12 de agosto 2022    /   CINE/TV
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Midsommar (terror a la luz del sol I)

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Midsommar (2019), escrita y dirigida por Ari Aster, incomoda horas después de haberla visto, a diferencia de otras producciones de terror. (A medianoche, puedes acabar de ver una película de Freddy Krueger y poco después irte a la cama sin recordarla).

La sensación de incomodidad que crea Midsommar se debe, en parte, a que Aster ha pervertido una delas convenciones del terror: la heroína (Florence Pugh) no huye del monstruo ni intenta acabar con él. La heroína se siente acogida por el monstruo, la macabra comunidad rural de Harga en Suecia. No es la única regla del terror que Aster desbarata, como veremos a continuación.

LA FÓRMULA DE LAS DOS HISTORIAS

Recordemos que una película de terror, por lo general, está compuesta de dos películas: en la primera vemos a gente corriente en sus vidas; en la segunda película, el monstruo altera la vida corriente. La vida corriente transcurre sin altibajos e incluso contiene pequeñas alegrías para que haya contraste con lo que luego vendrá.

Artículo relacionado

Sin embargo, Aster no comienza a la manera que harían otros, con una familia que intercambia las anécdotas del día mientras cena o que se dirige a un idílico lugar de vacaciones. Aster comienza con la heroína preocupada por los inquietantes mensajes de su hermana y, poco después, destrozada porque su hermana se ha suicidado, a la vez que ha asesinado a los padres con gas de tubo de escape.

Midsommar

De esta manera, Aster parte de un estado traumático para la protagonista y la coloca en una relación sentimental que hace agua porque su novio se está alejando de ella y que no encaja con los amigos de él.

GENTE CORRIENTE

Los protagonistas son gente corriente: estudiantes universitarios en su último año que viven en Nueva York. Dani, la heroína interpretada por Pugh, es una estudiante de Psicología que vive en un pequeño apartamento en Brooklyn, apenas iluminado, mientras que su novio Christian (Jack Reynor) busca un tema para su tesis en antropología.

Aster consigue pronto que el público tenga simpatía por Dani. Ella ha perdido a los padres con el asesinato-suicidio de la hermana, no encuentra el apoyo que necesita en el novio y siente que la pandilla de él la rechaza. Aster apenas perfila a estos estudiantes para que no sintamos interés ni empatía por ellos, salvo por Pelle, el estudiante sueco, que asegura a Dani que entiende su dolor.

Sobre el dolor y la vulnerabilidad de Dani se construye la columna vertebral de Midsommar. Aster lo remarca con la alucinación de Dani tras la infusión de setas y la pesadilla en la que aparecen su familia muerta y los amigos huyen y la dejan atrás en la comunidad sueca. Así, a diferencia de otros directores, Aster no muestra en las pesadillas a los monstruos, sino el dolor del espíritu.

Por lo dicho arriba, Midsommar debería considerar la historia de la reconstrucción de una mujer hundida más que una historia de terror: el viaje del héroe o más bien, de la heroína. Aquí, el vientre de la ballena donde va a parar el héroe es el momento en el que descubre a su novio teniendo sexo con una joven del lugar. Esto provoca en Dani un asco y rechazo mayor que el suicidio de los ancianos. De aquí hasta los últimos fotogramas, la heroína permanecerá en un estado de consternación e inercia. Nada a su alrededor la afecta, ni para su placer ni para su desdicha.

Es interesante apuntar que Dani es estudiante de Psicología, pero en ningún momento hace un autodiagnóstico, como estamos acostumbrados cuando el protagonista es psicólogo. Es un detalle de guion inteligente de Aster: los psicólogos son profesionales de salud, pero en su vida diaria perciben las emociones y sufren los sinsabores de la vida como cualquier persona corriente. El dolor no permite la evaluación.

AISLAR A LOS PERSONAJES

Aster no puede subvertir la regla de aislar a los personajes porque esta regla es la base de cualquier película de terror.

En Midsommar, Dani está aislada de tres maneras:

  • No se siente querida ni comprendida por el novio y la pandilla.
  • Se siente fuera de lugar en la aldea sueca: no maneja el idioma y considera que las costumbres del lugar son extrañas y macabras.
  • Siente que está perdiendo el sentido de la realidad.

Aster remarca la sensación de aislamiento manteniendo a Dani y Christian en puntos distintos de una misma estancia. (El espacio vacío entre ellos equivale a la distancia emocional entre ambos). También, apartando a la heroína fuera del círculo de amigos del novio o colocándola al fondo, tapada por el novio y otro personaje.

En Harga, en los espacios abiertos no hay posibilidad para la privacidad ni para esconderse. La gran cabaña que sirve como dormitorio común también funciona como un mecanismo de control y opresión: todos están a la vista de todos. Y cuando esto ocurre se pierde el sentido del yo.

Aunque el desapego de Christian por su novia Dani es creciente, hay dos momentos que conviene destacar:

  • Tras el suicidio de dos ancianos en la ceremonia de Ättestupa, Christian no se preocupa por el desconcierto y vulnerabilidad de Dani, prefiere justificar las costumbres de la comunidad. (Tras esto llega la pesadilla de abandono de Dani). No es raro que aquí Dani no se oponga a la manipulación de Pelle. «Mis padres murieron en un incendio y fui respaldado por la comunidad. Una familia de verdad como todo el mundo se merece y tú te mereces», dice Pelle cogiendo las manos a Dani.
  • Más tarde, cuando desaparece el novio de una joven turista y Dani lo comenta a Christian, este le resta importancia, prefiere conversar con un aldeano sobre las costumbres locales.

OCULTA EL MONSTRUO

El terror tarda en mostrar al monstruo, pero muestra sus efectos: las marcas en la pared, las huellas, los cadáveres a su paso… En Midsommar el monstruo no está oculto: es la comunidad rural sueca por completo, pero sí oculta sus actos.

El suicidio de los ancianos cerca ya del minuto 60 está revestido como acto ritual. No conocemos a los ancianos y, por tanto, no sabemos hasta qué punto aceptan el ritual o si quizá preferirían huir de allí a una playa española. (Un suicidio ritual que recuerda a la distopía de La fuga de Logan, en la que el sacrificio humano voluntario está considerado como una fiesta).

Las únicas marcas que el monstruo muestra son los tapices que narran los rituales ancestrales y sangrientos de la comunidad. Aster se detiene en ellos para dar tiempo al público a prestar atención a los detalles.

A partir del minuto 75 los hechos se precipitan: un amigo de Christian orina en un árbol-reliquia y Pelle lo rescata de ser apalizado por los aldeanos más fanáticos; desaparecen personajes y otro amigo de Christian es asesinado de un mazazo en la cabeza mientras intentaba robar un texto sagrado del lugar.

Aster muestra el asco (los cadáveres de los turistas) cerca ya del final. Invierte así la idea de mostrar los actos del monstruo.

LA INVERSIÓN DE LAS LEYES DE LA NATURALEZA

La inversión de las leyes de la naturaleza es una regla del terror que Aster no puede subvertir. Podría ignorarla como se hace en las historias de casas encantadas sin sangre, pero no puede cambiar en Midsommar un temor ancestral del ser humano: sufrir como sufren los animales a manos humanas. Así que las víctimas de la comunidad sufren amputaciones, desgarros, apertura en canal, machacamiento del cráneo (a la manera que sufren las vacas y toros sacrificados).

EL TONO

Val Lewton, productor de Yo anduve con un zombi y La mujer pantera, ya advirtió que el terror no debe prolongarse para no ser risible.

En Midsommar hay momentos que pueden provocar risa. De hecho, para una parte de la crítica sueca, la película de Aster está considerada como una comedia negra. Entre los comentarios, destacan: «Absurda y a veces cómica», «Todo es casi cómicamente rural» y «Más alocada que terrorífica».

Puede ser risible el saludo de los aldeanos girando las manos en alto como si fueran a cantar Cinco lobitos. También, la manera que tiene la comunidad para teatralizar el dolor como muestra de empatía hacia una persona que sufre un dolor personal.

No es raro que la gestualidad de Harga sea motivo de burla en la serie neozelandesa de humor Wellington Paranormal. Es fácil preguntarse si Aster provoca esos momentos cercanos a lo risible como alivio para el público.

En cualquier caso, Aster es un maestro de la manipulación. Comienza el filme con un premonitorio tapiz de Harga.

Después, sigue una noche nevada sobre cuyo silencio destaca la voz monocorde y melancólica de una mujer que canta una balada o una nana oscura.

Aster continúa con interiores reducidos y apenas iluminados. Las breves tomas del exterior también son de noche y bastante cerradas. Estos espacios cerrados, algunas pinturas y elementos decorativos anticipan el futuro. Funcionan como el estribillo en una canción. Como la poesía. Un ejemplo es el cuadro sobre la cama de Dani en el que una niña pequeña parece apaciguar a un oso.

Con estos interiores, Aster provoca una sensación de claustrofobia que comienza a cambiar cuando muestra la luz del sol entrando por una ventanilla del avión y continúa con el viaje en coche de la pandilla a Harga, pero Aster advierte: cuidado, lo macabro puede mostrarse a la luz del sol. Y lo hace invirtiendo el cuadro en el que muestra el coche camino a la comunidad sueca.

En Harga, Aster no duda en filmar momentos de terror en plano general. Prefiere que estemos más atentos a cómo lo vive Dani que a los acontecimientos de la comunidad.

En Harga, Dani se siente como una persona que acompaña a su pareja a una boda en la que no conoce a nadie. Dani ha cambiado la oscura Brooklyn por la luminosa Harga, pero el dolor sigue con ella.

Llama la atención que la sangre aparece alrededor del minuto 60 con el suicidio-sacrificio de los ancianos. Esto prueba que el terror no es tanto la sangre como la idea de sufrir dolor. Y Dani tiene una enorme carga de dolor antes de la aventura en Harga.

ROMPER LAS REGLAS PARA MANTENER LAS REGLAS

El comienzo de Midsommar con la protagonista destrozada es un atrevimiento de Aster. El otro, que la protagonista acepte formar parte de la comunidad de Harga. Es un final que lleva al público a sentir una mezcla de desasosiego y satisfacción.

Satisfacción porque la heroína obtiene por fin consuelo a su dolor.

Desasosiego porque es testigo de cómo gente viva está siendo quemada en otro ritual primitivo, macabro y carente de sentido. Pero la sonrisa de Dani Ardor matiza el momento: ha encontrado una familia.

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Midsommar (2019), escrita y dirigida por Ari Aster, incomoda horas después de haberla visto, a diferencia de otras producciones de terror. (A medianoche, puedes acabar de ver una película de Freddy Krueger y poco después irte a la cama sin recordarla).

La sensación de incomodidad que crea Midsommar se debe, en parte, a que Aster ha pervertido una delas convenciones del terror: la heroína (Florence Pugh) no huye del monstruo ni intenta acabar con él. La heroína se siente acogida por el monstruo, la macabra comunidad rural de Harga en Suecia. No es la única regla del terror que Aster desbarata, como veremos a continuación.

LA FÓRMULA DE LAS DOS HISTORIAS

Recordemos que una película de terror, por lo general, está compuesta de dos películas: en la primera vemos a gente corriente en sus vidas; en la segunda película, el monstruo altera la vida corriente. La vida corriente transcurre sin altibajos e incluso contiene pequeñas alegrías para que haya contraste con lo que luego vendrá.

Sin embargo, Aster no comienza a la manera que harían otros, con una familia que intercambia las anécdotas del día mientras cena o que se dirige a un idílico lugar de vacaciones. Aster comienza con la heroína preocupada por los inquietantes mensajes de su hermana y, poco después, destrozada porque su hermana se ha suicidado, a la vez que ha asesinado a los padres con gas de tubo de escape.

Midsommar

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De esta manera, Aster parte de un estado traumático para la protagonista y la coloca en una relación sentimental que hace agua porque su novio se está alejando de ella y que no encaja con los amigos de él.

GENTE CORRIENTE

Los protagonistas son gente corriente: estudiantes universitarios en su último año que viven en Nueva York. Dani, la heroína interpretada por Pugh, es una estudiante de Psicología que vive en un pequeño apartamento en Brooklyn, apenas iluminado, mientras que su novio Christian (Jack Reynor) busca un tema para su tesis en antropología.

Aster consigue pronto que el público tenga simpatía por Dani. Ella ha perdido a los padres con el asesinato-suicidio de la hermana, no encuentra el apoyo que necesita en el novio y siente que la pandilla de él la rechaza. Aster apenas perfila a estos estudiantes para que no sintamos interés ni empatía por ellos, salvo por Pelle, el estudiante sueco, que asegura a Dani que entiende su dolor.

Sobre el dolor y la vulnerabilidad de Dani se construye la columna vertebral de Midsommar. Aster lo remarca con la alucinación de Dani tras la infusión de setas y la pesadilla en la que aparecen su familia muerta y los amigos huyen y la dejan atrás en la comunidad sueca. Así, a diferencia de otros directores, Aster no muestra en las pesadillas a los monstruos, sino el dolor del espíritu.

Por lo dicho arriba, Midsommar debería considerar la historia de la reconstrucción de una mujer hundida más que una historia de terror: el viaje del héroe o más bien, de la heroína. Aquí, el vientre de la ballena donde va a parar el héroe es el momento en el que descubre a su novio teniendo sexo con una joven del lugar. Esto provoca en Dani un asco y rechazo mayor que el suicidio de los ancianos. De aquí hasta los últimos fotogramas, la heroína permanecerá en un estado de consternación e inercia. Nada a su alrededor la afecta, ni para su placer ni para su desdicha.

Es interesante apuntar que Dani es estudiante de Psicología, pero en ningún momento hace un autodiagnóstico, como estamos acostumbrados cuando el protagonista es psicólogo. Es un detalle de guion inteligente de Aster: los psicólogos son profesionales de salud, pero en su vida diaria perciben las emociones y sufren los sinsabores de la vida como cualquier persona corriente. El dolor no permite la evaluación.

AISLAR A LOS PERSONAJES

Aster no puede subvertir la regla de aislar a los personajes porque esta regla es la base de cualquier película de terror.

En Midsommar, Dani está aislada de tres maneras:

  • No se siente querida ni comprendida por el novio y la pandilla.
  • Se siente fuera de lugar en la aldea sueca: no maneja el idioma y considera que las costumbres del lugar son extrañas y macabras.
  • Siente que está perdiendo el sentido de la realidad.

Aster remarca la sensación de aislamiento manteniendo a Dani y Christian en puntos distintos de una misma estancia. (El espacio vacío entre ellos equivale a la distancia emocional entre ambos). También, apartando a la heroína fuera del círculo de amigos del novio o colocándola al fondo, tapada por el novio y otro personaje.

En Harga, en los espacios abiertos no hay posibilidad para la privacidad ni para esconderse. La gran cabaña que sirve como dormitorio común también funciona como un mecanismo de control y opresión: todos están a la vista de todos. Y cuando esto ocurre se pierde el sentido del yo.

Aunque el desapego de Christian por su novia Dani es creciente, hay dos momentos que conviene destacar:

  • Tras el suicidio de dos ancianos en la ceremonia de Ättestupa, Christian no se preocupa por el desconcierto y vulnerabilidad de Dani, prefiere justificar las costumbres de la comunidad. (Tras esto llega la pesadilla de abandono de Dani). No es raro que aquí Dani no se oponga a la manipulación de Pelle. «Mis padres murieron en un incendio y fui respaldado por la comunidad. Una familia de verdad como todo el mundo se merece y tú te mereces», dice Pelle cogiendo las manos a Dani.
  • Más tarde, cuando desaparece el novio de una joven turista y Dani lo comenta a Christian, este le resta importancia, prefiere conversar con un aldeano sobre las costumbres locales.

OCULTA EL MONSTRUO

El terror tarda en mostrar al monstruo, pero muestra sus efectos: las marcas en la pared, las huellas, los cadáveres a su paso… En Midsommar el monstruo no está oculto: es la comunidad rural sueca por completo, pero sí oculta sus actos.

El suicidio de los ancianos cerca ya del minuto 60 está revestido como acto ritual. No conocemos a los ancianos y, por tanto, no sabemos hasta qué punto aceptan el ritual o si quizá preferirían huir de allí a una playa española. (Un suicidio ritual que recuerda a la distopía de La fuga de Logan, en la que el sacrificio humano voluntario está considerado como una fiesta).

Las únicas marcas que el monstruo muestra son los tapices que narran los rituales ancestrales y sangrientos de la comunidad. Aster se detiene en ellos para dar tiempo al público a prestar atención a los detalles.

A partir del minuto 75 los hechos se precipitan: un amigo de Christian orina en un árbol-reliquia y Pelle lo rescata de ser apalizado por los aldeanos más fanáticos; desaparecen personajes y otro amigo de Christian es asesinado de un mazazo en la cabeza mientras intentaba robar un texto sagrado del lugar.

Aster muestra el asco (los cadáveres de los turistas) cerca ya del final. Invierte así la idea de mostrar los actos del monstruo.

LA INVERSIÓN DE LAS LEYES DE LA NATURALEZA

La inversión de las leyes de la naturaleza es una regla del terror que Aster no puede subvertir. Podría ignorarla como se hace en las historias de casas encantadas sin sangre, pero no puede cambiar en Midsommar un temor ancestral del ser humano: sufrir como sufren los animales a manos humanas. Así que las víctimas de la comunidad sufren amputaciones, desgarros, apertura en canal, machacamiento del cráneo (a la manera que sufren las vacas y toros sacrificados).

EL TONO

Val Lewton, productor de Yo anduve con un zombi y La mujer pantera, ya advirtió que el terror no debe prolongarse para no ser risible.

En Midsommar hay momentos que pueden provocar risa. De hecho, para una parte de la crítica sueca, la película de Aster está considerada como una comedia negra. Entre los comentarios, destacan: «Absurda y a veces cómica», «Todo es casi cómicamente rural» y «Más alocada que terrorífica».

Puede ser risible el saludo de los aldeanos girando las manos en alto como si fueran a cantar Cinco lobitos. También, la manera que tiene la comunidad para teatralizar el dolor como muestra de empatía hacia una persona que sufre un dolor personal.

No es raro que la gestualidad de Harga sea motivo de burla en la serie neozelandesa de humor Wellington Paranormal. Es fácil preguntarse si Aster provoca esos momentos cercanos a lo risible como alivio para el público.

En cualquier caso, Aster es un maestro de la manipulación. Comienza el filme con un premonitorio tapiz de Harga.

Después, sigue una noche nevada sobre cuyo silencio destaca la voz monocorde y melancólica de una mujer que canta una balada o una nana oscura.

Aster continúa con interiores reducidos y apenas iluminados. Las breves tomas del exterior también son de noche y bastante cerradas. Estos espacios cerrados, algunas pinturas y elementos decorativos anticipan el futuro. Funcionan como el estribillo en una canción. Como la poesía. Un ejemplo es el cuadro sobre la cama de Dani en el que una niña pequeña parece apaciguar a un oso.

Con estos interiores, Aster provoca una sensación de claustrofobia que comienza a cambiar cuando muestra la luz del sol entrando por una ventanilla del avión y continúa con el viaje en coche de la pandilla a Harga, pero Aster advierte: cuidado, lo macabro puede mostrarse a la luz del sol. Y lo hace invirtiendo el cuadro en el que muestra el coche camino a la comunidad sueca.

En Harga, Aster no duda en filmar momentos de terror en plano general. Prefiere que estemos más atentos a cómo lo vive Dani que a los acontecimientos de la comunidad.

En Harga, Dani se siente como una persona que acompaña a su pareja a una boda en la que no conoce a nadie. Dani ha cambiado la oscura Brooklyn por la luminosa Harga, pero el dolor sigue con ella.

Llama la atención que la sangre aparece alrededor del minuto 60 con el suicidio-sacrificio de los ancianos. Esto prueba que el terror no es tanto la sangre como la idea de sufrir dolor. Y Dani tiene una enorme carga de dolor antes de la aventura en Harga.

ROMPER LAS REGLAS PARA MANTENER LAS REGLAS

El comienzo de Midsommar con la protagonista destrozada es un atrevimiento de Aster. El otro, que la protagonista acepte formar parte de la comunidad de Harga. Es un final que lleva al público a sentir una mezcla de desasosiego y satisfacción.

Satisfacción porque la heroína obtiene por fin consuelo a su dolor.

Desasosiego porque es testigo de cómo gente viva está siendo quemada en otro ritual primitivo, macabro y carente de sentido. Pero la sonrisa de Dani Ardor matiza el momento: ha encontrado una familia.

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