4 de mayo 2021    /   IDEAS
por
 

‘Júnior’ se pronuncia con jota en español (pero tú haz lo que quieras)

Un relato ortográfico

4 de mayo 2021    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista On fire haciendo clic aquí.

Era un matrimonio tan falto de imaginación que cuando nació su primer hijo, en lugar de buscar nombre especial para él y dedicar a esa búsqueda tiempo y mimo, decidieron llamarle Junior, sin más. Y a pesar de tener un nombre con tan poca personalidad, el niño creció todo lo feliz que puede crecer un ser humano en una familia tan sosa.

Podría decirse que su verdadero problema empezó cuando comenzó su carrera profesional y entró de becario en una agencia de publicidad. Sabía que había gustado a sus jefes, pero le sorprendió —y muy gratamente— que, sin apenas experiencia, ya le tuvieran preparado un taco de tarjetas de visita con su nombre impreso en letras mayúsculas: JUNIOR.

¿Cómo se atrevía entonces la gente, sabiendo que contaba con el favor de sus jefes, a rebajar su posición añadiendo malintencionadamente el artículo a su apelativo, «¿Alguien ha visto al junior?», «Que alguien le diga al junior que el brainstorming es a las 12»?

«La envidia —se decía—, la cochina envidia». Y seguía preparando el café con leche templada y dos de azúcar que le había pedido su jefe antes de entrar a la reunión con el equipo creativo.

Vale, lo reconozco: la historia tiene menos gracia que un balance de cuentas, pero como la cosa va de jóvenes, sirve de excusa para traer a colación este término que viene del latín iunior y que los romanos usaban para designar al más joven. Si queremos diferenciar entre un padre y un hijo que se llaman igual, suele aparecer pospuesto al nombre propio para señalar al más joven. Si aparece en el ámbito deportivo, se usa para hablar de categorías inferiores a las sénior. Y en el ámbito profesional, hace referencia a un trabajador de menor edad y con menos experiencia, o simplemente con menos experiencia, aunque pinte canas.

Pero no importa tanto su significado como su escritura, porque ahí es donde está la trampa. Tendemos a escribir (junior) y pronunciar (/yúnior/) esta palabra a la inglesa, pero mamá RAE dice que no lo hacemos bien. Porque según su norma, en español es una palabra llana que debe llevar tilde en la u (júnior) y que debe pronunciarse con un sonido jota tan sonoro como el de juerga, juez y jubilado. (¡Ah!, y es común para masculino y femenino). Y si lo de pronunciarla con jota te ha chirriado, espera a saber que su plural es júniores y no *juniors ni *júniors (esa jota, dónde te la has dejado).

Y la cosa, que podía quedarse en una norma más de muchas que nos pasamos por el arco del triunfo y que la Academia acaba tolerando, tiene su miga. Porque si nos empeñamos en decir ante un vetusto académico «junior» (o juniora), sin tilde pero con jota (no lo olvides), él interpretará, diccionario en mano, que estamos hablando de algo distinto y más cristiano: una persona que, después de haber hecho el noviciado, realiza un periodo de formación espiritual.

Ya veis, para chulo el Diccionario y para pegarse, mi prima.

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista On fire haciendo clic aquí.

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista On fire haciendo clic aquí.

Era un matrimonio tan falto de imaginación que cuando nació su primer hijo, en lugar de buscar nombre especial para él y dedicar a esa búsqueda tiempo y mimo, decidieron llamarle Junior, sin más. Y a pesar de tener un nombre con tan poca personalidad, el niño creció todo lo feliz que puede crecer un ser humano en una familia tan sosa.

Podría decirse que su verdadero problema empezó cuando comenzó su carrera profesional y entró de becario en una agencia de publicidad. Sabía que había gustado a sus jefes, pero le sorprendió —y muy gratamente— que, sin apenas experiencia, ya le tuvieran preparado un taco de tarjetas de visita con su nombre impreso en letras mayúsculas: JUNIOR.

¿Cómo se atrevía entonces la gente, sabiendo que contaba con el favor de sus jefes, a rebajar su posición añadiendo malintencionadamente el artículo a su apelativo, «¿Alguien ha visto al junior?», «Que alguien le diga al junior que el brainstorming es a las 12»?

«La envidia —se decía—, la cochina envidia». Y seguía preparando el café con leche templada y dos de azúcar que le había pedido su jefe antes de entrar a la reunión con el equipo creativo.

Vale, lo reconozco: la historia tiene menos gracia que un balance de cuentas, pero como la cosa va de jóvenes, sirve de excusa para traer a colación este término que viene del latín iunior y que los romanos usaban para designar al más joven. Si queremos diferenciar entre un padre y un hijo que se llaman igual, suele aparecer pospuesto al nombre propio para señalar al más joven. Si aparece en el ámbito deportivo, se usa para hablar de categorías inferiores a las sénior. Y en el ámbito profesional, hace referencia a un trabajador de menor edad y con menos experiencia, o simplemente con menos experiencia, aunque pinte canas.

Pero no importa tanto su significado como su escritura, porque ahí es donde está la trampa. Tendemos a escribir (junior) y pronunciar (/yúnior/) esta palabra a la inglesa, pero mamá RAE dice que no lo hacemos bien. Porque según su norma, en español es una palabra llana que debe llevar tilde en la u (júnior) y que debe pronunciarse con un sonido jota tan sonoro como el de juerga, juez y jubilado. (¡Ah!, y es común para masculino y femenino). Y si lo de pronunciarla con jota te ha chirriado, espera a saber que su plural es júniores y no *juniors ni *júniors (esa jota, dónde te la has dejado).

Y la cosa, que podía quedarse en una norma más de muchas que nos pasamos por el arco del triunfo y que la Academia acaba tolerando, tiene su miga. Porque si nos empeñamos en decir ante un vetusto académico «junior» (o juniora), sin tilde pero con jota (no lo olvides), él interpretará, diccionario en mano, que estamos hablando de algo distinto y más cristiano: una persona que, después de haber hecho el noviciado, realiza un periodo de formación espiritual.

Ya veis, para chulo el Diccionario y para pegarse, mi prima.

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista On fire haciendo clic aquí.

Compártelo twitter facebook whatsapp
Ashgabat: la ciudad que aparece y desaparece
Sonia Díez: «Los niños merecen que cambiemos la educación»
Una cosa diminuta en el interior de un arenque hizo que Ámsterdam fuera la ciudad más liberal del mundo
El Cristal
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 1
  • Por favor, español no es un idioma es una nacionalidad. En México se habla castellano no español igual que en Argentina y desde el Río Grande hasta la Antártida Argentina con la excepción de Brasil, las Guayanas, varias islas del Caribe y las robadas Islas Malvinas. Gracias

  • Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Publicidad