30 de marzo 2022    /   ENTRETENIMIENTO
por
Ilustración  Alicia Caboblanco

La niña quiere jugar al fútbol, ya ves tú

30 de marzo 2022    /   ENTRETENIMIENTO     por        Ilustración  Alicia Caboblanco
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En diciembre de 2021 un nombre de futbolista sacudió los diarios deportivos de toda España. La persona que lo portaba consiguió hacer sombra al mismísimo Messi y consiguió uno de los hitos del fútbol en el mundo: ganar el Balón de Oro de la FIFA. Y todo habría sido normal si no fuera porque esa persona era una mujer.

Desde el nacimiento del fútbol hasta el momento en el que Alexia Putellas entró por méritos propios al Olimpo mundial del deporte rey, la trayectoria de las mujeres futbolistas no ha sido, precisamente, un camino de rosas.

Y no es que hoy hayan conseguido equipararse al fútbol masculino (todavía queda un largo recorrido hasta conseguir —también aquí— la igualdad), pero al menos las niñas que hoy juegan en los parques y en los recreos dando patadas a un balón ya tienen referentes en los que mirarse. Algo que les costó encontrar a las mujeres que hoy compiten en equipos de fútbol femeninos, a pesar de que su presencia en este deporte esté documentada casi desde sus orígenes.

mujeres futbolistas
Lily Parr

«El fútbol femenino siempre ha estado ahí, pero ha tenido que lidiar con prohibiciones, ataques y falta de apuesta económica y social», comenta Mayca Jiménez, periodista especializada en fútbol femenino que ha publicado el libro Yo también quiero jugar al fútbol. 40 mujeres que cambiaron el deporte rey (Lunwerg, 2022), con ilustraciones de Alicia Caboblanco.

«Hay historias como las que aparecen en el libro de Lily Parr, Nita Carmona e Irene González a principios de 1900 que son muestra de ello. Muchos se han empeñado en que el fútbol femenino no tenga historia, pero no han podido ante la lucha de todas esas mujeres que han mantenido en pie a esta categoría pese al maltrato continuo en todos los ámbitos».

Nita Carmona

Para impedir que una mujer jugara al fútbol y se abriera paso en este ámbito tan masculinizado se empleó todo tipo de argumentos, muchos de ellos totalmente absurdos. Desde médicos, que advertían que su práctica podía afectar negativamente al cuerpo y fisionomía femeninos, hasta legales, llegando a prohibírseles jugar, sin faltar, por supuesto, la excusa de querer protegerlas ante un deporte que exigía tanto contacto físico.

¿Por qué se ha actuado así? Ojalá hubiera una buena justificación para ello, pero en el fondo de todo eso, no hay otra explicación más que el machismo de clubes, sociedad e instituciones, y un miedo estúpido a que una mujer demostrara ser tan buena como un hombre en eso de marcar goles.

Amelia del Castillo

«Se escudaban en excusas sin fundamento como que el fútbol era perjudicial para el cuerpo de las mujeres», explica Jiménez. «En el caso de Nita Carmona, por ejemplo, un tío suyo que era médico desaconsejó a sus padres que ella jugara al fútbol porque alteraba la estructura corporal femenina. Todo absurdo… También se han empeñado siempre en promover que el fútbol femenino no vende o no genera mientras que a poco que ha habido ejemplos de clubes como el Barça o el Lyon que han apostado por sus equipos femeninos, se ha visto que sí que hay una proyección en el negocio del fútbol femenino».

Alba Palacios

AL MACHISMO SÚMALE LA LGTBIFOBIA

Hubo un tiempo (mucho más cercano de lo que creemos) en el que marimacho y mujer futbolista eran términos que iban unidos de la mano. Todavía hoy encontramos declaraciones de machos ibéricos aspirantes a gobernantes en los que se alienta a «heterosexualizar este deporte repleto de maricones».

Bajo esa perspectiva de que el fútbol es cosa de hombres, como el coñac, no resulta extraño que no se produzcan salidas del armario en el fútbol masculino. Cualquiera asoma la cabeza y agita la bandera arcoíris con planteamientos de ese calibre. Mejor seguir escondidos y esparcir testosterona por el césped, aunque sea impostada.

Pernille Harder y Magdalena Eriksson

En el fútbol femenino, sin embargo, los armarios están abiertos desde el principio. El primer ejemplo es el de la británica Lily Parr, considerada la primera gran referente del fútbol femenino. La suya es una historia de rebeldía, pero no fue esta su única causa: su homosexualidad la convirtió también un icono en la lucha por los derechos LGTBI.

Ella fue la primera de un buen número de jugadoras que se reconocieron y se reconocen como lesbianas e incluso transexuales. Figuras como Megan Rapione, Alba Palacios, Babett Peter, Pernille Harder y Magdalena Eriksson, entre otras en activo, pasean su homosexualidad y hacen de ella bandera. O, al menos, no la esconden. ¿Qué tiene que ver su orientación sexual con jugar bien al fútbol?

«Al final, tanto el fútbol femenino como el movimiento LGTBI tienen un objetivo común, que es la igualdad. Así que creo que en este sentido ambos reman en la misma dirección y se han ayudado mutuamente», opina Mayca Jiménez.

Megan Rapion

«Volvemos al hecho de que el fútbol es un deporte muy masculinizado. Por ello, cualquier idea que se salga de esto ha sido rechazada, ya fuese un hombre homosexual o una mujer, fuese o no lesbiana. El decir que las mujeres que juegan al fútbol son marimachos es un ejemplo más, otro más, de machismo en el fútbol».

FÚTBOL FEMENINO: UNA DISCIPLINA CARGADA DE VALORES

A pesar de que Yo también quiero jugar al fútbol ha intentado ser lo más exhaustivo posible para poner en primer plano la historia del fútbol femenino, no están todas las mujeres que se han convertido en referente para las nuevas generaciones de niñas futbolistas. La elección, explica su autora, ha sido lo más fácil y lo más difícil a la vez.

«Por un lado, fue muy sencillo encontrar ejemplos y la lista inicial era muy muy extensa. Y, por otro lado, la peor tarea fue la de descartar a muchas jugadoras que también podrían estar ahí. Siempre digo que son grandes referentes y ejemplos todas las que están en el libro, pero no están todas las que son. Intentamos que los problemas fueran lo más diversos posibles e introducir diferentes nacionalidades para que el máximo número de mujeres se sintieran identificadas».

Lo cierto es que este libro no pretende ser ni un álbum de cromos ni un tratado sobre fútbol femenino. Las mujeres que aparecen en sus páginas destacan, además de por su juego y su aportación al fútbol, por su resiliencia. Muchas de ellas han tenido vidas difíciles y han pasado por experiencias tan traumáticas como sobrevivir en un campo de refugiados. Y es esa palabra, resiliencia, la que mejor define al fútbol femenino frente al masculino.

Virginia Torrecilla

«Jugar al fútbol, de por sí, siempre ha sido muy difícil para una niña, adolescente o mujer. Si a eso le añades problemas familiares, sociales, enfermedades, etc., el hecho de conseguir ser futbolista es mucho más complicado. Este libro recoge historias que mezclan ambas situaciones dejando grandes historias de superación con un mismo fin: llegar a ser una futbolista».

Natalia Gaitán

A la vez, luchar por que el fútbol femenino tenga la misma consideración que el masculino, haber tenido que pelear contra muros que sus compañeros no han encontrado simplemente por nacer con pene, ha conferido a las futbolistas cierto sentido de sororidad que no se ve en las ligas masculinas.

Además, han demostrado otros valores que van más allá de la competitividad y de la rivalidad. Una prueba reciente: el homenaje, en forma de manteo, que las jugadoras del FC Barcelona rindieron a Virginia Torrecillas, del Atlético de Madrid, por su regreso al terreno de juego tras haber superado un tumor cerebral.

«Sí. Al igual que el fútbol femenino y el masculino son diferentes en cuanto a la naturaleza de su juego, también lo son en las actitudes, valores y comportamientos de sus futbolistas», responde Mayca Jiménez. «Comparten cosas, evidentemente, pero cada uno tiene sus fortalezas y sus debilidades».

Ana Romero, ‘Willy’

«Uno de los puntos fuertes en el femenino es la cercanía y esos valores de los que hablas. Creo que el dinero y el negocio en sí tiene mucho que ver, pero también hay otras razones como el hecho de que las futbolistas han tenido que luchar unidas. Al final, es una categoría donde no hay tantas individualidades como en el fútbol masculino. Van más todas a una. Hace poco Alexia Putellas ganó el Balón de Oro y no dejaba de alabar a su equipo, a sus compañeras o a su club y al hecho de que sin ellos no habría ganado ese premio. También lo hacen los jugadores, pero en menor medida».

… Y EL FUTURO POR DELANTE

A estas alturas, queda claro que el camino del fútbol femenino hasta llegar hasta aquí ha estado lleno de obstáculos. No hay ningún país en el que ninguna mujer haya podido jugar sin problemas. Pero da la impresión de que, si ya era difícil fuera de nuestras fronteras, en España la cosa ha sido peor. El ninguneo a esta categoría deportiva, por no decir bloqueo, ha sido escandaloso en muchos casos y en otros se ha quedado como una anécdota divertida que contar en familia. La niña, ya ves, que quiere ser futbolista…

Babett Peter y Ella Masar

«En España, la dictadura hizo mucho daño en este aspecto, por el machismo de las autoridades y la propia sociedad», explica Jiménez. «Hay que recordar que hasta los años 80 la Federación española no reconoció al fútbol femenino. Y lo hizo por presiones de instituciones como la UEFA o la FIFA. Que una mujer jugara al fútbol en España era muy complicado y sí que es verdad que ha costado más su crecimiento que en algunos países europeos como Alemania o en Norteamérica. Sin embargo, hay países mucho peores que España en los que a día de hoy las mujeres siguen muy muy lejos de poder jugar al fútbol con normalidad».

A pesar de todo, hoy parecen empezar a superarse muchos prejuicios y el fútbol jugado por mujeres empieza a copar titulares en la prensa y en los informativos. «Es fruto de su gran progreso», afirma rotunda la periodista. «El crecimiento de esta categoría es más que real y, por ello, se ha ganado espacio es los informativos. Sin embargo, no se está dando toda la visibilidad que el público reclama. Al final, la mayoría de los partidos no se pueden ver por televisión y eso está torpedeando mucho la explosión mediática de esta categoría».

Alex Morgan

Esa es una de las barreras que aún quedan por derribar para conseguir que el fútbol femenino se iguale con el masculino. Otra gran barrera es la maternidad, problema que no es exclusivo de las carreras deportivas. Y más que el hecho de ser madre en sí, el problema lo encuentran algunos en la lactancia y la protección de la jugadora durante el embarazo.

Otro gran hándicap es el salario. «Se tiende a pensar que las jugadoras quieren cobrar ahora como los jugadores. Y eso no es así. Ellas piden una mejora en el salario mínimo, que ahora es de unos 12.000 euros brutos al año a tiempo parcial en el convenio en vigor para el fútbol femenino. No quieren cobrar como Messi, como muchas veces se dice. Quieren tener un sueldo que les permita dedicarse al 100% al fútbol, teniendo en cuenta que la profesión de futbolista es muy corta y deberán también preparar su futuro. Además de esto, se tienen que romper muchas barreras en los recursos y medios, como la mejora en los campos de juego, la visibilidad en la televisión, etc.», apunta Mayca Jiménez.

Vero Boquete

Al menos, las niñas que empiezan a soñar con convertirse en estrellas del fútbol ya tienen en quién mirarse. Tener un referente al que emular ya es un paso importante. Una semilla que se siembra en un terreno que, por fin, ya está abonado. Solo hay que dejar que crezca, y dejar que el balón ruede hasta que dejemos de distinguir entre fútbol masculino o femenino para hablar simple y llanamente de fútbol.

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En diciembre de 2021 un nombre de futbolista sacudió los diarios deportivos de toda España. La persona que lo portaba consiguió hacer sombra al mismísimo Messi y consiguió uno de los hitos del fútbol en el mundo: ganar el Balón de Oro de la FIFA. Y todo habría sido normal si no fuera porque esa persona era una mujer.

Desde el nacimiento del fútbol hasta el momento en el que Alexia Putellas entró por méritos propios al Olimpo mundial del deporte rey, la trayectoria de las mujeres futbolistas no ha sido, precisamente, un camino de rosas.

Y no es que hoy hayan conseguido equipararse al fútbol masculino (todavía queda un largo recorrido hasta conseguir —también aquí— la igualdad), pero al menos las niñas que hoy juegan en los parques y en los recreos dando patadas a un balón ya tienen referentes en los que mirarse. Algo que les costó encontrar a las mujeres que hoy compiten en equipos de fútbol femeninos, a pesar de que su presencia en este deporte esté documentada casi desde sus orígenes.

mujeres futbolistas
Lily Parr

«El fútbol femenino siempre ha estado ahí, pero ha tenido que lidiar con prohibiciones, ataques y falta de apuesta económica y social», comenta Mayca Jiménez, periodista especializada en fútbol femenino que ha publicado el libro Yo también quiero jugar al fútbol. 40 mujeres que cambiaron el deporte rey (Lunwerg, 2022), con ilustraciones de Alicia Caboblanco.

«Hay historias como las que aparecen en el libro de Lily Parr, Nita Carmona e Irene González a principios de 1900 que son muestra de ello. Muchos se han empeñado en que el fútbol femenino no tenga historia, pero no han podido ante la lucha de todas esas mujeres que han mantenido en pie a esta categoría pese al maltrato continuo en todos los ámbitos».

Nita Carmona

Para impedir que una mujer jugara al fútbol y se abriera paso en este ámbito tan masculinizado se empleó todo tipo de argumentos, muchos de ellos totalmente absurdos. Desde médicos, que advertían que su práctica podía afectar negativamente al cuerpo y fisionomía femeninos, hasta legales, llegando a prohibírseles jugar, sin faltar, por supuesto, la excusa de querer protegerlas ante un deporte que exigía tanto contacto físico.

¿Por qué se ha actuado así? Ojalá hubiera una buena justificación para ello, pero en el fondo de todo eso, no hay otra explicación más que el machismo de clubes, sociedad e instituciones, y un miedo estúpido a que una mujer demostrara ser tan buena como un hombre en eso de marcar goles.

Amelia del Castillo

«Se escudaban en excusas sin fundamento como que el fútbol era perjudicial para el cuerpo de las mujeres», explica Jiménez. «En el caso de Nita Carmona, por ejemplo, un tío suyo que era médico desaconsejó a sus padres que ella jugara al fútbol porque alteraba la estructura corporal femenina. Todo absurdo… También se han empeñado siempre en promover que el fútbol femenino no vende o no genera mientras que a poco que ha habido ejemplos de clubes como el Barça o el Lyon que han apostado por sus equipos femeninos, se ha visto que sí que hay una proyección en el negocio del fútbol femenino».

Alba Palacios

AL MACHISMO SÚMALE LA LGTBIFOBIA

Hubo un tiempo (mucho más cercano de lo que creemos) en el que marimacho y mujer futbolista eran términos que iban unidos de la mano. Todavía hoy encontramos declaraciones de machos ibéricos aspirantes a gobernantes en los que se alienta a «heterosexualizar este deporte repleto de maricones».

Bajo esa perspectiva de que el fútbol es cosa de hombres, como el coñac, no resulta extraño que no se produzcan salidas del armario en el fútbol masculino. Cualquiera asoma la cabeza y agita la bandera arcoíris con planteamientos de ese calibre. Mejor seguir escondidos y esparcir testosterona por el césped, aunque sea impostada.

Pernille Harder y Magdalena Eriksson

En el fútbol femenino, sin embargo, los armarios están abiertos desde el principio. El primer ejemplo es el de la británica Lily Parr, considerada la primera gran referente del fútbol femenino. La suya es una historia de rebeldía, pero no fue esta su única causa: su homosexualidad la convirtió también un icono en la lucha por los derechos LGTBI.

Ella fue la primera de un buen número de jugadoras que se reconocieron y se reconocen como lesbianas e incluso transexuales. Figuras como Megan Rapione, Alba Palacios, Babett Peter, Pernille Harder y Magdalena Eriksson, entre otras en activo, pasean su homosexualidad y hacen de ella bandera. O, al menos, no la esconden. ¿Qué tiene que ver su orientación sexual con jugar bien al fútbol?

«Al final, tanto el fútbol femenino como el movimiento LGTBI tienen un objetivo común, que es la igualdad. Así que creo que en este sentido ambos reman en la misma dirección y se han ayudado mutuamente», opina Mayca Jiménez.

Megan Rapion

«Volvemos al hecho de que el fútbol es un deporte muy masculinizado. Por ello, cualquier idea que se salga de esto ha sido rechazada, ya fuese un hombre homosexual o una mujer, fuese o no lesbiana. El decir que las mujeres que juegan al fútbol son marimachos es un ejemplo más, otro más, de machismo en el fútbol».

FÚTBOL FEMENINO: UNA DISCIPLINA CARGADA DE VALORES

A pesar de que Yo también quiero jugar al fútbol ha intentado ser lo más exhaustivo posible para poner en primer plano la historia del fútbol femenino, no están todas las mujeres que se han convertido en referente para las nuevas generaciones de niñas futbolistas. La elección, explica su autora, ha sido lo más fácil y lo más difícil a la vez.

«Por un lado, fue muy sencillo encontrar ejemplos y la lista inicial era muy muy extensa. Y, por otro lado, la peor tarea fue la de descartar a muchas jugadoras que también podrían estar ahí. Siempre digo que son grandes referentes y ejemplos todas las que están en el libro, pero no están todas las que son. Intentamos que los problemas fueran lo más diversos posibles e introducir diferentes nacionalidades para que el máximo número de mujeres se sintieran identificadas».

Lo cierto es que este libro no pretende ser ni un álbum de cromos ni un tratado sobre fútbol femenino. Las mujeres que aparecen en sus páginas destacan, además de por su juego y su aportación al fútbol, por su resiliencia. Muchas de ellas han tenido vidas difíciles y han pasado por experiencias tan traumáticas como sobrevivir en un campo de refugiados. Y es esa palabra, resiliencia, la que mejor define al fútbol femenino frente al masculino.

Virginia Torrecilla

«Jugar al fútbol, de por sí, siempre ha sido muy difícil para una niña, adolescente o mujer. Si a eso le añades problemas familiares, sociales, enfermedades, etc., el hecho de conseguir ser futbolista es mucho más complicado. Este libro recoge historias que mezclan ambas situaciones dejando grandes historias de superación con un mismo fin: llegar a ser una futbolista».

Natalia Gaitán

A la vez, luchar por que el fútbol femenino tenga la misma consideración que el masculino, haber tenido que pelear contra muros que sus compañeros no han encontrado simplemente por nacer con pene, ha conferido a las futbolistas cierto sentido de sororidad que no se ve en las ligas masculinas.

Además, han demostrado otros valores que van más allá de la competitividad y de la rivalidad. Una prueba reciente: el homenaje, en forma de manteo, que las jugadoras del FC Barcelona rindieron a Virginia Torrecillas, del Atlético de Madrid, por su regreso al terreno de juego tras haber superado un tumor cerebral.

«Sí. Al igual que el fútbol femenino y el masculino son diferentes en cuanto a la naturaleza de su juego, también lo son en las actitudes, valores y comportamientos de sus futbolistas», responde Mayca Jiménez. «Comparten cosas, evidentemente, pero cada uno tiene sus fortalezas y sus debilidades».

Ana Romero, ‘Willy’

«Uno de los puntos fuertes en el femenino es la cercanía y esos valores de los que hablas. Creo que el dinero y el negocio en sí tiene mucho que ver, pero también hay otras razones como el hecho de que las futbolistas han tenido que luchar unidas. Al final, es una categoría donde no hay tantas individualidades como en el fútbol masculino. Van más todas a una. Hace poco Alexia Putellas ganó el Balón de Oro y no dejaba de alabar a su equipo, a sus compañeras o a su club y al hecho de que sin ellos no habría ganado ese premio. También lo hacen los jugadores, pero en menor medida».

… Y EL FUTURO POR DELANTE

A estas alturas, queda claro que el camino del fútbol femenino hasta llegar hasta aquí ha estado lleno de obstáculos. No hay ningún país en el que ninguna mujer haya podido jugar sin problemas. Pero da la impresión de que, si ya era difícil fuera de nuestras fronteras, en España la cosa ha sido peor. El ninguneo a esta categoría deportiva, por no decir bloqueo, ha sido escandaloso en muchos casos y en otros se ha quedado como una anécdota divertida que contar en familia. La niña, ya ves, que quiere ser futbolista…

Babett Peter y Ella Masar

«En España, la dictadura hizo mucho daño en este aspecto, por el machismo de las autoridades y la propia sociedad», explica Jiménez. «Hay que recordar que hasta los años 80 la Federación española no reconoció al fútbol femenino. Y lo hizo por presiones de instituciones como la UEFA o la FIFA. Que una mujer jugara al fútbol en España era muy complicado y sí que es verdad que ha costado más su crecimiento que en algunos países europeos como Alemania o en Norteamérica. Sin embargo, hay países mucho peores que España en los que a día de hoy las mujeres siguen muy muy lejos de poder jugar al fútbol con normalidad».

A pesar de todo, hoy parecen empezar a superarse muchos prejuicios y el fútbol jugado por mujeres empieza a copar titulares en la prensa y en los informativos. «Es fruto de su gran progreso», afirma rotunda la periodista. «El crecimiento de esta categoría es más que real y, por ello, se ha ganado espacio es los informativos. Sin embargo, no se está dando toda la visibilidad que el público reclama. Al final, la mayoría de los partidos no se pueden ver por televisión y eso está torpedeando mucho la explosión mediática de esta categoría».

Alex Morgan

Esa es una de las barreras que aún quedan por derribar para conseguir que el fútbol femenino se iguale con el masculino. Otra gran barrera es la maternidad, problema que no es exclusivo de las carreras deportivas. Y más que el hecho de ser madre en sí, el problema lo encuentran algunos en la lactancia y la protección de la jugadora durante el embarazo.

Otro gran hándicap es el salario. «Se tiende a pensar que las jugadoras quieren cobrar ahora como los jugadores. Y eso no es así. Ellas piden una mejora en el salario mínimo, que ahora es de unos 12.000 euros brutos al año a tiempo parcial en el convenio en vigor para el fútbol femenino. No quieren cobrar como Messi, como muchas veces se dice. Quieren tener un sueldo que les permita dedicarse al 100% al fútbol, teniendo en cuenta que la profesión de futbolista es muy corta y deberán también preparar su futuro. Además de esto, se tienen que romper muchas barreras en los recursos y medios, como la mejora en los campos de juego, la visibilidad en la televisión, etc.», apunta Mayca Jiménez.

Vero Boquete

Al menos, las niñas que empiezan a soñar con convertirse en estrellas del fútbol ya tienen en quién mirarse. Tener un referente al que emular ya es un paso importante. Una semilla que se siembra en un terreno que, por fin, ya está abonado. Solo hay que dejar que crezca, y dejar que el balón ruede hasta que dejemos de distinguir entre fútbol masculino o femenino para hablar simple y llanamente de fútbol.

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