12 de julio 2021    /   CINE/TV
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Fragmentos de vida: el origen del cine y la tendencia de la ficción posconfinamiento

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El cine comenzó con un fragmento de vida: La salida de la fábrica Lumière en Lyon (1895). Así nació la poesía de la fotografía en movimiento.

 

A este fragmento de vida sucedieron otros aquel 28 de diciembre de 1895 en el Salón Indio del Gran Café del Boulevard de París.

Un hombre intentando montar a un caballo. Un bebé con las manos en una pecera. Unos hombres manteando a otro. Calles y plazas. El tren de los hermanos Lumière no había llegado aún.

La Pêche aux poissons rouges (1895) - Louis Lumière
La Pêche aux poissons rouges (1895) – Louis Lumière

LA PRIMERA COMEDIA: UN FRAGMENTO DE VIDA

Cuando el cine quiso sacar unas risas, partió de un fragmento de vida reconocible por todos: un hombre regando un jardín… que acaba empapado por su propia manguera: Un regador regado. Así nació la comedia en el cine y la raíz de las comedias de situación en la televisión. Volveremos a ellas más adelante.

VIRGINIA WOOLF, EL CINE Y LOS FRAGMENTOS DE VIDA

Imágenes corrientes sobre personas corrientes que vieron por primera vez 35 personas en un local preparado para 100. Ningún periodista fue. Pero el boca-oreja consigue que en pocos días haya colas para entrar en el Gran Café. Una cola de personas para ver fragmentos de vida. ¿Cómo ocurrió? ¿Tan solo por la novedad técnica?

«Vemos la vida tal y como es cuando no participamos en ella».

Virginia Woolf

Podemos encontrar una respuesta en el Ensayo sobre el cine, de la escritora Virginia Woolf, escrito en 1926. Ella reflexionó sobre las imágenes de los primitivos noticiarios que, en muchos casos, eran fragmentos de realidad con apenas unos comentarios del locutor. En concreto, sobre un barco ganador de regatas escribió:

«Estas imágenes adquieren una realidad diferente de la que percibimos en la vida cotidiana. Contemplamos tal y como son cuando no estamos allí. Vemos la vida tal y como es cuando no participamos en ella (…). Viendo el barco navegar y la ola romper, tenemos tiempo para abrir nuestra mente de par en par a la belleza y registrar sobre ella la extraña sensación de que esta belleza continuará y florecerá tanto si la contemplamos como si no».

El entusiasta público de los hermanos Lumière se deleitaba con los rostros felices de los trabajadores al salir del trabajo, la sonrisa del niño jugueteando con una pecera o las bromas tontas de los grupos de hombres.

La sensación de que la belleza continuará sin nosotros podría explicar la fascinación que hoy sienten millones de personas viendo en Instagram vídeos de gatitos, de bebés o de creación de tartas. Vídeos que en muchos casos tienen un plano fijo, como las películas de los Lumière, y no duran más que estas. Pero no nos desviemos del tema que tratamos: la ficción.

Tras los fragmentos de realidad de los Lumière llegó el lenguaje cinematográfico: el montaje y la cámara como herramienta para crear emociones y dar énfasis al cine de ficción.

Los fragmentos de vida pasaron a formar parte de los documentales, pero el cine no los olvidó: los convirtió en ficción.

LOS FRAGMENTOS DE VIDA EN LA FICCIÓN

Con frecuencia, el camino del héroe o la heroína comienza en su casa mientras realiza sus tareas rutinarias: cocinar, ver la tele, hacer bricolaje…

«Hay películas que son trozos de vida. Las mías son trozos de pastel», dijo Alfred Hitchcock a François Truffaut. La frase es llamativa pero imprecisa. A Hitchcock le gustaba filmar momentos de realidad, a personajes hablando de cuestiones domésticas mientras la cámara apuntaba a la verdad: los gestos, las miradas, las manos.

Recordemos cómo en La soga (1948) los invitados a la cena repasan la agenda y el horario del invitado ausente, que está muerto dentro del arcón sobre el que se han colocado un mantel, los platos y unos candelabros.

La cámara se aparta de los invitados para detenerse en una tarea simple: cómo la asistenta retira los cubiertos, trae una pila de libros que coloca sobre el arcón, retira los candelabros, el mantel y se dispone a abrir el arcón para guardar los libros…

¿No es acaso retirar el servicio de una mesa por sí misma una escena corriente?

Por supuesto que Hitchcock no es el único cineasta que incluye fragmentos vida ficticios. La identificación del público con los personajes es esencial en la mayoría de los géneros. Escribe Carl Gottlieb, guionista de Tiburón (1975):

«Una película de terror son dos películas. Una retrata la vida corriente de los personajes. La otra, cómo el terror altera el mundo cotidiano».

Gottlieb tiene razón: el miedo no lo produce el monstruo o el asesino, sino que nace de la posibilidad de la destrucción de la vida de los personajes, una familia en vacaciones o una adolescente que trabaja como canguro. Antes de que aparezca el mal, hemos desayunado con estos personajes y conocemos sus deseos, que son parecidos a los nuestros.

Acabamos de recordar que la ficción de cualquier género incluye supuestos fragmentos de realidad. Y también es posible crear una película compuesta por entero con fragmentos de vida.

LOS FRAGMENTOS DE VIDA COMO GÉNERO CINEMATOGRÁFICO

Agnès Vardá (Cléo de 5 a 7, 1962), Louis Malle (Mi cena con André, 1981), Woody Allen (Annie Hall, 1977), Richard Linklater (Boyhood, 2014) o Sofía Coppola (Lost in translation, 2003). Películas en las que vemos a los personajes desenvolverse en sus rutinas o acciones cotidianas, como pasear y charlar.

En el cine japonés, slice of life (fragmentos de vida) es la base de gran parte de la narrativa japonesa en anime, cine de acción en vivo y la televisión. En Occidente, los estudiosos del cine han creado la palabra Shomin-geki (drama de gente corriente) para designar un género que se detiene en las relaciones familiares, los adolescentes y las personas ancianas que quieren sentirse útiles.

Hay diferencias entre cómo Occidente se detiene en lo doméstico y cómo lo hace el cine japonés. Europa y Hollywood retratan momentos con la intención de crear un hilo narrativo. Un ejemplo es Matar a un ruiseñor (1962), dirigida por Robert Mulligan siguiendo un guion pegado a la novela de Harper Lee. Los distintos momentos de vida protagonizados por la narradora Scout ayudan a crear la atmósfera y la figura de Atticus Finch (Gregory Peck) antes de enrutar el último tercio del filme en un juicio y una venganza.

El cine japonés coloca la mirada en la belleza del instante. No tiene prisas. Esta manera de observar la vida está relacionada con el espíritu zen que ha impregnado las artes japonesas durante los últimos 2.500 años, y que hoy convierte a Haruki Murakami en un autor idolatrado en Occidente.

Cuentos de Tokio - Ozu
Cuentos de Tokio – Ozu

Aunque el cine que contempla la vida comenzó en los años 20 del siglo pasado, el cineasta Ozu Yasujirō inspiró el término con títulos rodados en los 50 y 60 como Cuentos de Tokio, Primavera tardía y Flores de equinoccio. Hayao Miyazaki (Mi vecino Totoro) ha conquistado el corazón del público y la crítica de occidentales con sus historias minimalistas.

LOS FRAGMENTOS DE VIDA EN LA COMEDIA DE SITUACIÓN

Ya sabemos que el género de piezas de vida es residual en el cine occidental, pero ha cuajado en la televisión. Primero, en las comedias de situación (I love Lucy, Seinfeld, Friends). Después, en el drama, sobre todo a partir de Los Soprano, hasta culminar en producciones de corte histórico como Mad Men, Downton Abbey o The Crown.

En Mad Men o Downton Abbey entramos a la manera de visitantes ocasionales para asistir, quizá desde un rincón, a la vida cotidiana de quienes viven en estos mundos desconocidos para el común de los mortales.

Pero volvamos a las comedias. I love Lucy (1951) abrió el camino con la vida de un matrimonio de clase media norteamericana. Estableció el principio de que los personajes no pueden evolucionar. Así que no hay grandes transformaciones en ello. Se quiere captar la atención del público con el día a día de los personajes.

Casi cuatro décadas después de I love Lucy, el cómico Jerry Seinfeld y Larry David resaltaron en Seinfeld (1989) la esencia del género con sus desazones diarias, rencillas e imprevistos, como esperar cola para comer en un restaurante u olvidar dónde se aparcó el coche.

Seinfeld - The Parking Garage 3x06
Seinfeld – The Parking Garage 3×06

La prensa consideró la propuesta como una «serie sobre nada», aunque Jerry Seinfeld ha rechazado la etiqueta. No es raro que la crítica de televisión considere a Seinfeld como ejemplo de slice of life (trozos de vida). A esto debemos que Walter White intente cazar a una mosca o que Don Draper pase una noche de bar en bar buscando un lema para una campaña de maletas o asistamos a las sesiones de un retrato de Churchill en The Crown.

LA FICCIÓN DURANTE EL CONFINAMIENTO

Seinfeld es una de las comedias de situación clásicas de los 80 y 90 que incrementó la audiencia durante el confinamiento por la covid-19 en Estados Unidos, junto a Friends, Cosas de casa, El príncipe de Bel-Air e incluso Roseanne, cancelada en su momento por el racismo de Roseanne Barr, la actriz protagonista. El aumento de público de estas series en las plataformas digitales se sitúa entre el 30 y el 70 por ciento, según la empresa Nielsen (agencia de investigación de audiencias). A la vista del análisis de Nielsen, estos datos no han disminuido tras el confinamiento. Una parte importante del público quiere evadirse al pasado.

No es necesario ser un experto en medios para extraer conclusiones. Estas series son ajenas al drama de la realidad de sus tiempos mientras que desarrollan pequeñas tramas domésticas. Series con fragmentos de vida que recuerdan un tiempo anterior al confinamiento. En estas series, el público puede apreciar aquello que escribió Virginia Woolf: «Vemos la vida tal y como es cuando no participamos en ella» a pesar de sus risas enlatadas.

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El cine comenzó con un fragmento de vida: La salida de la fábrica Lumière en Lyon (1895). Así nació la poesía de la fotografía en movimiento.

 

A este fragmento de vida sucedieron otros aquel 28 de diciembre de 1895 en el Salón Indio del Gran Café del Boulevard de París.

Un hombre intentando montar a un caballo. Un bebé con las manos en una pecera. Unos hombres manteando a otro. Calles y plazas. El tren de los hermanos Lumière no había llegado aún.

La Pêche aux poissons rouges (1895) - Louis Lumière
La Pêche aux poissons rouges (1895) – Louis Lumière

LA PRIMERA COMEDIA: UN FRAGMENTO DE VIDA

Cuando el cine quiso sacar unas risas, partió de un fragmento de vida reconocible por todos: un hombre regando un jardín… que acaba empapado por su propia manguera: Un regador regado. Así nació la comedia en el cine y la raíz de las comedias de situación en la televisión. Volveremos a ellas más adelante.

VIRGINIA WOOLF, EL CINE Y LOS FRAGMENTOS DE VIDA

Imágenes corrientes sobre personas corrientes que vieron por primera vez 35 personas en un local preparado para 100. Ningún periodista fue. Pero el boca-oreja consigue que en pocos días haya colas para entrar en el Gran Café. Una cola de personas para ver fragmentos de vida. ¿Cómo ocurrió? ¿Tan solo por la novedad técnica?

«Vemos la vida tal y como es cuando no participamos en ella».

Virginia Woolf

Podemos encontrar una respuesta en el Ensayo sobre el cine, de la escritora Virginia Woolf, escrito en 1926. Ella reflexionó sobre las imágenes de los primitivos noticiarios que, en muchos casos, eran fragmentos de realidad con apenas unos comentarios del locutor. En concreto, sobre un barco ganador de regatas escribió:

«Estas imágenes adquieren una realidad diferente de la que percibimos en la vida cotidiana. Contemplamos tal y como son cuando no estamos allí. Vemos la vida tal y como es cuando no participamos en ella (…). Viendo el barco navegar y la ola romper, tenemos tiempo para abrir nuestra mente de par en par a la belleza y registrar sobre ella la extraña sensación de que esta belleza continuará y florecerá tanto si la contemplamos como si no».

El entusiasta público de los hermanos Lumière se deleitaba con los rostros felices de los trabajadores al salir del trabajo, la sonrisa del niño jugueteando con una pecera o las bromas tontas de los grupos de hombres.

La sensación de que la belleza continuará sin nosotros podría explicar la fascinación que hoy sienten millones de personas viendo en Instagram vídeos de gatitos, de bebés o de creación de tartas. Vídeos que en muchos casos tienen un plano fijo, como las películas de los Lumière, y no duran más que estas. Pero no nos desviemos del tema que tratamos: la ficción.

Tras los fragmentos de realidad de los Lumière llegó el lenguaje cinematográfico: el montaje y la cámara como herramienta para crear emociones y dar énfasis al cine de ficción.

Los fragmentos de vida pasaron a formar parte de los documentales, pero el cine no los olvidó: los convirtió en ficción.

LOS FRAGMENTOS DE VIDA EN LA FICCIÓN

Con frecuencia, el camino del héroe o la heroína comienza en su casa mientras realiza sus tareas rutinarias: cocinar, ver la tele, hacer bricolaje…

«Hay películas que son trozos de vida. Las mías son trozos de pastel», dijo Alfred Hitchcock a François Truffaut. La frase es llamativa pero imprecisa. A Hitchcock le gustaba filmar momentos de realidad, a personajes hablando de cuestiones domésticas mientras la cámara apuntaba a la verdad: los gestos, las miradas, las manos.

Recordemos cómo en La soga (1948) los invitados a la cena repasan la agenda y el horario del invitado ausente, que está muerto dentro del arcón sobre el que se han colocado un mantel, los platos y unos candelabros.

La cámara se aparta de los invitados para detenerse en una tarea simple: cómo la asistenta retira los cubiertos, trae una pila de libros que coloca sobre el arcón, retira los candelabros, el mantel y se dispone a abrir el arcón para guardar los libros…

¿No es acaso retirar el servicio de una mesa por sí misma una escena corriente?

Por supuesto que Hitchcock no es el único cineasta que incluye fragmentos vida ficticios. La identificación del público con los personajes es esencial en la mayoría de los géneros. Escribe Carl Gottlieb, guionista de Tiburón (1975):

«Una película de terror son dos películas. Una retrata la vida corriente de los personajes. La otra, cómo el terror altera el mundo cotidiano».

Gottlieb tiene razón: el miedo no lo produce el monstruo o el asesino, sino que nace de la posibilidad de la destrucción de la vida de los personajes, una familia en vacaciones o una adolescente que trabaja como canguro. Antes de que aparezca el mal, hemos desayunado con estos personajes y conocemos sus deseos, que son parecidos a los nuestros.

Acabamos de recordar que la ficción de cualquier género incluye supuestos fragmentos de realidad. Y también es posible crear una película compuesta por entero con fragmentos de vida.

LOS FRAGMENTOS DE VIDA COMO GÉNERO CINEMATOGRÁFICO

Agnès Vardá (Cléo de 5 a 7, 1962), Louis Malle (Mi cena con André, 1981), Woody Allen (Annie Hall, 1977), Richard Linklater (Boyhood, 2014) o Sofía Coppola (Lost in translation, 2003). Películas en las que vemos a los personajes desenvolverse en sus rutinas o acciones cotidianas, como pasear y charlar.

En el cine japonés, slice of life (fragmentos de vida) es la base de gran parte de la narrativa japonesa en anime, cine de acción en vivo y la televisión. En Occidente, los estudiosos del cine han creado la palabra Shomin-geki (drama de gente corriente) para designar un género que se detiene en las relaciones familiares, los adolescentes y las personas ancianas que quieren sentirse útiles.

Hay diferencias entre cómo Occidente se detiene en lo doméstico y cómo lo hace el cine japonés. Europa y Hollywood retratan momentos con la intención de crear un hilo narrativo. Un ejemplo es Matar a un ruiseñor (1962), dirigida por Robert Mulligan siguiendo un guion pegado a la novela de Harper Lee. Los distintos momentos de vida protagonizados por la narradora Scout ayudan a crear la atmósfera y la figura de Atticus Finch (Gregory Peck) antes de enrutar el último tercio del filme en un juicio y una venganza.

El cine japonés coloca la mirada en la belleza del instante. No tiene prisas. Esta manera de observar la vida está relacionada con el espíritu zen que ha impregnado las artes japonesas durante los últimos 2.500 años, y que hoy convierte a Haruki Murakami en un autor idolatrado en Occidente.

Cuentos de Tokio - Ozu
Cuentos de Tokio – Ozu

Aunque el cine que contempla la vida comenzó en los años 20 del siglo pasado, el cineasta Ozu Yasujirō inspiró el término con títulos rodados en los 50 y 60 como Cuentos de Tokio, Primavera tardía y Flores de equinoccio. Hayao Miyazaki (Mi vecino Totoro) ha conquistado el corazón del público y la crítica de occidentales con sus historias minimalistas.

LOS FRAGMENTOS DE VIDA EN LA COMEDIA DE SITUACIÓN

Ya sabemos que el género de piezas de vida es residual en el cine occidental, pero ha cuajado en la televisión. Primero, en las comedias de situación (I love Lucy, Seinfeld, Friends). Después, en el drama, sobre todo a partir de Los Soprano, hasta culminar en producciones de corte histórico como Mad Men, Downton Abbey o The Crown.

En Mad Men o Downton Abbey entramos a la manera de visitantes ocasionales para asistir, quizá desde un rincón, a la vida cotidiana de quienes viven en estos mundos desconocidos para el común de los mortales.

Pero volvamos a las comedias. I love Lucy (1951) abrió el camino con la vida de un matrimonio de clase media norteamericana. Estableció el principio de que los personajes no pueden evolucionar. Así que no hay grandes transformaciones en ello. Se quiere captar la atención del público con el día a día de los personajes.

Casi cuatro décadas después de I love Lucy, el cómico Jerry Seinfeld y Larry David resaltaron en Seinfeld (1989) la esencia del género con sus desazones diarias, rencillas e imprevistos, como esperar cola para comer en un restaurante u olvidar dónde se aparcó el coche.

Seinfeld - The Parking Garage 3x06
Seinfeld – The Parking Garage 3×06

La prensa consideró la propuesta como una «serie sobre nada», aunque Jerry Seinfeld ha rechazado la etiqueta. No es raro que la crítica de televisión considere a Seinfeld como ejemplo de slice of life (trozos de vida). A esto debemos que Walter White intente cazar a una mosca o que Don Draper pase una noche de bar en bar buscando un lema para una campaña de maletas o asistamos a las sesiones de un retrato de Churchill en The Crown.

LA FICCIÓN DURANTE EL CONFINAMIENTO

Seinfeld es una de las comedias de situación clásicas de los 80 y 90 que incrementó la audiencia durante el confinamiento por la covid-19 en Estados Unidos, junto a Friends, Cosas de casa, El príncipe de Bel-Air e incluso Roseanne, cancelada en su momento por el racismo de Roseanne Barr, la actriz protagonista. El aumento de público de estas series en las plataformas digitales se sitúa entre el 30 y el 70 por ciento, según la empresa Nielsen (agencia de investigación de audiencias). A la vista del análisis de Nielsen, estos datos no han disminuido tras el confinamiento. Una parte importante del público quiere evadirse al pasado.

No es necesario ser un experto en medios para extraer conclusiones. Estas series son ajenas al drama de la realidad de sus tiempos mientras que desarrollan pequeñas tramas domésticas. Series con fragmentos de vida que recuerdan un tiempo anterior al confinamiento. En estas series, el público puede apreciar aquello que escribió Virginia Woolf: «Vemos la vida tal y como es cuando no participamos en ella» a pesar de sus risas enlatadas.

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