31 de mayo 2022    /   BUSINESS
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¿Cómo puede la ropa cara y de calidad contribuir a cuidar el medio ambiente?

Por paradójico que parezca, comprar ropa cara y duradera puede ser un arma eficaz para combatir el cambio climático.

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«Compra menos, elige bien y hazlo durar», dijo allá por 2014 Vivienne Westwood en una conferencia celebrada en Londres. La diseñadora inglesa de 81 años, famosa por integrar el punk en la alta costura, confirmó con estas proféticas palabras que tiene una de las cabezas mejor amuebladas en el mundo de la moda.

Ocho años después el tiempo le ha dado la razón, porque el cambio en el sector de la moda y, más concretamente, en el ámbito de la fast fashion, es urgente. Desde hace demasiados años, los grandes fabricantes de ropa han convertido sus creaciones en productos de usar y tirar, una práctica que, según un informe de la organización ecologista Greenpeace, está ahogando a nuestro planeta.

La industria textil es la segunda más contaminante del mundo debido a cuatro causas. La primera, su uso intensivo del agua: para fabricar una camiseta se necesitan 2.700 litros, según datos de la Unión Europea. En segundo lugar, porque llena esas aguas de microfibras, en muchos casos, plásticas. También por su contribución al efecto invernadero, debido a las emisiones que produce el transporte de sus productos desde las fábricas a las tiendas. Por último, la industria textil genera una gran cantidad de residuos ya que muchas de las prendas no se venden y otras se convierten en basura, que los consumidores desechan que al sustituirlas por otras.

ropa cara y duradera

«El modelo de la fast fashion tal y como lo conocemos actualmente no es sostenible», afirma Charo Juárez, directora del Máster Gestión de Empresas de Moda de la Universidad Loyola de Sevilla, profesora y experta en la relación entre sostenibilidad y moda. «Las grandes marcas se han dado cuenta de esto y están planteando un cambio en su funcionamiento bajo parámetros de sostenibilidad. También se están viendo obligadas a ello: en muy poco tiempo, va a entrar en vigor una nueva legislación a nivel europeo que será mucho más dura en lo relativo a la gestión de residuos de la industria textil. Esto provocará, a buen seguro, un cambio en la producción y la gestión».

OTRA FORMA DE VESTIR ES POSIBLE

Pero mientras esperamos ese cambio legal, fuera del circuito de la fast fashion existen multitud de compañías que han demostrado que otra forma de vestir es posible, prestando atención a la calidad, controlando los stocks, fomentando la producción local y creando prendas que no solo duran una temporada, sino que nos pueden acompañar durante años o toda la vida. Se trata de otra manera de consumir ropa que incide directamente en el medio ambiente porque, a menos consumo, menos contaminación.

«Es cierto que las marcas que venden este tipo de productos son más caras», sostiene Juárez, «pero también son las que más están contribuyendo al cambio de modelo y la sostenibilidad. Gracias a su modelo productivo es posible fomentar el empleo local, mejorar las condiciones laborales de las personas que fabrican nuestra ropa, utilizar materiales de mayor calidad y poner en valor técnicas artesanales tradicionales que corrían riesgo de perderse».

Ejemplos de este tipo de empresas, por suerte, hay muchos. Entre ellas, podemos encontrar grandes nombres como Dior, que presentará el próximo 16 de junio en Sevilla su Colección Crucero 2023, y para la que su directora artística, Maria Grazia Chiuri, ha contado con la colaboración de artistas y artesanos de la capital andaluza. También con profesionales como la propia Charo Juárez.

Pero además de míticas maisons de alta costura, en nuestro país también existen multitud de marcas apostando por este tipo de modelo. Es el caso, por ejemplo, de On Atlas, una empresa sostenible creada en 2018 por María García Alonso-Lamberti. La marca afirma que todas sus prendas se fabrican en España, con tejidos sostenibles que provienen de Europa, sobre todo de España y Portugal, y que funcionan con una estructura pequeña para causar el menor impacto posible en el medioambiente. Todo ocurre en un radio de 25 kilómetros desde su taller de Vigo.

Otro proyecto español que apuesta por la sostenibilidad es Matiz, un marketplace creado por la modelo Marta Ortiz, en el que venden sus productos más de 50 marcas de moda, casi todas españolas, y que tienen en común la utilización de materiales reciclados o sostenibles y la transparencia a la hora de rastrear el origen de la creación de sus prendas.

A partir de ahí, según contó la modelo a Vogue España, «cada firma es un mundo. Tenemos desde marcas que producen en Madrid y solo contratan a mujeres para confeccionar prendas a partir de materiales como la seda vegana o el algodón orgánico, a otras que fabrican bajo demanda y una filosofía de kilómetro cero. En realidad, la premisa es la transparencia: que la prenda se haya desarrollado bajo unas condiciones de trabajo dignas y que sus materias primas sean fibras naturales o recicladas».

ropa cara y duradera

Podríamos seguir citando ejemplos, pero sirvan estos tres para demostrar que el sector de la moda está cambiando. Aunque el auténtico vuelco de paradigma no se hará realidad hasta que las grandes casas de fast fashion se sumen definitivamente. Según Juárez, las empresas son completamente conscientes de lo que ocurre y, poco a poco, se verán obligadas a cambiar. En parte por la exigencia de los consumidores y, en parte, por el cambio legislativo.

Para ello será fundamental «realizar un análisis de datos más sofisticado sobre los hábitos de compra de sus clientes para conocerlos mejor y decidir, así, de forma más precisa, el volumen de sus producciones», explica la experta. «Eso permitiría una reducción drástica en la utilización de recursos, así como en la cantidad de residuos generados. También en las emisiones de efecto invernadero, porque al transportar menos y desde más cerca, se contaminará menos».

Respecto a las materias primas, las marcas están invirtiendo infinidad de recursos en publicitar su uso de algodón orgánico y el reciclado de materiales. En opinión de Juárez, «se está jugando un poco la carta del green washing y por ahora parece más una manera para subirse al carro de la sostenibilidad por la vía rápida que un propósito real. Pero bueno, habrá que esperar, las empresas han emprendido el camino y hay que valorar la intención. Es difícil cambiar los procesos en empresas tan enormes como Inditex, H&M o C&A».

No obstante, como consumidores también tenemos un papel que jugar. «Al final, el consumidor es el que tiene que presionar a la industria y esta hará lo que le imponga el mercado. Existe cierta responsabilidad compartida entre los consumidores y las marcas. Las grandes industrias cambiarán el modelo cuando les interese, y el consumidor es el que tiene la llave de eso», comenta la experta.

Tiene que haber cierto ejercicio de reflexión, pensar que lo que adquirimos tiene unos costes que finalmente nos pasan factura a todos

La llegada de la pandemia pareció impulsar un cambio en los hábitos de consumo del consumidor de ropa, una apuesta más firme por productos de mayor calidad y más duraderos, pero según los datos que maneja Juárez, la tendencia se ha revertido. «Al principio, sí que nos planteamos nuestra forma de comprar, pero creo que, pasado el tiempo, hemos vuelto a los hábitos anteriores. Considero que es necesario que los consumidores cambien sus costumbres a la hora de comprar, que acepten que hay que realizar cierto esfuerzo y que no es “necesito esto, lo compro”, “me gusta, lo compro”. Tiene que haber cierto ejercicio de reflexión, pensar que lo que adquirimos tiene unos costes que finalmente nos pasan factura a todos».

Para concluir, la profesora resalta el importante papel de las instituciones a la hora de instaurar estos nuevos hábitos de compra. «Al igual que hay empresas que dan más vacaciones a sus empleados si van a trabajar en bicicleta, podría premiarse de alguna forma el consumo de prendas de vestir más sostenibles. Finalmente, creo que en España también falta un apoyo firme al sector de la industria textil. Fuimos una gran potencia y eso se perdió. La pandemia nos enseñó que quizá habíamos externalizado demasiado, que dependíamos mucho del sector turístico. Potenciar el sector de la moda podría dar un gran impulso a nuestra economía. De hecho, muchas empresas extranjeras están comenzando a producir en España. ¿Por qué no nosotros?», concluye.

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«Compra menos, elige bien y hazlo durar», dijo allá por 2014 Vivienne Westwood en una conferencia celebrada en Londres. La diseñadora inglesa de 81 años, famosa por integrar el punk en la alta costura, confirmó con estas proféticas palabras que tiene una de las cabezas mejor amuebladas en el mundo de la moda.

Ocho años después el tiempo le ha dado la razón, porque el cambio en el sector de la moda y, más concretamente, en el ámbito de la fast fashion, es urgente. Desde hace demasiados años, los grandes fabricantes de ropa han convertido sus creaciones en productos de usar y tirar, una práctica que, según un informe de la organización ecologista Greenpeace, está ahogando a nuestro planeta.

La industria textil es la segunda más contaminante del mundo debido a cuatro causas. La primera, su uso intensivo del agua: para fabricar una camiseta se necesitan 2.700 litros, según datos de la Unión Europea. En segundo lugar, porque llena esas aguas de microfibras, en muchos casos, plásticas. También por su contribución al efecto invernadero, debido a las emisiones que produce el transporte de sus productos desde las fábricas a las tiendas. Por último, la industria textil genera una gran cantidad de residuos ya que muchas de las prendas no se venden y otras se convierten en basura, que los consumidores desechan que al sustituirlas por otras.

ropa cara y duradera

«El modelo de la fast fashion tal y como lo conocemos actualmente no es sostenible», afirma Charo Juárez, directora del Máster Gestión de Empresas de Moda de la Universidad Loyola de Sevilla, profesora y experta en la relación entre sostenibilidad y moda. «Las grandes marcas se han dado cuenta de esto y están planteando un cambio en su funcionamiento bajo parámetros de sostenibilidad. También se están viendo obligadas a ello: en muy poco tiempo, va a entrar en vigor una nueva legislación a nivel europeo que será mucho más dura en lo relativo a la gestión de residuos de la industria textil. Esto provocará, a buen seguro, un cambio en la producción y la gestión».

OTRA FORMA DE VESTIR ES POSIBLE

Pero mientras esperamos ese cambio legal, fuera del circuito de la fast fashion existen multitud de compañías que han demostrado que otra forma de vestir es posible, prestando atención a la calidad, controlando los stocks, fomentando la producción local y creando prendas que no solo duran una temporada, sino que nos pueden acompañar durante años o toda la vida. Se trata de otra manera de consumir ropa que incide directamente en el medio ambiente porque, a menos consumo, menos contaminación.

«Es cierto que las marcas que venden este tipo de productos son más caras», sostiene Juárez, «pero también son las que más están contribuyendo al cambio de modelo y la sostenibilidad. Gracias a su modelo productivo es posible fomentar el empleo local, mejorar las condiciones laborales de las personas que fabrican nuestra ropa, utilizar materiales de mayor calidad y poner en valor técnicas artesanales tradicionales que corrían riesgo de perderse».

Ejemplos de este tipo de empresas, por suerte, hay muchos. Entre ellas, podemos encontrar grandes nombres como Dior, que presentará el próximo 16 de junio en Sevilla su Colección Crucero 2023, y para la que su directora artística, Maria Grazia Chiuri, ha contado con la colaboración de artistas y artesanos de la capital andaluza. También con profesionales como la propia Charo Juárez.

Pero además de míticas maisons de alta costura, en nuestro país también existen multitud de marcas apostando por este tipo de modelo. Es el caso, por ejemplo, de On Atlas, una empresa sostenible creada en 2018 por María García Alonso-Lamberti. La marca afirma que todas sus prendas se fabrican en España, con tejidos sostenibles que provienen de Europa, sobre todo de España y Portugal, y que funcionan con una estructura pequeña para causar el menor impacto posible en el medioambiente. Todo ocurre en un radio de 25 kilómetros desde su taller de Vigo.

Otro proyecto español que apuesta por la sostenibilidad es Matiz, un marketplace creado por la modelo Marta Ortiz, en el que venden sus productos más de 50 marcas de moda, casi todas españolas, y que tienen en común la utilización de materiales reciclados o sostenibles y la transparencia a la hora de rastrear el origen de la creación de sus prendas.

A partir de ahí, según contó la modelo a Vogue España, «cada firma es un mundo. Tenemos desde marcas que producen en Madrid y solo contratan a mujeres para confeccionar prendas a partir de materiales como la seda vegana o el algodón orgánico, a otras que fabrican bajo demanda y una filosofía de kilómetro cero. En realidad, la premisa es la transparencia: que la prenda se haya desarrollado bajo unas condiciones de trabajo dignas y que sus materias primas sean fibras naturales o recicladas».

ropa cara y duradera

Podríamos seguir citando ejemplos, pero sirvan estos tres para demostrar que el sector de la moda está cambiando. Aunque el auténtico vuelco de paradigma no se hará realidad hasta que las grandes casas de fast fashion se sumen definitivamente. Según Juárez, las empresas son completamente conscientes de lo que ocurre y, poco a poco, se verán obligadas a cambiar. En parte por la exigencia de los consumidores y, en parte, por el cambio legislativo.

Para ello será fundamental «realizar un análisis de datos más sofisticado sobre los hábitos de compra de sus clientes para conocerlos mejor y decidir, así, de forma más precisa, el volumen de sus producciones», explica la experta. «Eso permitiría una reducción drástica en la utilización de recursos, así como en la cantidad de residuos generados. También en las emisiones de efecto invernadero, porque al transportar menos y desde más cerca, se contaminará menos».

Respecto a las materias primas, las marcas están invirtiendo infinidad de recursos en publicitar su uso de algodón orgánico y el reciclado de materiales. En opinión de Juárez, «se está jugando un poco la carta del green washing y por ahora parece más una manera para subirse al carro de la sostenibilidad por la vía rápida que un propósito real. Pero bueno, habrá que esperar, las empresas han emprendido el camino y hay que valorar la intención. Es difícil cambiar los procesos en empresas tan enormes como Inditex, H&M o C&A».

No obstante, como consumidores también tenemos un papel que jugar. «Al final, el consumidor es el que tiene que presionar a la industria y esta hará lo que le imponga el mercado. Existe cierta responsabilidad compartida entre los consumidores y las marcas. Las grandes industrias cambiarán el modelo cuando les interese, y el consumidor es el que tiene la llave de eso», comenta la experta.

Tiene que haber cierto ejercicio de reflexión, pensar que lo que adquirimos tiene unos costes que finalmente nos pasan factura a todos

La llegada de la pandemia pareció impulsar un cambio en los hábitos de consumo del consumidor de ropa, una apuesta más firme por productos de mayor calidad y más duraderos, pero según los datos que maneja Juárez, la tendencia se ha revertido. «Al principio, sí que nos planteamos nuestra forma de comprar, pero creo que, pasado el tiempo, hemos vuelto a los hábitos anteriores. Considero que es necesario que los consumidores cambien sus costumbres a la hora de comprar, que acepten que hay que realizar cierto esfuerzo y que no es “necesito esto, lo compro”, “me gusta, lo compro”. Tiene que haber cierto ejercicio de reflexión, pensar que lo que adquirimos tiene unos costes que finalmente nos pasan factura a todos».

Para concluir, la profesora resalta el importante papel de las instituciones a la hora de instaurar estos nuevos hábitos de compra. «Al igual que hay empresas que dan más vacaciones a sus empleados si van a trabajar en bicicleta, podría premiarse de alguna forma el consumo de prendas de vestir más sostenibles. Finalmente, creo que en España también falta un apoyo firme al sector de la industria textil. Fuimos una gran potencia y eso se perdió. La pandemia nos enseñó que quizá habíamos externalizado demasiado, que dependíamos mucho del sector turístico. Potenciar el sector de la moda podría dar un gran impulso a nuestra economía. De hecho, muchas empresas extranjeras están comenzando a producir en España. ¿Por qué no nosotros?», concluye.

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