17 de enero 2023    /   IDEAS
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Cómo sobrevivir en un mundo complejo, según Kiko Llaneras

17 de enero 2023    /   IDEAS     por          
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Vivimos en un mundo nada sencillo, asombroso, inesperado y tendente al caos. Y en medio estamos nosotros, haciendo como que nos enteramos de algo. Pero no es fácil, nadie sabe cómo sobrevivir en un mundo complejo. Curiosamente, mucho menos ahora que tenemos acceso a toda la información todo el tiempo. Y de ahí que Kiko Llaneras se pusiera a escribir Piensa claro (Penguin Random House).

Durante años, Llaneras, además de profesor en varias universidades españolas, fue uno de los autores del blog de análisis político Politikon. Su trayectoria le llevó después a El País, donde ahora trabaja como periodista de datos y elabora, entre otros, una newsletter en la que, a partir de diferentes selecciones de datos, gráficos y visualizaciones, trata de responder preguntas complicadas. O, por lo menos, acercarse a ellas todo lo (humanamente) posible. Este último punto es importante.

Mucha encuesta y mucha estadística aplicada al análisis electoral, pero también temas mucho más ligeros. Sobre si Carlos Alcaraz es el mejor tenista del mundo o sobre «el arte de tirar penaltis». Cuestiones, en definitiva, distintas a las que uno podría encontrar en un diario de hace 15 años. Porque cuando alguien se dedica a escribir en internet, más tarde o más temprano se va a dar de bruces con el temido engagement.

En la charla que mantuvimos con él, Llaneras hizo hincapié en su creencia de que la prensa a veces desprecia el entretenimiento sin razón. «El New York Times apuesta por el entretenimiento, y apuesta por el valor del entretenimiento no como un sacrificio que hay que hacer porque a la gente no le interesen otras cosas, sino reconociendo su valor. Esa apuesta me parece potente».

Su mención del diario neoyorquino prueba que los medios, su papel y el día a día del periodismo ocupan espacio en la cabeza de Kiko Llaneras. Tanto en el libro como en varias entrevistas de promoción no tiene problema en explayarse sobre una de sus obsesiones: cómo titular de forma que los lectores cliquen. Porque Llaneras tiene claro que el periodismo de hoy no solo va de escribir reportajes, sino también de «lograr que alguien les preste atención». 

Has escrito un libro. Se llama Piensa claro. Ocho reglas para descifrar el mundo y tener éxito en la era de los datos. Creo que la primera pregunta que hay que hacer es por qué necesitamos guías para tomar mejores decisiones.

Hay dos razones. Una es que todo es muy complicado. El mundo es complejo. Nuestras sociedades se enfrentan a dilemas. Es difícil saber por qué ocurren las cosas. El objeto de estudio, lo que nos interesa, nuestras vidas, nuestras sociedades, son artefactos complicados. Esa es la primera razón.

Y la segunda es que nuestra intuición, nuestras respuestas más impulsivas o intuitivas, no son suficientes para manejar esa complejidad. Si el mundo fuese simple o nuestra capacidad de comprenderlo fuese potentísima, no haría falta un libro ordenado que diese consejos prácticos. Pero como el mundo es complejo y nuestras capacidades son limitadas, es bueno tener una guía.

Hay un argumento que dice que los seres humanos, después de evolucionar para adaptarnos al ecosistema que nos rodea, lo hemos transformado tan rápido que no hemos sido capaces de mantener el ritmo. ¿Esta necesidad que tenemos ahora mismo de que nos ayuden a traducir el mundo es actual o es una necesidad que hemos tenido siempre?

Probablemente es una necesidad que se ha ido desarrollando. Conforme hacemos el mundo más sofisticado, nuestros atajos funcionan menos. Nosotros hemos evolucionado para tomar decisiones rápidas, para actuar de manera rápida. El ejemplo es: tú estás en la sabana y en la maleza oyes un ruido que podría ser un depredador, y sales corriendo. Tu cabeza no piensa: bueno, hay un 73% probabilidades de que sea un depredador, aunque quizás sea solo aire.

Lo que nos mueve a la acción, a veces, es la convicción. Aunque cuatro de cada cinco veces no sea un depredador, tú ya has salido corriendo y a la especie le ha servido. Creo que estamos un poco— y eso no tendría por qué ser así, pero es así— evolucionados para la rotundidad. Para tener confianza, para sacar conclusiones muy firmes, precipitadamente, porque eso es lo que nos mueve a la acción. 

Ese impulso está ahí. Y es probable que, conforme hemos dejado de vivir en entornos más sencillos y nos hemos movido a sociedades, en gran medida sociales, que es lo que las hace más complejas, esos atajos nos hayan dejado de funcionar y nos hayamos tenido que ir inventando cosas.

El primer paso, que muchas veces se hace de manera de manera intuitiva, es reconocer la incertidumbre. Nadie recibe una información y piensa que es la verdad revelada

Todo es un tira y afloja. Inventas el lenguaje y eso te permite crear las leyes. Eso te posibilita vivir en sociedades que ya no son una tribu de 50, sino de 3.000. Luego creas determinadas tecnologías que te permiten especializar el trabajo. Y como hoy hay gente que sabe cómo funciona un ordenador, yo lo puedo usar, aunque no tengo ni idea de cómo funciona. Y creo que, en ese mundo más complejo y generalmente mejor, es más difícil tomar decisiones. Tienes más decisiones que tomar y son más difíciles.

El ecosistema informativo de hoy ahonda en la configuración de ese mundo demasiado complejo. ¿Cómo se puede acercar alguien a una noticia para asegurarse de que no están usando los datos para confundirla?

El primer paso, que muchas veces se hace de manera de manera intuitiva, es reconocer la incertidumbre. Nadie recibe una información y piensa que es la verdad revelada. Hemos escrito mucho así [desde el periodismo], pero la gente sabe que está leyendo un periódico, sabe que lo está escribiendo una persona, sabe que eso es lo que dicen aquí.

Sabe que debe tener un cierto escepticismo. Asumir que todo es complicado y que es difícil cerrar preguntas complejas es un buen apriorismo. Luego, si tengo curiosidad por saber qué es esto, vamos a ver lo que cuenta.

Lo segundo es no pensar que, por tener datos, tiene que tener la razón. Se puede mentir con estadísticas; es más difícil, pero se puede hacer. Y luego empezar a ver quién escribe esto, en qué cabecera lo estoy leyendo, ¿es un medio más o menos serio?, ¿conozco la firma? Esos son buenos atajos. Si hay gráfico, si hay datos, ver cuál es su fuente. Es decir, ver quién dice esto, y ver si te convence.

El periodismo tiene que ser un poco más convincente en ese sentido. Para mí el periodismo de datos hace esto muy bien. Es el centro de mi trabajo. Yo presento una serie de argumentos. Hay estos datos A, hay este dato B, no sé quién dice C. Y viendo ABC, mi juicio es X.

Yo presento un poco el making of, el lector puede seguir mi proceso y decir: «bueno, pero no has pensado en esta otra cosa y, por lo tanto, esto no me convence». Me gusta esa idea de presentar una tesis y que la gente salga más o menos convencida, pero que nadie acabe enteramente convencido. Creo que la gente, en general, llega a los medios de información de esa forma.

Excepto, y esta es la sombra de todo esto, cuando lo que dice un artículo te gratifica ideológicamente. Cuando tú lees algo que te da la razón, todo esto de ser escéptico desaparece y la evidencia te resulta aplastante.

El papel de los medios me parece importante porque saca a la gente de sus cámaras de eco

El sesgo de confirmación…

A lo bestia. Si algo nos contradice, se despierta todo nuestro espíritu crítico y empezamos a encontrar los problemas, las trampas. De hecho, a veces por exceso. Y cuando algo confirma tus ideas, bajas las defensas.

No es cuestión de capacidad, es una cuestión de voluntad, de decir: «Igual yo debería enfrentarme a lo que me da la razón con el mismo espíritu con el que me enfrento a lo que me lleva la contraria». Eso es lo que puede hacer el lector.

Y luego, lo que creo que tenemos que hacer los medios es presentar ideas a la gente que a veces les dan la razón y a veces no. El papel de los medios me parece importante porque saca a la gente de sus cámaras de eco.

Tradicionalmente, se ha considerado que el periodismo es una actividad en la que tú tienes que transmitir una información de servicio público y que tienes que hacerlo a través de un relato coherente. En tu opinión, ¿hay un abuso de la atribución de causalidad a la hora de informar? ¿Somos demasiado liberales al decir que A viene causado por B?

Sí, seguramente sí. Por un lado, hay una excusa que es que el periodismo es una cosa que se hace muy deprisa, de hoy para hoy. Yo vengo de la academia, de la Universidad, y la gran diferencia son los plazos. Todo [en el periodismo] son respuestas parciales, temporales, provisionales. Es normal que haya ciertos errores. 

Por otro lado, y yo creo que eso es más reprobable, también ha habido una tradición de simplificar y, muchas veces, hacerlo pensando en el lector. Creo que eso es un error. Creo que no puedes hacer las cosas más sencillas de lo que son, porque entonces estás faltando a tu compromiso con el lector.

El ejemplo clásico era que tenías que escribir para que te entendiese tu abuelo. Yo no sé si esto ha sido nunca verdad. Desde luego, ahora no lo es. Porque no es verdad que escribamos para alguien que tiene un interés superficial en el asunto. Eso podía pasar antes. Alguien cogía el periódico y no tenía nada más que hacer en ese rato. Y leía lo que había. Había gente desinteresada que pasaba por tu artículo. Esa gente ya no te lee.

«No es verdad que escribamos para alguien que tiene un interés superficial en el asunto. Eso podía pasar antes. Alguien cogía el periódico y no tenía nada más que hacer en ese rato. Y leía lo que había. Había gente desinteresada que pasaba por tu artículo. Esa gente ya no te lee».

En el mundo digital, en el que en tu móvil hay un millón de estímulos, si yo escribo sobre algo que no te interesa no lo vas a leer. ¿Por qué lo vas a leer? ¿Quién lee cosas que no le interesan?

La gente lee cosas que le interesan. Si tienes un lector al que le interesa lo que estás contando, eso te permite más licencias. Puedes exhibir más complejidad, a lo mejor ya no tienes que atribuir una causa de forma unívoca. Puedes decir «esto es una posibilidad, pero también podría ser esto otro».

El que te lee tiene más energía para asumir esos matices. Y además, probablemente los demanda, porque, si no, va a decir «esto no se sostiene». El lector es más generoso con su tiempo y es más exigente.

Yo creo que hay que escribir pensando que es una comunicación muy horizontal y que se dirige a alguien a quien le interesa el asunto del que está leyendo. Porque si no le interesa el tema que escribes, estará leyendo otra cosa, no te estará leyendo a ti.

Y eso es un cambio nuevo, y es uno de los cambios que ha traído lo digital y que yo creo que estamos todavía abrazando. Muchos periodistas pensarán que no tengo razón, pero yo creo que los números, en este caso, nos dan la razón.

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Vivimos en un mundo nada sencillo, asombroso, inesperado y tendente al caos. Y en medio estamos nosotros, haciendo como que nos enteramos de algo. Pero no es fácil, nadie sabe cómo sobrevivir en un mundo complejo. Curiosamente, mucho menos ahora que tenemos acceso a toda la información todo el tiempo. Y de ahí que Kiko Llaneras se pusiera a escribir Piensa claro (Penguin Random House).

Durante años, Llaneras, además de profesor en varias universidades españolas, fue uno de los autores del blog de análisis político Politikon. Su trayectoria le llevó después a El País, donde ahora trabaja como periodista de datos y elabora, entre otros, una newsletter en la que, a partir de diferentes selecciones de datos, gráficos y visualizaciones, trata de responder preguntas complicadas. O, por lo menos, acercarse a ellas todo lo (humanamente) posible. Este último punto es importante.

Mucha encuesta y mucha estadística aplicada al análisis electoral, pero también temas mucho más ligeros. Sobre si Carlos Alcaraz es el mejor tenista del mundo o sobre «el arte de tirar penaltis». Cuestiones, en definitiva, distintas a las que uno podría encontrar en un diario de hace 15 años. Porque cuando alguien se dedica a escribir en internet, más tarde o más temprano se va a dar de bruces con el temido engagement.

En la charla que mantuvimos con él, Llaneras hizo hincapié en su creencia de que la prensa a veces desprecia el entretenimiento sin razón. «El New York Times apuesta por el entretenimiento, y apuesta por el valor del entretenimiento no como un sacrificio que hay que hacer porque a la gente no le interesen otras cosas, sino reconociendo su valor. Esa apuesta me parece potente».

Su mención del diario neoyorquino prueba que los medios, su papel y el día a día del periodismo ocupan espacio en la cabeza de Kiko Llaneras. Tanto en el libro como en varias entrevistas de promoción no tiene problema en explayarse sobre una de sus obsesiones: cómo titular de forma que los lectores cliquen. Porque Llaneras tiene claro que el periodismo de hoy no solo va de escribir reportajes, sino también de «lograr que alguien les preste atención». 

Has escrito un libro. Se llama Piensa claro. Ocho reglas para descifrar el mundo y tener éxito en la era de los datos. Creo que la primera pregunta que hay que hacer es por qué necesitamos guías para tomar mejores decisiones.

Hay dos razones. Una es que todo es muy complicado. El mundo es complejo. Nuestras sociedades se enfrentan a dilemas. Es difícil saber por qué ocurren las cosas. El objeto de estudio, lo que nos interesa, nuestras vidas, nuestras sociedades, son artefactos complicados. Esa es la primera razón.

Y la segunda es que nuestra intuición, nuestras respuestas más impulsivas o intuitivas, no son suficientes para manejar esa complejidad. Si el mundo fuese simple o nuestra capacidad de comprenderlo fuese potentísima, no haría falta un libro ordenado que diese consejos prácticos. Pero como el mundo es complejo y nuestras capacidades son limitadas, es bueno tener una guía.

Hay un argumento que dice que los seres humanos, después de evolucionar para adaptarnos al ecosistema que nos rodea, lo hemos transformado tan rápido que no hemos sido capaces de mantener el ritmo. ¿Esta necesidad que tenemos ahora mismo de que nos ayuden a traducir el mundo es actual o es una necesidad que hemos tenido siempre?

Probablemente es una necesidad que se ha ido desarrollando. Conforme hacemos el mundo más sofisticado, nuestros atajos funcionan menos. Nosotros hemos evolucionado para tomar decisiones rápidas, para actuar de manera rápida. El ejemplo es: tú estás en la sabana y en la maleza oyes un ruido que podría ser un depredador, y sales corriendo. Tu cabeza no piensa: bueno, hay un 73% probabilidades de que sea un depredador, aunque quizás sea solo aire.

Lo que nos mueve a la acción, a veces, es la convicción. Aunque cuatro de cada cinco veces no sea un depredador, tú ya has salido corriendo y a la especie le ha servido. Creo que estamos un poco— y eso no tendría por qué ser así, pero es así— evolucionados para la rotundidad. Para tener confianza, para sacar conclusiones muy firmes, precipitadamente, porque eso es lo que nos mueve a la acción. 

Ese impulso está ahí. Y es probable que, conforme hemos dejado de vivir en entornos más sencillos y nos hemos movido a sociedades, en gran medida sociales, que es lo que las hace más complejas, esos atajos nos hayan dejado de funcionar y nos hayamos tenido que ir inventando cosas.

El primer paso, que muchas veces se hace de manera de manera intuitiva, es reconocer la incertidumbre. Nadie recibe una información y piensa que es la verdad revelada

Todo es un tira y afloja. Inventas el lenguaje y eso te permite crear las leyes. Eso te posibilita vivir en sociedades que ya no son una tribu de 50, sino de 3.000. Luego creas determinadas tecnologías que te permiten especializar el trabajo. Y como hoy hay gente que sabe cómo funciona un ordenador, yo lo puedo usar, aunque no tengo ni idea de cómo funciona. Y creo que, en ese mundo más complejo y generalmente mejor, es más difícil tomar decisiones. Tienes más decisiones que tomar y son más difíciles.

El ecosistema informativo de hoy ahonda en la configuración de ese mundo demasiado complejo. ¿Cómo se puede acercar alguien a una noticia para asegurarse de que no están usando los datos para confundirla?

El primer paso, que muchas veces se hace de manera de manera intuitiva, es reconocer la incertidumbre. Nadie recibe una información y piensa que es la verdad revelada. Hemos escrito mucho así [desde el periodismo], pero la gente sabe que está leyendo un periódico, sabe que lo está escribiendo una persona, sabe que eso es lo que dicen aquí.

Sabe que debe tener un cierto escepticismo. Asumir que todo es complicado y que es difícil cerrar preguntas complejas es un buen apriorismo. Luego, si tengo curiosidad por saber qué es esto, vamos a ver lo que cuenta.

Lo segundo es no pensar que, por tener datos, tiene que tener la razón. Se puede mentir con estadísticas; es más difícil, pero se puede hacer. Y luego empezar a ver quién escribe esto, en qué cabecera lo estoy leyendo, ¿es un medio más o menos serio?, ¿conozco la firma? Esos son buenos atajos. Si hay gráfico, si hay datos, ver cuál es su fuente. Es decir, ver quién dice esto, y ver si te convence.

El periodismo tiene que ser un poco más convincente en ese sentido. Para mí el periodismo de datos hace esto muy bien. Es el centro de mi trabajo. Yo presento una serie de argumentos. Hay estos datos A, hay este dato B, no sé quién dice C. Y viendo ABC, mi juicio es X.

Yo presento un poco el making of, el lector puede seguir mi proceso y decir: «bueno, pero no has pensado en esta otra cosa y, por lo tanto, esto no me convence». Me gusta esa idea de presentar una tesis y que la gente salga más o menos convencida, pero que nadie acabe enteramente convencido. Creo que la gente, en general, llega a los medios de información de esa forma.

Excepto, y esta es la sombra de todo esto, cuando lo que dice un artículo te gratifica ideológicamente. Cuando tú lees algo que te da la razón, todo esto de ser escéptico desaparece y la evidencia te resulta aplastante.

El papel de los medios me parece importante porque saca a la gente de sus cámaras de eco

El sesgo de confirmación…

A lo bestia. Si algo nos contradice, se despierta todo nuestro espíritu crítico y empezamos a encontrar los problemas, las trampas. De hecho, a veces por exceso. Y cuando algo confirma tus ideas, bajas las defensas.

No es cuestión de capacidad, es una cuestión de voluntad, de decir: «Igual yo debería enfrentarme a lo que me da la razón con el mismo espíritu con el que me enfrento a lo que me lleva la contraria». Eso es lo que puede hacer el lector.

Y luego, lo que creo que tenemos que hacer los medios es presentar ideas a la gente que a veces les dan la razón y a veces no. El papel de los medios me parece importante porque saca a la gente de sus cámaras de eco.

Tradicionalmente, se ha considerado que el periodismo es una actividad en la que tú tienes que transmitir una información de servicio público y que tienes que hacerlo a través de un relato coherente. En tu opinión, ¿hay un abuso de la atribución de causalidad a la hora de informar? ¿Somos demasiado liberales al decir que A viene causado por B?

Sí, seguramente sí. Por un lado, hay una excusa que es que el periodismo es una cosa que se hace muy deprisa, de hoy para hoy. Yo vengo de la academia, de la Universidad, y la gran diferencia son los plazos. Todo [en el periodismo] son respuestas parciales, temporales, provisionales. Es normal que haya ciertos errores. 

Por otro lado, y yo creo que eso es más reprobable, también ha habido una tradición de simplificar y, muchas veces, hacerlo pensando en el lector. Creo que eso es un error. Creo que no puedes hacer las cosas más sencillas de lo que son, porque entonces estás faltando a tu compromiso con el lector.

El ejemplo clásico era que tenías que escribir para que te entendiese tu abuelo. Yo no sé si esto ha sido nunca verdad. Desde luego, ahora no lo es. Porque no es verdad que escribamos para alguien que tiene un interés superficial en el asunto. Eso podía pasar antes. Alguien cogía el periódico y no tenía nada más que hacer en ese rato. Y leía lo que había. Había gente desinteresada que pasaba por tu artículo. Esa gente ya no te lee.

«No es verdad que escribamos para alguien que tiene un interés superficial en el asunto. Eso podía pasar antes. Alguien cogía el periódico y no tenía nada más que hacer en ese rato. Y leía lo que había. Había gente desinteresada que pasaba por tu artículo. Esa gente ya no te lee».

En el mundo digital, en el que en tu móvil hay un millón de estímulos, si yo escribo sobre algo que no te interesa no lo vas a leer. ¿Por qué lo vas a leer? ¿Quién lee cosas que no le interesan?

La gente lee cosas que le interesan. Si tienes un lector al que le interesa lo que estás contando, eso te permite más licencias. Puedes exhibir más complejidad, a lo mejor ya no tienes que atribuir una causa de forma unívoca. Puedes decir «esto es una posibilidad, pero también podría ser esto otro».

El que te lee tiene más energía para asumir esos matices. Y además, probablemente los demanda, porque, si no, va a decir «esto no se sostiene». El lector es más generoso con su tiempo y es más exigente.

Yo creo que hay que escribir pensando que es una comunicación muy horizontal y que se dirige a alguien a quien le interesa el asunto del que está leyendo. Porque si no le interesa el tema que escribes, estará leyendo otra cosa, no te estará leyendo a ti.

Y eso es un cambio nuevo, y es uno de los cambios que ha traído lo digital y que yo creo que estamos todavía abrazando. Muchos periodistas pensarán que no tengo razón, pero yo creo que los números, en este caso, nos dan la razón.

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