mundial.

Pero, ¿quién mató a la femme fatale como personaje?

Entre todos… La modernidad mató el cine de hombres con gabardinas y esposas en jaulas de oro; la corrección política; la confusión, también. Incluso The New York Times erró al titular un artículo (2016):

¿Feminista o ‘femme fatale’? El complicado legado de Lara Croft

El artículo expone que la naturaleza de Lara Croft es dual: «Una chica digital de calendario» y «un modelo feminista a seguir… a veces ambos”.

En el artículo de NYT no aparece femme fatale en el cuerpo del texto, luego, ¿equipara los personajes interpretados por Barbara Stanwyck, Gloria Grahame o Marlene Dietrich con una chica calendario?

Hemos visto que no, que la femme fatale es una caricatura atroz del feminismo. Sin embargo, caricatura quizá sea más inspiradora (sin llegar al asesinato) que la parodia de mujer que trajo los 80 y los 90, y aún perdura: la mujer económicamente independiente que se siente incompleta sin un marido; la que considera que debe casarse antes de los 30, porque se le pasará el arroz; la que acabará al final con el hombre grotesco que la ha menospreciado durante toda la película…

La femme fatale no busca marido, quiere huir del grotesco, y se siente completa consigo misma. Larga vida a la femme fatale.

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