7 de abril 2021    /   IDEAS
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Si la lingüística es cosa de chicas, ¿por qué no hay mujeres en sus libros de historia?

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¿Qué pensaríamos de una disciplina, de una ciencia, que solo mostrara un único punto de vista? Que solo estudiara el mundo desde una única perspectiva. Por muy ciencia que siguiéramos llamándola, coincidiríamos mayoritariamente en que sería un estudio parcial, poco riguroso, incompleto.

Y, sin embargo, la ciencia en general ha pecado durante muchísimo tiempo de una mirada sesgada, la masculina, dejando de lado a la otra mitad de la humanidad, la femenina.

De ahí que muchas políticas educativas y de igualdad vayan encaminadas a fomentar el estudio de las ciencias y de la tecnología (las conocidas como STEM) entre las mujeres. Se da por sentado que no es necesario animar a las jóvenes a estudiar carreras de letras porque es su territorio, ya lo hacen mayoritariamente. Pero incluso en esas carreras, como la Lingüística, es necesaria también una revisión con perspectiva de género.

Resulta curioso que, con todas las mujeres que sabemos que han estado ligadas a esta disciplina en sus muchas ramas, toda esa tradición femenina que sabemos vinculada al lenguaje, desde profesoras de gramática hasta bibliotecarias, traductoras, criptógrafas, etc., no estén registradas en los manuales de historia de la lingüística, como si su trabajo no hubiera existido. Eso habla de una hipótesis de ocultamiento, que es la que baraja Teresa Moure, escritora y lingüista en la Universidad de Santiago de Compostela, en su libro Lingüística se escribe con a. La perspectiva de género en las ideas sobre el lenguaje (Catarata, 2021).

«Mi pretensión no era hacer simplemente un catálogo de mujeres, porque esos proyectos creo que pueden, al final, volverse incluso contra nosotras, en el sentido de que parece que queremos recuperar a toda costa nombres de mujer, aunque fuesen secundarias», explica Moure.

«Y la idea es más la de que los sujetos poco focales, las mujeres, pero también podrían ser, en el caso de la lingüística, las lenguas minorizadas y más o menos consideradas, las universidades periféricas…, han producido un tipo de conocimiento que es marginado desde la propia disciplina; se consideran áreas secundarias todas las que yo trato en el libro. No serían lingüística nuclear, serían otras lingüísticas. Y es ahí donde los nombres de mujer florecen, y yo no creo que sea por casualidad».

¿QUÉ TIENEN QUE VER PRIMATÓLOGAS Y ANTROPÓLOGAS CON LA LINGÜÍSTICA?

Esas otras disciplinas de las que habla la lingüista gallega son la sociolingüística, la traducción, pero también la primatología, la antropología, la criptografía… Y no es casual.

La lingüística se ha vinculado desde su origen a las ciencias. Quiere ser una ciencia, recalca Teresa Moure, y por eso comienza sus estudios por los aspectos más formales que luego irán ligados a la computación, a la formalización de lenguas cuyo objetivo final sería conseguir la traducción automática, por ejemplo, o el procesamiento del lenguaje natural, el que se usa para enseñar a hablar a las máquinas, a las inteligencias artificiales.

«Lo que para mí es la contribución más importante de las mujeres es que en todos los campos están cuestionando los procedimientos. Y eso es una crítica a las disciplinas científicas rigurosas y metódicas hecha desde dentro»

A las mujeres que querían dedicarse a ciertas ramas científicas se las empujaba, de alguna manera, a comenzar sus estudios en ramas más asociadas a su naturaleza. En el caso de las primatólogas, algunas tan conocidas e importantes como Jane Goodall, buscan otros territorios en los que investigar, es decir, ejercen de pioneras, e incorporan algo que se asocia a la imagen tradicional de la mujer: la cría. Por eso son las primeras en tratar a los simios, a los primates, como si fuesen niños a los que estuviesen criando.

«Ahí hay como una gran grieta del conocimiento porque ellas son muy rompedoras; y al mismo tiempo, sus propios mentores las hacen trabajar de una manera femenina, en el sentido más tradicional», argumenta Moure. «Lo que para mí es la contribución más importante de las mujeres es que en todos los campos están cuestionando los procedimientos. Nada de observar a los animales con los protocolos de laboratorio de enumerarlos; vamos a ponerles nombres, vamos a interactuar con ellos de una manera significativa… Y eso es una crítica a las disciplinas científicas rigurosas y metódicas hecha desde dentro».

INTUICIÓN FEMENINA: CONVERTIR UN ‘DEFECTO’ EN VIRTUD

Otro de los rasgos asociados al carácter femenino es el de la intuición. Moure no deja de recalcar este aspecto en toda la obra. Se deriva a las mujeres a la criptología, aunque no sea su rama científica, porque son intuitivas y descifrar un código lingüístico de esas características, pensaban entonces, tiene más de intuitivo que de científico.

«Deberíamos revisitar el concepto de intuición por su capacidad de darnos aliento, de darnos frescura. Es inspiradora, sí»

Sin embargo, todas esas mujeres supieron darle la vuelta a eso que se consideraba como un rasgo menor y lo convirtieron en ventaja. «Es una cualidad, una disposición del ánimo, que se ha atribuido a las mujeres y también a los pueblos indígenas», corrobora la escritora y lingüista.

«Es como lo no racional, lo inferior. Y, sin embargo, hay tantos desarrollos contemporáneos donde lo intuitivo pasa a ser muy positivo, como los videojuegos… Es como un término reapropiado, en el mismo sentido que el movimiento queer se reapropia de un insulto. Se reapropian de algo que es considerado negativo y descubren el valor que puede tener para una racionalidad que, a lo mejor en el siglo XVII, cuando Descartes la formulaba, era el sumun del intelecto, pero que se nos ha quedado corta, se nos ha quedado fría en un mundo de una vorágine de violencias y de rigores».

«Creo que, por lo menos, deberíamos revisitarla, dentro de un contexto crítico, por su capacidad de darnos aliento, de darnos frescura. Es inspiradora, sí», concluye.

SOBRE ÉLITES Y BRUJAS

Lo valorable de todo ello, se sea o no feminista, es comprobar sin prejuicios que hay otro tipo de procedimientos y de acercamientos a las ciencias que las sitúan a disposición de la sociedad. El objetivo de Moure al escribir Lingüística se escribe con a ha sido demostrar que solo pasa a la historia lo que ha hecho una élite, y hay que rebuscar para encontrar otros relatos. «Una disciplina científica que presume de rigurosa no puede permitirse conocer un relato parcial, tiene que dar voces de pluralidad».

Para explicarlo, Moure recurre a una novela suya de hace 15 años que se ha reeditado actualmente, Hierba mora. En ella recupera la historia de las brujas.

A estas mujeres se les adjudicó una serie de conocimientos en función de su género, que era el poder curativo de las plantas. Como se las negaba el acceso a la universidad, una vez que esta se convierte en una instancia de poder importante, sus conocimientos discurrían en una línea paralela, salvaje y anormal. Ya no son mujeres sabias que curan, pasan a ser brujas, malvadas y feas.

lingüística con perspectiva de género

«Digamos que esa idea de excluir a las mujeres no es solo excluir a la mitad de la humanidad; es también excluir los conocimientos que ellas tienen», explica Moure. «Me voy a ese ejemplo narrativo porque, efectivamente, mi interés no es tanto decir que ha habido señoras lingüistas muy importantes, sino destruir el canon de lo que es muy importante».

Es decir, lo único que pasa y ha pasado a la historia es aquello que se ha producido en determinadas universidades, en determinadas élites, y esa es una visión empobrecedora. La humanidad es mucho más diversa. «Por eso el libro acaba refiriéndose al concepto de multitud. Hay una multitud que produce relatos diferentes, y no podemos estar satisfechos de quiénes somos como humanidad o de lo que hemos conseguido si no tenemos en cuenta esto. El relato de las mujeres coincide con el relato ecológico que tienen tantos pueblos que llamamos muchas veces subdesarrollados. Hay un punto de coralidad, sobre todo».

LO QUE SE HA GANADO Y LO QUE FALTA POR CONSEGUIR

Contemplar la lingüística con una mirada feminista ayuda a entender la necesidad de esa coralidad de la que habla Moure, pero sin buscar confrontación.

«Es necesario, como en tantas otras ciencias, dar una visión de género, reconocer que no es solo permitir la presencia de mujeres; es también incorporar las maneras en que ellas, nosotras, estamos intentando hacer las cosas»

Al revisar los diferentes campos de la lingüística que analiza la autora en su libro da la impresión de que el feminismo no pasó por esta disciplina, en el sentido, comenta, de que no se observa cómo los métodos de las criptógrafas, primatólogas, antropólogas… estaban cambiando las cosas.

«Sí creo que ahí es necesario, como en tantas otras ciencias, dar una visión de género, reconocer que no es solo permitir la presencia de mujeres, no es solo romper el techo de cristal; es también incorporar las maneras en que ellas, nosotras, estamos intentando hacer las cosas, que es de una manera diferente».

Sin embargo, para Moure es en los usos lingüísticos, el campo de las sociolingüistas, donde más se aprecia el cambio de mirada que el feminismo ha aportado a esta ciencia. Cambios que pueden verse ya en el ámbito educativo, pero también en el artístico y en el social.

«Pero yo no desconectaría el caso de la lingüística de otras disciplinas nunca», opina. «Así que lo vería en el conjunto de la necesidad crítica de repensar las disciplinas para que no sean pensamiento único. Con el género, pero también con otras realidades, toda vez que nuestras sociedades son cada vez más plurales: racialmente, de clase, de lengua… en muchos sentidos».

No obstante, es consciente de los recelos que esa mirada violeta puede provocar en los más escépticos. «He trabajado con mucho cuidado en el libro, aunque yo soy feminista, activista y comprometida, en intentar explicar las cosas de una manera, no podría decir despolitizada porque no creo que lo podamos ser nunca, pero sí manteniendo el rigor que la Academia exigiría», justifica.

«He puesto mucho cuidado en las argumentaciones para que alguien que esté situado del otro lado, en el caso hipotético de que se acercase a leer el libro, que es como una presunción, pudiese ver que no se pierde nada y tal vez se gane mucho».

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¿Qué pensaríamos de una disciplina, de una ciencia, que solo mostrara un único punto de vista? Que solo estudiara el mundo desde una única perspectiva. Por muy ciencia que siguiéramos llamándola, coincidiríamos mayoritariamente en que sería un estudio parcial, poco riguroso, incompleto.

Y, sin embargo, la ciencia en general ha pecado durante muchísimo tiempo de una mirada sesgada, la masculina, dejando de lado a la otra mitad de la humanidad, la femenina.

De ahí que muchas políticas educativas y de igualdad vayan encaminadas a fomentar el estudio de las ciencias y de la tecnología (las conocidas como STEM) entre las mujeres. Se da por sentado que no es necesario animar a las jóvenes a estudiar carreras de letras porque es su territorio, ya lo hacen mayoritariamente. Pero incluso en esas carreras, como la Lingüística, es necesaria también una revisión con perspectiva de género.

Resulta curioso que, con todas las mujeres que sabemos que han estado ligadas a esta disciplina en sus muchas ramas, toda esa tradición femenina que sabemos vinculada al lenguaje, desde profesoras de gramática hasta bibliotecarias, traductoras, criptógrafas, etc., no estén registradas en los manuales de historia de la lingüística, como si su trabajo no hubiera existido. Eso habla de una hipótesis de ocultamiento, que es la que baraja Teresa Moure, escritora y lingüista en la Universidad de Santiago de Compostela, en su libro Lingüística se escribe con a. La perspectiva de género en las ideas sobre el lenguaje (Catarata, 2021).

«Mi pretensión no era hacer simplemente un catálogo de mujeres, porque esos proyectos creo que pueden, al final, volverse incluso contra nosotras, en el sentido de que parece que queremos recuperar a toda costa nombres de mujer, aunque fuesen secundarias», explica Moure.

«Y la idea es más la de que los sujetos poco focales, las mujeres, pero también podrían ser, en el caso de la lingüística, las lenguas minorizadas y más o menos consideradas, las universidades periféricas…, han producido un tipo de conocimiento que es marginado desde la propia disciplina; se consideran áreas secundarias todas las que yo trato en el libro. No serían lingüística nuclear, serían otras lingüísticas. Y es ahí donde los nombres de mujer florecen, y yo no creo que sea por casualidad».

¿QUÉ TIENEN QUE VER PRIMATÓLOGAS Y ANTROPÓLOGAS CON LA LINGÜÍSTICA?

Esas otras disciplinas de las que habla la lingüista gallega son la sociolingüística, la traducción, pero también la primatología, la antropología, la criptografía… Y no es casual.

La lingüística se ha vinculado desde su origen a las ciencias. Quiere ser una ciencia, recalca Teresa Moure, y por eso comienza sus estudios por los aspectos más formales que luego irán ligados a la computación, a la formalización de lenguas cuyo objetivo final sería conseguir la traducción automática, por ejemplo, o el procesamiento del lenguaje natural, el que se usa para enseñar a hablar a las máquinas, a las inteligencias artificiales.

«Lo que para mí es la contribución más importante de las mujeres es que en todos los campos están cuestionando los procedimientos. Y eso es una crítica a las disciplinas científicas rigurosas y metódicas hecha desde dentro»

A las mujeres que querían dedicarse a ciertas ramas científicas se las empujaba, de alguna manera, a comenzar sus estudios en ramas más asociadas a su naturaleza. En el caso de las primatólogas, algunas tan conocidas e importantes como Jane Goodall, buscan otros territorios en los que investigar, es decir, ejercen de pioneras, e incorporan algo que se asocia a la imagen tradicional de la mujer: la cría. Por eso son las primeras en tratar a los simios, a los primates, como si fuesen niños a los que estuviesen criando.

«Ahí hay como una gran grieta del conocimiento porque ellas son muy rompedoras; y al mismo tiempo, sus propios mentores las hacen trabajar de una manera femenina, en el sentido más tradicional», argumenta Moure. «Lo que para mí es la contribución más importante de las mujeres es que en todos los campos están cuestionando los procedimientos. Nada de observar a los animales con los protocolos de laboratorio de enumerarlos; vamos a ponerles nombres, vamos a interactuar con ellos de una manera significativa… Y eso es una crítica a las disciplinas científicas rigurosas y metódicas hecha desde dentro».

INTUICIÓN FEMENINA: CONVERTIR UN ‘DEFECTO’ EN VIRTUD

Otro de los rasgos asociados al carácter femenino es el de la intuición. Moure no deja de recalcar este aspecto en toda la obra. Se deriva a las mujeres a la criptología, aunque no sea su rama científica, porque son intuitivas y descifrar un código lingüístico de esas características, pensaban entonces, tiene más de intuitivo que de científico.

«Deberíamos revisitar el concepto de intuición por su capacidad de darnos aliento, de darnos frescura. Es inspiradora, sí»

Sin embargo, todas esas mujeres supieron darle la vuelta a eso que se consideraba como un rasgo menor y lo convirtieron en ventaja. «Es una cualidad, una disposición del ánimo, que se ha atribuido a las mujeres y también a los pueblos indígenas», corrobora la escritora y lingüista.

«Es como lo no racional, lo inferior. Y, sin embargo, hay tantos desarrollos contemporáneos donde lo intuitivo pasa a ser muy positivo, como los videojuegos… Es como un término reapropiado, en el mismo sentido que el movimiento queer se reapropia de un insulto. Se reapropian de algo que es considerado negativo y descubren el valor que puede tener para una racionalidad que, a lo mejor en el siglo XVII, cuando Descartes la formulaba, era el sumun del intelecto, pero que se nos ha quedado corta, se nos ha quedado fría en un mundo de una vorágine de violencias y de rigores».

«Creo que, por lo menos, deberíamos revisitarla, dentro de un contexto crítico, por su capacidad de darnos aliento, de darnos frescura. Es inspiradora, sí», concluye.

SOBRE ÉLITES Y BRUJAS

Lo valorable de todo ello, se sea o no feminista, es comprobar sin prejuicios que hay otro tipo de procedimientos y de acercamientos a las ciencias que las sitúan a disposición de la sociedad. El objetivo de Moure al escribir Lingüística se escribe con a ha sido demostrar que solo pasa a la historia lo que ha hecho una élite, y hay que rebuscar para encontrar otros relatos. «Una disciplina científica que presume de rigurosa no puede permitirse conocer un relato parcial, tiene que dar voces de pluralidad».

Para explicarlo, Moure recurre a una novela suya de hace 15 años que se ha reeditado actualmente, Hierba mora. En ella recupera la historia de las brujas.

A estas mujeres se les adjudicó una serie de conocimientos en función de su género, que era el poder curativo de las plantas. Como se las negaba el acceso a la universidad, una vez que esta se convierte en una instancia de poder importante, sus conocimientos discurrían en una línea paralela, salvaje y anormal. Ya no son mujeres sabias que curan, pasan a ser brujas, malvadas y feas.

lingüística con perspectiva de género

«Digamos que esa idea de excluir a las mujeres no es solo excluir a la mitad de la humanidad; es también excluir los conocimientos que ellas tienen», explica Moure. «Me voy a ese ejemplo narrativo porque, efectivamente, mi interés no es tanto decir que ha habido señoras lingüistas muy importantes, sino destruir el canon de lo que es muy importante».

Es decir, lo único que pasa y ha pasado a la historia es aquello que se ha producido en determinadas universidades, en determinadas élites, y esa es una visión empobrecedora. La humanidad es mucho más diversa. «Por eso el libro acaba refiriéndose al concepto de multitud. Hay una multitud que produce relatos diferentes, y no podemos estar satisfechos de quiénes somos como humanidad o de lo que hemos conseguido si no tenemos en cuenta esto. El relato de las mujeres coincide con el relato ecológico que tienen tantos pueblos que llamamos muchas veces subdesarrollados. Hay un punto de coralidad, sobre todo».

LO QUE SE HA GANADO Y LO QUE FALTA POR CONSEGUIR

Contemplar la lingüística con una mirada feminista ayuda a entender la necesidad de esa coralidad de la que habla Moure, pero sin buscar confrontación.

«Es necesario, como en tantas otras ciencias, dar una visión de género, reconocer que no es solo permitir la presencia de mujeres; es también incorporar las maneras en que ellas, nosotras, estamos intentando hacer las cosas»

Al revisar los diferentes campos de la lingüística que analiza la autora en su libro da la impresión de que el feminismo no pasó por esta disciplina, en el sentido, comenta, de que no se observa cómo los métodos de las criptógrafas, primatólogas, antropólogas… estaban cambiando las cosas.

«Sí creo que ahí es necesario, como en tantas otras ciencias, dar una visión de género, reconocer que no es solo permitir la presencia de mujeres, no es solo romper el techo de cristal; es también incorporar las maneras en que ellas, nosotras, estamos intentando hacer las cosas, que es de una manera diferente».

Sin embargo, para Moure es en los usos lingüísticos, el campo de las sociolingüistas, donde más se aprecia el cambio de mirada que el feminismo ha aportado a esta ciencia. Cambios que pueden verse ya en el ámbito educativo, pero también en el artístico y en el social.

«Pero yo no desconectaría el caso de la lingüística de otras disciplinas nunca», opina. «Así que lo vería en el conjunto de la necesidad crítica de repensar las disciplinas para que no sean pensamiento único. Con el género, pero también con otras realidades, toda vez que nuestras sociedades son cada vez más plurales: racialmente, de clase, de lengua… en muchos sentidos».

No obstante, es consciente de los recelos que esa mirada violeta puede provocar en los más escépticos. «He trabajado con mucho cuidado en el libro, aunque yo soy feminista, activista y comprometida, en intentar explicar las cosas de una manera, no podría decir despolitizada porque no creo que lo podamos ser nunca, pero sí manteniendo el rigor que la Academia exigiría», justifica.

«He puesto mucho cuidado en las argumentaciones para que alguien que esté situado del otro lado, en el caso hipotético de que se acercase a leer el libro, que es como una presunción, pudiese ver que no se pierde nada y tal vez se gane mucho».

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