21 de abril 2021    /   DIGITAL
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Ligas LoL: ¿Acabará Twich con las retransmisiones deportivas tradicionales?

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En los años 70, en plena Guerra Fría, las dos grandes potencias del momento, la Unión Soviética y Estados Unidos, competían en lo militar, en lo social, en lo científico y en un tablero de ajedrez con un peón llamado Bobby Fischer.

Quizás por el contexto histórico, porque solo tenían la televisión como pantalla o por las excentricidades de Bobby, que lo convirtieron en una estrella de rock, millones de boomers se sentaron con su familia para ver la gran partida que se disputaba en Reikiavik (Islandia). Una final a 22 juegos de la que se retiró el ruso Boris Spassky convirtiendo a Bobby Fischer en el campeón del mundo de ajedrez y el primer deportista que, sentado, se haría influencer.

Este año, en Murcia, David Cánovas batía el récord de reproducciones en la plataforma de streaming Twitch. The Gregf, como es más conocido, presentaba un nuevo skin para el videojuego Fortnite y consiguió reunir a más de dos millones de personas. Sus seguidores no le piden autógrafos, le piden streamings, porque hay una nueva forma de suscribirse a los ídolos.

Las grandes ligas deportivas a nivel mundial empiezan a darse cuenta de la importancia de estos nuevos jugadores a los que deben integrar

Normalmente ajenas a los grandes cambios del último siglo, sin crisis, sin cambios en las normativas, sin igualdad de género, sin bajar a la tierra, las grandes ligas deportivas a nivel mundial empiezan a darse cuenta de la importancia de estos nuevos jugadores a los que deben integrar. Video killed the radio star, decían The Buggles.

En la última asamblea de la Asociación Europea de Clubes, Andrea Agnelli, su presidente, pedía un pensamiento más progresista ya que «el sistema actual no está hecho para la afición moderna». Una situación que se ha visto acrecentada por la pandemia y la imposibilidad de asistir a los estadios, pero que ya tenía un recorrido porque, como señala el también presidente de la Juventus, «el 40% de los seguidores de 16 a 24 años, el famoso Gen Z, no tiene ningún interés en el fútbol».

Ligas LoL

Estas palabras del máximo representante de clubes de fútbol a nivel europeo resumen numerosos estudios que han ido a confirmar lo que las grandes instituciones deportivas se olían; están perdiendo fans. O mejor dicho, están dejando de ganarlos.

Nielsen Sports, una compañía de análisis y estudios de mercado en la que se basan los anunciantes para invertir en la industria del deporte, rompió un importante mito en su informe Game Changer: Rethinking Sports Experiences for Generation Z. Que el déficit de atención que tienen los jóvenes entre 16 y 24 años les hace estar menos pendientes de algo en concreto y de manera interrumpida es un argumento falaz que se oye en barras de bares y juntas directivas deportivas faltas de creatividad.

Susiglue: «Nos aburren las retransmisiones tradicionales, preferimos las que nos permiten participar, eso es más emocionante»

Pero, y aquí desmonta el mito, «si el contenido es lo suficientemente atractivo y brinda oportunidades regulares para interactuar, están preparados para invertir un tiempo significativo. En EEUU, un 29% de los seguidores de streamers encuestados afirman que ven el mismo contenido online durante una o dos horas seguidas. Un 14% más de tres».

Si quieres hablar con los jóvenes, tienes que hablar su idioma. Plataformas como Twitch permiten interaccionar, compartir contenido de otras plataformas y hacer comunidad. Requisitos para esta generación que busca un contenido espontáneo y conversacional que rompa las barreras con sus estrellas, con sus ídolos. «Nos aburren las retransmisiones tradicionales», dice Susiglue, gen Z y CODM player (jugadora de la versión mobile de Call of Duty), «preferimos las que nos permiten participar, eso es más emocionante».

Y esto no es algo que se aplica solo a la visión pasiva de deportes, también a la práctica de los mismos. «No es lo mismo la tensión de un partido de tenis o de fútbol que estar en un videojuego de shooting con la banda sonora en los cascos, coordinándote con tus amigos y con un comentarista que también está en la partida».

Y aunque algunos de los streamers más famosos, como Ibai Llanos, hayan comentado algún partido de La Liga Santander, entrevistado a estrellas de fútbol y los clubes estén dando de alta perfiles en plataformas como Twitch, todavía no están logrando mucha repercusión. «Llegan tarde», continúa Susiglue, «otros, como el Real Betis, ya tienen su propio equipo de deportes electrónicos; o el mítico AC Milan, que entró en los eSports con el equipo Qlash, ganador del premio al Mejor Equipo Italiano en el sector del gaming».

Ni el Milan Qlash ni el Cream Real Betis juegan exclusivamente a videojuegos de fútbol; son un brazo más del contenido que producen ambos clubes como marca, como institución. De hecho, en la página web de Qlash podemos ver que se definen como «un nuevo tipo de empresa de medios» cuya misión es «crear una conexión fuerte, efectiva y atractiva dentro de las comunidades de juego a través del uso innovador de la producción de contenido, la gestión de jugadores e influencers profesionales y la organización de eventos comunitarios y competitivos». Que sirva como precedente.

Por afirmaciones como estas en las que se posiciona el gaming mucho más allá de una partida de LoL, algunos se huelen lo que se puede venir. En una entrevista reciente, Juanma Castaño, periodista deportivo con más de 20 años de experiencia en Cuatro, COPE y Marca, confiesa que siente miedo de que un youtuber le quite el puesto.

Tranquilo, Juanma, todavía los grandes patrocinadores siguen apostando por los deportes y los medios tradicionales porque sus números siguen siendo mucho mayores y abarcan más generaciones. Aun así, los clubes de las grandes ligas empiezan a diversificar su contenido en busca de fidelidad, fans apasionados que defiendan sus colores, nuevos espacios de patrocinio y otras formas de contar lo que ocurre en las gradas, en los vestuarios, detrás de las cámaras.

La próxima vez que alguien consiga sentar a toda la familia delante de la pantalla no serán ni Bobby Fischer ni Cristiano Ronaldo, sino un Juanma Castaño versión Z comentando en streaming cómo un ajedrecista gana el campeonato de mundo de ajedrez online.

En los años 70, en plena Guerra Fría, las dos grandes potencias del momento, la Unión Soviética y Estados Unidos, competían en lo militar, en lo social, en lo científico y en un tablero de ajedrez con un peón llamado Bobby Fischer.

Quizás por el contexto histórico, porque solo tenían la televisión como pantalla o por las excentricidades de Bobby, que lo convirtieron en una estrella de rock, millones de boomers se sentaron con su familia para ver la gran partida que se disputaba en Reikiavik (Islandia). Una final a 22 juegos de la que se retiró el ruso Boris Spassky convirtiendo a Bobby Fischer en el campeón del mundo de ajedrez y el primer deportista que, sentado, se haría influencer.

Este año, en Murcia, David Cánovas batía el récord de reproducciones en la plataforma de streaming Twitch. The Gregf, como es más conocido, presentaba un nuevo skin para el videojuego Fortnite y consiguió reunir a más de dos millones de personas. Sus seguidores no le piden autógrafos, le piden streamings, porque hay una nueva forma de suscribirse a los ídolos.

Las grandes ligas deportivas a nivel mundial empiezan a darse cuenta de la importancia de estos nuevos jugadores a los que deben integrar

Normalmente ajenas a los grandes cambios del último siglo, sin crisis, sin cambios en las normativas, sin igualdad de género, sin bajar a la tierra, las grandes ligas deportivas a nivel mundial empiezan a darse cuenta de la importancia de estos nuevos jugadores a los que deben integrar. Video killed the radio star, decían The Buggles.

En la última asamblea de la Asociación Europea de Clubes, Andrea Agnelli, su presidente, pedía un pensamiento más progresista ya que «el sistema actual no está hecho para la afición moderna». Una situación que se ha visto acrecentada por la pandemia y la imposibilidad de asistir a los estadios, pero que ya tenía un recorrido porque, como señala el también presidente de la Juventus, «el 40% de los seguidores de 16 a 24 años, el famoso Gen Z, no tiene ningún interés en el fútbol».

Ligas LoL

Estas palabras del máximo representante de clubes de fútbol a nivel europeo resumen numerosos estudios que han ido a confirmar lo que las grandes instituciones deportivas se olían; están perdiendo fans. O mejor dicho, están dejando de ganarlos.

Nielsen Sports, una compañía de análisis y estudios de mercado en la que se basan los anunciantes para invertir en la industria del deporte, rompió un importante mito en su informe Game Changer: Rethinking Sports Experiences for Generation Z. Que el déficit de atención que tienen los jóvenes entre 16 y 24 años les hace estar menos pendientes de algo en concreto y de manera interrumpida es un argumento falaz que se oye en barras de bares y juntas directivas deportivas faltas de creatividad.

Susiglue: «Nos aburren las retransmisiones tradicionales, preferimos las que nos permiten participar, eso es más emocionante»

Pero, y aquí desmonta el mito, «si el contenido es lo suficientemente atractivo y brinda oportunidades regulares para interactuar, están preparados para invertir un tiempo significativo. En EEUU, un 29% de los seguidores de streamers encuestados afirman que ven el mismo contenido online durante una o dos horas seguidas. Un 14% más de tres».

Si quieres hablar con los jóvenes, tienes que hablar su idioma. Plataformas como Twitch permiten interaccionar, compartir contenido de otras plataformas y hacer comunidad. Requisitos para esta generación que busca un contenido espontáneo y conversacional que rompa las barreras con sus estrellas, con sus ídolos. «Nos aburren las retransmisiones tradicionales», dice Susiglue, gen Z y CODM player (jugadora de la versión mobile de Call of Duty), «preferimos las que nos permiten participar, eso es más emocionante».

Y esto no es algo que se aplica solo a la visión pasiva de deportes, también a la práctica de los mismos. «No es lo mismo la tensión de un partido de tenis o de fútbol que estar en un videojuego de shooting con la banda sonora en los cascos, coordinándote con tus amigos y con un comentarista que también está en la partida».

Y aunque algunos de los streamers más famosos, como Ibai Llanos, hayan comentado algún partido de La Liga Santander, entrevistado a estrellas de fútbol y los clubes estén dando de alta perfiles en plataformas como Twitch, todavía no están logrando mucha repercusión. «Llegan tarde», continúa Susiglue, «otros, como el Real Betis, ya tienen su propio equipo de deportes electrónicos; o el mítico AC Milan, que entró en los eSports con el equipo Qlash, ganador del premio al Mejor Equipo Italiano en el sector del gaming».

Ni el Milan Qlash ni el Cream Real Betis juegan exclusivamente a videojuegos de fútbol; son un brazo más del contenido que producen ambos clubes como marca, como institución. De hecho, en la página web de Qlash podemos ver que se definen como «un nuevo tipo de empresa de medios» cuya misión es «crear una conexión fuerte, efectiva y atractiva dentro de las comunidades de juego a través del uso innovador de la producción de contenido, la gestión de jugadores e influencers profesionales y la organización de eventos comunitarios y competitivos». Que sirva como precedente.

Por afirmaciones como estas en las que se posiciona el gaming mucho más allá de una partida de LoL, algunos se huelen lo que se puede venir. En una entrevista reciente, Juanma Castaño, periodista deportivo con más de 20 años de experiencia en Cuatro, COPE y Marca, confiesa que siente miedo de que un youtuber le quite el puesto.

Tranquilo, Juanma, todavía los grandes patrocinadores siguen apostando por los deportes y los medios tradicionales porque sus números siguen siendo mucho mayores y abarcan más generaciones. Aun así, los clubes de las grandes ligas empiezan a diversificar su contenido en busca de fidelidad, fans apasionados que defiendan sus colores, nuevos espacios de patrocinio y otras formas de contar lo que ocurre en las gradas, en los vestuarios, detrás de las cámaras.

La próxima vez que alguien consiga sentar a toda la familia delante de la pantalla no serán ni Bobby Fischer ni Cristiano Ronaldo, sino un Juanma Castaño versión Z comentando en streaming cómo un ajedrecista gana el campeonato de mundo de ajedrez online.

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