11 de julio 2022    /   IGLUU
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No hacía tanto tiempo, para escuchar música en nuestras casas nos veíamos obligados a comprar vinilos, casetes y CD. En aquella época, se utilizaban 58.000 toneladas de plástico al año, frente las 10.000 toneladas de hoy.

Con la irrupción de internet y la digitalización de la música, creímos sentirnos aliviados por reducir considerablemente el uso de plástico en los discos que comprábamos, pero entonces llegó una nueva preocupación: ¿cuál es el impacto de los servidores que albergan los servicios streaming de la música?

Según un estudio de los profesores Kyle Devine (Universidad de Oslo) y Matt Brennan (Universidad de Ohio) de 2019, para producir música en streaming se lanzaban entre 200.000 y 350.000 toneladas anuales de gases de efecto invernadero. Adiós, pues, a la creencia errónea de estar siendo ecológicos al no comprar un disco en formato físico.

Sin embargo, hay maneras de que la industria musical tome un camino más eco para seguir produciendo música. Por ejemplo, pidiendo que se almacenen en centros de datos alimentados con energías renovables. Eso es algo que ha hecho Spotify al mudar sus servidores a Google Cloud, 100% neutros en emisiones de carbono según esa compañía. El diseño de servidores más eficientes, su ubicación bajo tierra para mantener su temperatura más baja y constante o la descarga de las canciones que más escuchas ayudan a completar la misión.

¿Pero qué pasa con los festivales de música? De un tiempo a esta parte, un buen puñado de festivales apostaron por un formato más cercano al del evento boutique y crearon experiencias en las que fuera más sencillo mantener bajo control las condiciones de convivencia del festival con su entorno. El SON Estrella Galicia Posidonia es uno de ellos. Un festival con cartel secreto concebido para 300 asistentes en conciertos de pequeño formato. Otros, con vocación más masiva, han enfocado el asunto de diferente manera, aunque con el mismo objetivo. Es el caso del Mallorca Live, que basa sus esfuerzos en economía circular y en ampliar la idea de sostenibilidad a territorios colindantes al medioambiental.

De todo ello nos habla David García en este artículo para Igluu.

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No hacía tanto tiempo, para escuchar música en nuestras casas nos veíamos obligados a comprar vinilos, casetes y CD. En aquella época, se utilizaban 58.000 toneladas de plástico al año, frente las 10.000 toneladas de hoy.

Con la irrupción de internet y la digitalización de la música, creímos sentirnos aliviados por reducir considerablemente el uso de plástico en los discos que comprábamos, pero entonces llegó una nueva preocupación: ¿cuál es el impacto de los servidores que albergan los servicios streaming de la música?

Según un estudio de los profesores Kyle Devine (Universidad de Oslo) y Matt Brennan (Universidad de Ohio) de 2019, para producir música en streaming se lanzaban entre 200.000 y 350.000 toneladas anuales de gases de efecto invernadero. Adiós, pues, a la creencia errónea de estar siendo ecológicos al no comprar un disco en formato físico.

Sin embargo, hay maneras de que la industria musical tome un camino más eco para seguir produciendo música. Por ejemplo, pidiendo que se almacenen en centros de datos alimentados con energías renovables. Eso es algo que ha hecho Spotify al mudar sus servidores a Google Cloud, 100% neutros en emisiones de carbono según esa compañía. El diseño de servidores más eficientes, su ubicación bajo tierra para mantener su temperatura más baja y constante o la descarga de las canciones que más escuchas ayudan a completar la misión.

¿Pero qué pasa con los festivales de música? De un tiempo a esta parte, un buen puñado de festivales apostaron por un formato más cercano al del evento boutique y crearon experiencias en las que fuera más sencillo mantener bajo control las condiciones de convivencia del festival con su entorno. El SON Estrella Galicia Posidonia es uno de ellos. Un festival con cartel secreto concebido para 300 asistentes en conciertos de pequeño formato. Otros, con vocación más masiva, han enfocado el asunto de diferente manera, aunque con el mismo objetivo. Es el caso del Mallorca Live, que basa sus esfuerzos en economía circular y en ampliar la idea de sostenibilidad a territorios colindantes al medioambiental.

De todo ello nos habla David García en este artículo para Igluu.

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