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3 de diciembre 2021    /   CINE/TV
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Series sobre ricos: ¿Por qué (realmente) nos gustan?

Las series sobre ricos muestran «el daño premeditado», un recurso de la tragedia griega

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No vemos series sobre los ricos porque disfrutemos viendo que «los ricos también lloran». (Pocas veces una frase obvia ha calado tanto). Tampoco las vemos porque es una forma de venganza a través de retratos poco o nada favorecedores de los adinerados.

Si hay una venganza de los guionistas y una catarsis para el público hay que encontrarla en las series donde prepotentes criminales millonarios esperan salir impunes de sus delitos, pero acaban muertos o encarcelados.

Vemos series sobre ricos porque recrean la fuerza de la tragedia griega cuya base es, según Aristóteles:

«El daño premeditado por el hermano contra el  hermano, por el hijo contra el padre, por la madre contra el hijo o el hijo contra la madre».

EL DAÑO PREMEDITADO

¿Acaso no podemos ser testigos del daño premeditado en una historia protagonizada por una familia que come de la caridad, viste con ropa de los contenedores de reciclaje y sobrevive con la escueta pensión de la abuela? En un drama social no cabe el daño premeditado, sino que el daño a los demás está condicionado por la pobreza, la falta de oportunidades o adicciones a drogas de pobres (heroína, speed) para evadirse de la desesperanza.

Así, en un drama social, un joven pierde su empleo, recoge chatarra, vende cartones, se hace adicto a la heroína y roba el dinero que su madre ha conseguido limpiando escaleras durante 12 horas y con el que pretendía pagar al tendero del barrio porque en los supermercados no le fían. Estos personajes nos producen tristeza y compasión. Un drama social no es el espectáculo de cómo la envidia, los celos o la ambición conducen a la perdición.

Series sobre ricos
Kieran Culkin en Succession

Los protagonistas ricos son los únicos responsables de sus acciones. La falta de dinero no es el motor de sus actos. No están esclavizados por los horarios de la gente común. (Es difícil conspirar contra el padre o el amigo cuando un trabajo con jornada partida y el desplazamiento consumen 12 horas diarias).

Los personajes ricos pueden dedicar tiempo y dinero a la seducción, la intriga, para hacerse con la fortuna familiar o meditar formas de vengarse del hermano que goza del favor del padre. Por tanto, en las series de ricos apreciamos las pasiones humanas en estado puro, sin condicionantes.

Un personaje clásico sería el joven rico que conspira para hacerse con las acciones que su madre, a la que ama, para controlar el negocio familiar. Realmente, el personaje no necesita el dinero. Podría retirarse a una isla paradisiaca con el patrimonio personal, pero desea castigar a un padre cruel.

LOS ANTECEDENTES DE LAS SERIES SOBRE RICOS

Los personajes de la realeza, los ricos mercaderes, la aristocracia decadente y más tarde los empresarios millonarios con frecuencia son ejecutores de daño premeditado. Por tanto, los antecedentes de las mal llamadas series de ricos están en la tragedia griega, como se ha dicho, la épica medieval, Shakespeare, los cuentos de hadas de príncipes y princesas, la novela romántica del siglo XIX, las novelas de Agatha Christie con herencias millonarias en juego y las alocadas comedias de Hollywood del tipo La fiera de mi niña o Historias de Filadelfia.

Es curioso que las ficciones mencionadas arriba no tengan la etiqueta de historias sobre ricos, aunque sus protagonistas lo sean. Las ficciones están consideradas como dramas históricos, dramas policiacos o incluso comedias.

Fueron los críticos de televisión quienes acuñaron el término historias sobre ricos a raíz de producciones de los 80 como Dallas, Dinastía o Falcon Crest porque estaban centradas en familias podridas de dinero. Pero en aquellas ficciones, los personajes no caminaban por las zonas grises: unos eran buenos y otros malos.

Series sobre ricos
Linda Evans y John Forsythe en ‘Dinastía’

Lo cierto es que, por lo general, los ricos son los protagonistas de la mayoría de las historias en televisión, aunque las tramas no giren en torno al dinero. El ático de Frasier Crane tiene un valor inmobiliario tanto o más que la casa con piscina de una protagonista de Big Little Lies. Tony Soprano no tiene el dinero del patriarca de la familia Roy, pero dirige un imperio criminal que le permite tener un pequeño palacio y comer en los mejores restaurantes.

Las series sobre ricos no son, pues, una moda de las plataformas de vídeo por internet.

Hay otros elementos de la tragedia griega, según Aristóteles, presentes en las series sobre ricos que conviene señalar. (Se menciona mucho y se lee poco el pequeño texto que el filósofo escribió hace más de 2.350 años y que sigue influyendo en las ficciones para cine y televisión del siglo XXI, desde las producciones Pixar a Succession, pasando por Breaking Bad).

EL ARGUMENTO BÁSICO

Para Aristóteles, el argumento básico de una tragedia es el cambio de fortuna. En sus palabras:

«El cambio en la fortuna del héroe no ha de ser de la miseria a la felicidad, sino al contrario, de la felicidad a la desdicha; y la causa de esta transformación no ha de residir en ninguna depravación, sino en algún gran error de su parte».

Por lo general, una historia que parte de la desdicha a la dicha es una historia de superación que puede tener momentos dramáticos, pero acaba de manera satisfactoria para el personaje y el público.

Tampoco hay tragedia ni un argumento en una historia que parte de la desdicha a una desdicha aún mayor. ¿Acaso es posible? Sí, hay historias en las que un personaje que vive al día pierde su medio de sustento como en la película Ladrón de bicicletas (1948).

Por otro lado, mientras que una obra teatral o película puede centrarse en un personaje, las series tienen la dificultad de la extensión. Por esto los guionistas deben trazar el camino de cada personaje principal de la dicha a la desdicha… Y de la desdicha a la dicha, de nuevo, para tener al público en constante alerta sobre la suerte de los personajes.

CASA ILUSTRE

Aristóteles escribió:

«Las tragedias más bellas son siempre aquellas sobre reducidas casas ilustres, como las de Alcmeón, Edipo, Orestes, Meleagro, Tiestes, Télefo».

Para conducir a los personajes desde la dicha —identificada con la prosperidad económica— a la desdicha, qué mejor que los personajes pertenezcan a una familia reconocida públicamente y que parezca feliz de puertas afuera. La desdicha no será la pérdida del dinero, sino la pérdida irreparable de una persona querida a causa de un error fatal o verse inmerso en una disputa familiar que rompe los nervios y destroza el corazón.

En las series de nuestros días, las casas ilustres son las de los Getty (Trust), los Lyon (Empire), los Axerold (Billions) o los Roy (Succession).

Dentro de las ficciones, estás casas representan ideales de glamur, excelencia profesional y ejemplos de inspiración para hombres y mujeres emprendedores.

LA VIRTUD DEL PERSONAJE

Para Aristóteles, el protagonista no debe ser una persona del todo malvada ni bondadosa. Propuso:

«La tragedia necesita una clase intermedia de personaje, un hombre no virtuoso en extremo ni justo, cuya desdicha se ha abatido sobre él, no por el vicio ni la depravación, sino por algún error de juicio».

Mucho antes que Hollywood aparcara la división de los personajes en buenos y malos, y de que el villano Tony Soprano protagonizara una serie de televisión, los dramaturgos griegos entendieron que el drama es superior cuando los personajes se mueven en las zonas grises de la ética, donde la mayoría nos movemos.

¿Acaso muchos no consideramos adecuadas nuestras acciones e inadecuadas las ajenas aun siendo similares? Frente al «detesto que la gente aparque en doble fila» está «aparco un momentito porque necesito hacerlo y no tengo tiempo de buscar sitio», o decimos a los pequeños de la casa que mentir está feo, pero mentimos. Lo cierto es que, con frecuencia, trazamos los límites de lo que se puede hacer y no cuando colisionan con nuestros objetivos o intereses.

Cuando los personajes están en la zona gris y sentimos simpatía por ellos, no importa si ricos o pobres, justificamos sus acciones. Si un personaje mata, aborrecemos el crimen, pero pensamos que nuestro personaje no tuvo otra opción. Por esto, las series de ricos no hacen que odiemos a los ricos, como se afirma en algunos artículos, ni tampoco hace que los amemos. Después de haber visto Succession o Trust o Billions, el odio, la envidia o la admiración por los ricos reales permanecen. Por esto, un republicano podrá amar a los personajes de The Crown, pero no se convertirá en defensor de la monarquía.

Cuando las acciones estúpidas de algún personaje de Succession causan daño a un inocente, no odiamos al personaje, nos compadecemos de él y nos apena la víctima y el dolor causado. Si el personaje formara parte de un capítulo de Crimen en el Paraíso, su retrato sería escueto. En sus dos o tres escenas, los guionistas no mostrarían su fragilidad. Por el contrario, los guionistas resaltarían la prepotencia del personaje, su hedonismo y qué despiadado puede llegar a ser. Esto no significa una mala escritura de guion. En las series centradas en la investigación de crímenes, los protagonistas son los investigadores.

Así pues, la tragedia está bien construida cuando la desgracia llega a un joven rico no por el azar (el hundimiento de la bolsa o el accidente que le hace recapacitar), sino por una acción o decisión desafortunada o impulsiva. Entonces, buscará enmendar la acción y durante el camino se verá obligado a cometer daño premeditado a su padre, a su madre o a su hermano.

ENFOQUE EL EN DRAMA

Pero no siempre las historias sobre ricos tratan de la lucha por el control de una empresa o fortuna familiar.

No es raro que los personajes de un drama familiar o de pareja tengan economías desahogadas. Esto tiene un objetivo: el guion puede centrarse en la psicología de los personajes y las interacciones de los miembros de la pareja. La crisis o ruptura no depende de la falta de dinero, sino que se produce por falta de diálogo, incompatibilidad, una infidelidad o violencia.

Big Little Lies es un ejemplo de drama familiar. Con alguna excepción, las protagonistas gozan de una economía desahogada. Centran su tiempo en los hijos, en demostrar(se) que son las mejores madres y en conservar relaciones que en algunos casos son violentas.

CONCLUSIÓN

Los guionistas no tienen, al menos no todos, un plan para mostrar a los ricos como seres miserables. Los guionistas cuentan historias. Y cada historia requiere determinados personajes.

Los espías como James Bond tienen fondos ilimitados. La gente corriente necesita un trabajo, una pensión, una indemnización o que alguien le pague los gastos.

Cuando estas historias tienen que ver con las bajas pasiones humanas y cómo conducen a la perdición, no es raro mirar a Shakespeare, a las novelas románticas y al cine clásico, en los que los personajes tienen ambiciones y pasiones desmedidas y demasiado tiempo y dinero para llevarlas a cabo. Si Macbeth fuera escudero no se plantearía matar al rey.

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No vemos series sobre los ricos porque disfrutemos viendo que «los ricos también lloran». (Pocas veces una frase obvia ha calado tanto). Tampoco las vemos porque es una forma de venganza a través de retratos poco o nada favorecedores de los adinerados.

Si hay una venganza de los guionistas y una catarsis para el público hay que encontrarla en las series donde prepotentes criminales millonarios esperan salir impunes de sus delitos, pero acaban muertos o encarcelados.

Vemos series sobre ricos porque recrean la fuerza de la tragedia griega cuya base es, según Aristóteles:

«El daño premeditado por el hermano contra el  hermano, por el hijo contra el padre, por la madre contra el hijo o el hijo contra la madre».

EL DAÑO PREMEDITADO

¿Acaso no podemos ser testigos del daño premeditado en una historia protagonizada por una familia que come de la caridad, viste con ropa de los contenedores de reciclaje y sobrevive con la escueta pensión de la abuela? En un drama social no cabe el daño premeditado, sino que el daño a los demás está condicionado por la pobreza, la falta de oportunidades o adicciones a drogas de pobres (heroína, speed) para evadirse de la desesperanza.

Así, en un drama social, un joven pierde su empleo, recoge chatarra, vende cartones, se hace adicto a la heroína y roba el dinero que su madre ha conseguido limpiando escaleras durante 12 horas y con el que pretendía pagar al tendero del barrio porque en los supermercados no le fían. Estos personajes nos producen tristeza y compasión. Un drama social no es el espectáculo de cómo la envidia, los celos o la ambición conducen a la perdición.

Series sobre ricos
Kieran Culkin en Succession

Los protagonistas ricos son los únicos responsables de sus acciones. La falta de dinero no es el motor de sus actos. No están esclavizados por los horarios de la gente común. (Es difícil conspirar contra el padre o el amigo cuando un trabajo con jornada partida y el desplazamiento consumen 12 horas diarias).

Los personajes ricos pueden dedicar tiempo y dinero a la seducción, la intriga, para hacerse con la fortuna familiar o meditar formas de vengarse del hermano que goza del favor del padre. Por tanto, en las series de ricos apreciamos las pasiones humanas en estado puro, sin condicionantes.

Un personaje clásico sería el joven rico que conspira para hacerse con las acciones que su madre, a la que ama, para controlar el negocio familiar. Realmente, el personaje no necesita el dinero. Podría retirarse a una isla paradisiaca con el patrimonio personal, pero desea castigar a un padre cruel.

LOS ANTECEDENTES DE LAS SERIES SOBRE RICOS

Los personajes de la realeza, los ricos mercaderes, la aristocracia decadente y más tarde los empresarios millonarios con frecuencia son ejecutores de daño premeditado. Por tanto, los antecedentes de las mal llamadas series de ricos están en la tragedia griega, como se ha dicho, la épica medieval, Shakespeare, los cuentos de hadas de príncipes y princesas, la novela romántica del siglo XIX, las novelas de Agatha Christie con herencias millonarias en juego y las alocadas comedias de Hollywood del tipo La fiera de mi niña o Historias de Filadelfia.

Es curioso que las ficciones mencionadas arriba no tengan la etiqueta de historias sobre ricos, aunque sus protagonistas lo sean. Las ficciones están consideradas como dramas históricos, dramas policiacos o incluso comedias.

Fueron los críticos de televisión quienes acuñaron el término historias sobre ricos a raíz de producciones de los 80 como Dallas, Dinastía o Falcon Crest porque estaban centradas en familias podridas de dinero. Pero en aquellas ficciones, los personajes no caminaban por las zonas grises: unos eran buenos y otros malos.

Series sobre ricos
Linda Evans y John Forsythe en ‘Dinastía’

Lo cierto es que, por lo general, los ricos son los protagonistas de la mayoría de las historias en televisión, aunque las tramas no giren en torno al dinero. El ático de Frasier Crane tiene un valor inmobiliario tanto o más que la casa con piscina de una protagonista de Big Little Lies. Tony Soprano no tiene el dinero del patriarca de la familia Roy, pero dirige un imperio criminal que le permite tener un pequeño palacio y comer en los mejores restaurantes.

Las series sobre ricos no son, pues, una moda de las plataformas de vídeo por internet.

Hay otros elementos de la tragedia griega, según Aristóteles, presentes en las series sobre ricos que conviene señalar. (Se menciona mucho y se lee poco el pequeño texto que el filósofo escribió hace más de 2.350 años y que sigue influyendo en las ficciones para cine y televisión del siglo XXI, desde las producciones Pixar a Succession, pasando por Breaking Bad).

EL ARGUMENTO BÁSICO

Para Aristóteles, el argumento básico de una tragedia es el cambio de fortuna. En sus palabras:

«El cambio en la fortuna del héroe no ha de ser de la miseria a la felicidad, sino al contrario, de la felicidad a la desdicha; y la causa de esta transformación no ha de residir en ninguna depravación, sino en algún gran error de su parte».

Por lo general, una historia que parte de la desdicha a la dicha es una historia de superación que puede tener momentos dramáticos, pero acaba de manera satisfactoria para el personaje y el público.

Tampoco hay tragedia ni un argumento en una historia que parte de la desdicha a una desdicha aún mayor. ¿Acaso es posible? Sí, hay historias en las que un personaje que vive al día pierde su medio de sustento como en la película Ladrón de bicicletas (1948).

Por otro lado, mientras que una obra teatral o película puede centrarse en un personaje, las series tienen la dificultad de la extensión. Por esto los guionistas deben trazar el camino de cada personaje principal de la dicha a la desdicha… Y de la desdicha a la dicha, de nuevo, para tener al público en constante alerta sobre la suerte de los personajes.

CASA ILUSTRE

Aristóteles escribió:

«Las tragedias más bellas son siempre aquellas sobre reducidas casas ilustres, como las de Alcmeón, Edipo, Orestes, Meleagro, Tiestes, Télefo».

Para conducir a los personajes desde la dicha —identificada con la prosperidad económica— a la desdicha, qué mejor que los personajes pertenezcan a una familia reconocida públicamente y que parezca feliz de puertas afuera. La desdicha no será la pérdida del dinero, sino la pérdida irreparable de una persona querida a causa de un error fatal o verse inmerso en una disputa familiar que rompe los nervios y destroza el corazón.

En las series de nuestros días, las casas ilustres son las de los Getty (Trust), los Lyon (Empire), los Axerold (Billions) o los Roy (Succession).

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LA VIRTUD DEL PERSONAJE

Para Aristóteles, el protagonista no debe ser una persona del todo malvada ni bondadosa. Propuso:

«La tragedia necesita una clase intermedia de personaje, un hombre no virtuoso en extremo ni justo, cuya desdicha se ha abatido sobre él, no por el vicio ni la depravación, sino por algún error de juicio».

Mucho antes que Hollywood aparcara la división de los personajes en buenos y malos, y de que el villano Tony Soprano protagonizara una serie de televisión, los dramaturgos griegos entendieron que el drama es superior cuando los personajes se mueven en las zonas grises de la ética, donde la mayoría nos movemos.

¿Acaso muchos no consideramos adecuadas nuestras acciones e inadecuadas las ajenas aun siendo similares? Frente al «detesto que la gente aparque en doble fila» está «aparco un momentito porque necesito hacerlo y no tengo tiempo de buscar sitio», o decimos a los pequeños de la casa que mentir está feo, pero mentimos. Lo cierto es que, con frecuencia, trazamos los límites de lo que se puede hacer y no cuando colisionan con nuestros objetivos o intereses.

Cuando los personajes están en la zona gris y sentimos simpatía por ellos, no importa si ricos o pobres, justificamos sus acciones. Si un personaje mata, aborrecemos el crimen, pero pensamos que nuestro personaje no tuvo otra opción. Por esto, las series de ricos no hacen que odiemos a los ricos, como se afirma en algunos artículos, ni tampoco hace que los amemos. Después de haber visto Succession o Trust o Billions, el odio, la envidia o la admiración por los ricos reales permanecen. Por esto, un republicano podrá amar a los personajes de The Crown, pero no se convertirá en defensor de la monarquía.

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Así pues, la tragedia está bien construida cuando la desgracia llega a un joven rico no por el azar (el hundimiento de la bolsa o el accidente que le hace recapacitar), sino por una acción o decisión desafortunada o impulsiva. Entonces, buscará enmendar la acción y durante el camino se verá obligado a cometer daño premeditado a su padre, a su madre o a su hermano.

ENFOQUE EL EN DRAMA

Pero no siempre las historias sobre ricos tratan de la lucha por el control de una empresa o fortuna familiar.

No es raro que los personajes de un drama familiar o de pareja tengan economías desahogadas. Esto tiene un objetivo: el guion puede centrarse en la psicología de los personajes y las interacciones de los miembros de la pareja. La crisis o ruptura no depende de la falta de dinero, sino que se produce por falta de diálogo, incompatibilidad, una infidelidad o violencia.

Big Little Lies es un ejemplo de drama familiar. Con alguna excepción, las protagonistas gozan de una economía desahogada. Centran su tiempo en los hijos, en demostrar(se) que son las mejores madres y en conservar relaciones que en algunos casos son violentas.

CONCLUSIÓN

Los guionistas no tienen, al menos no todos, un plan para mostrar a los ricos como seres miserables. Los guionistas cuentan historias. Y cada historia requiere determinados personajes.

Los espías como James Bond tienen fondos ilimitados. La gente corriente necesita un trabajo, una pensión, una indemnización o que alguien le pague los gastos.

Cuando estas historias tienen que ver con las bajas pasiones humanas y cómo conducen a la perdición, no es raro mirar a Shakespeare, a las novelas románticas y al cine clásico, en los que los personajes tienen ambiciones y pasiones desmedidas y demasiado tiempo y dinero para llevarlas a cabo. Si Macbeth fuera escudero no se plantearía matar al rey.

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