Publicado: 25 de mayo 2022 09:35  | Actualizado: 24 de marzo 2023 09:54    /   Logo School
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Relatos ortográficos: ¿Cuánto cambia tu vida si gira 360°?

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giro de 360 grados

El mapa no estaba muy claro. Apenas indicaba líneas rectas que seguir y sí muchos giros arbitrarios. O esa era, al menos, la sensación que tenía al seguir las indicaciones escritas. Su experiencia como exploradora le decía que había algo raro en ese plano que había encontrado en un mercadillo por casualidad, mientras visitaba una tienda de antigüedades.

Otros habían pasado por alto el nombre del lugar descrito en aquel mapa del tesoro, pero no a ella. Ese mapa amarillento enmarcado cutremente describía cómo llegar a la mítica ciudad perdida de Nisu. Y una aventurera como ella debía ir a su encuentro.

Pero allí llevaba ya ni se sabe la de tiempo deambulando por la selva, atormentada por los mosquitos y agotada por el calor, sin tener muy claro a dónde conducía el mapa. Diez pasos a la derecha, luego sigue en línea recta hasta el gran río, otros treinta pasos a la izquierda… No podía quedar mucho, según el plano, pero tenía la extraña sensación de estar volviendo sobre sus pasos.

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«Estos de Nisu… qué raritos eran para orientarse», pensó con fastidio, y siguió caminando, siguiendo las indicaciones, hasta que llegó por fin al punto indicado por el mapa como meta. Y cuando observó el lugar al que había llegado, confirmó que había retornado al punto de partida. «¡Me cago en sus muelas!», maldijo en alto, tirando el mapa al suelo con rabia.

Si no queremos que nos pase lo mismo que a la exploradora de esta historia, es mejor que no giremos 360°, porque, por muy rotunda que te parezca la cifra, un giro de tal calibre no implica ningún cambio de dirección con respecto a la que llevabas. Ni en tu camino ni en tu vida (si te pones trascendental). Si lo que pretendías era eso, deberías haber hecho un giro de 180°.

Ahora bien, sí es posible girar 360° si lo que queremos indicar es una vuelta sobre un eje o en torno a un punto. Vamos, lo que hace un burro en una noria. Pero, oye, que si lo que pretendes es disimular y seguir como estabas para ahorrarte la chapa de los moralistas, tú sigue dándole a tu vida el giro que quieras, faltaría más.

El mapa no estaba muy claro. Apenas indicaba líneas rectas que seguir y sí muchos giros arbitrarios. O esa era, al menos, la sensación que tenía al seguir las indicaciones escritas. Su experiencia como exploradora le decía que había algo raro en ese plano que había encontrado en un mercadillo por casualidad, mientras visitaba una tienda de antigüedades.

Otros habían pasado por alto el nombre del lugar descrito en aquel mapa del tesoro, pero no a ella. Ese mapa amarillento enmarcado cutremente describía cómo llegar a la mítica ciudad perdida de Nisu. Y una aventurera como ella debía ir a su encuentro.

Pero allí llevaba ya ni se sabe la de tiempo deambulando por la selva, atormentada por los mosquitos y agotada por el calor, sin tener muy claro a dónde conducía el mapa. Diez pasos a la derecha, luego sigue en línea recta hasta el gran río, otros treinta pasos a la izquierda… No podía quedar mucho, según el plano, pero tenía la extraña sensación de estar volviendo sobre sus pasos.

«Estos de Nisu… qué raritos eran para orientarse», pensó con fastidio, y siguió caminando, siguiendo las indicaciones, hasta que llegó por fin al punto indicado por el mapa como meta. Y cuando observó el lugar al que había llegado, confirmó que había retornado al punto de partida. «¡Me cago en sus muelas!», maldijo en alto, tirando el mapa al suelo con rabia.

Si no queremos que nos pase lo mismo que a la exploradora de esta historia, es mejor que no giremos 360°, porque, por muy rotunda que te parezca la cifra, un giro de tal calibre no implica ningún cambio de dirección con respecto a la que llevabas. Ni en tu camino ni en tu vida (si te pones trascendental). Si lo que pretendías era eso, deberías haber hecho un giro de 180°.

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