Publicado: 16 de mayo 2024 08:30  | Actualizado: 17 de mayo 2024 07:35    /   IDEAS
por
Ilustración  Marta Rico

Si no somos mujeres, ¿qué somos?

Publicado: 16 de mayo 2024 08:30  | Actualizado: 17 de mayo 2024 07:35    /   IDEAS     por        Ilustración  Marta Rico
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No quiero confundir, esto no es una reflexión feminista. No pretendo reivindicar nada. Ni hacer un alegato en defensa de la mujer. En este caso, se trata de una mera observación. Una pregunta que me ha surgido, y que quería compartir contigo, por si alguna vez también te la habías hecho y tienes una respuesta para ella.

En los últimos años hemos asistido a una explosión del tema de la menstruación. Mucho se ha hablado de ella. Las marcas han decidido visibilizar esta causa y no ocultar la realidad, mostrando realmente lo que ocurre en esos días del mes. Uno de los primeros cambios fue dejar de impactarnos con mensajes tipo «a qué huelen las nubes», que distaban mucho de lo que pasa en la realidad y, otro gran cambio, quizás el más importante, fue cambiar el líquido azul por el rojo.

Aunque ahora nos parece ridículo, alguien decidió que la sangre era más digerible visualmente si era de color azul que de color rojo. Hubiera sido curioso ver todas las series y documentales de true crime utilizando un líquido azul en la reconstrucción de los casos para no herir sensibilidades, como si el color fuera el gran problema. Pero, como hemos visto, lo que en el pasado fue un hecho que se escondía a nivel publicitario, porque mostrar la regla en toda su realidad era motivo de vergüenza, hoy se vive con orgullo. Incluso podríamos decir que con cierto carácter reivindicativo y festivo.

Porque la llegada de la menstruación implica una transformación, no solo física, sino mental y social. Como bien decía la canción de Julio Iglesias, pasas de niña a mujer. La regla te hace entrar en la edad adulta y llega con la primera de tus etiquetas: mujer. Como si de una serie de insignias que vas ganado en la vida se tratara. Porque eso es lo que eres con la menstruación, una mujer; aunque todavía no puedas sentarte en la mesa de los mayores en Navidad, te sigan regalando muñecas y no puedas votar. Da igual, eres una mujer, con todo lo que eso implica. Y hasta aquí, todo bien. Pero hay un momento en el que la menstruación ya no llama más a tu puerta y llega la menopausia. ¿Y entonces qué?, te preguntarás. A la etiqueta de mujer, se le han ido sumando otras con el paso de los años: la etiqueta de trabajadora, esposa o madre, en algunos casos, y cuando llega la menopausia, ¿cuál es la nueva etiqueta que te corresponde?.

Si tener la regla es lo que te hace ser una mujer, no tenerla ¿en qué te convierte? ¿En no mujer? ¿Acaso sangrar todos los meses es lo que nos define, lo que nos etiqueta? Si fuera así, la menopausia sería la antesala de dejar de ser. ¿Se deja de ser mujer porque se pierde la capacidad de reproducirse? En teoría no, puesto que, aunque no se sea madre, se sigue siendo mujer.

Cuando llega la menstruación, la familia lo vive como un momento de alegría, de celebración. Pero cuando llega la menopausia, silenciosa y sin previo aviso, se convierte en un momento que nadie quiere compartir con su círculo más cercano. Un momento para el que nadie está preparado y del que nadie habla. Se vive en silencio. Y es curioso que nadie quiera hablar de este tema, porque aproximadamente el 50% de la población mundial ha pasado, está pasando o pasará por la menopausia. Y ¿por qué no se habla de la menopausia? Porque, así como la llegada de la menstruación da a entender que tienes toda la vida por delante, la menopausia marca el principio del declive, ¿o no?

La palabra menopausia está llena de estereotipos. En nuestra mente surge la imagen de mujeres mayores, cansadas y sufriendo sofocos continuos. Pero estamos muy equivocados, la menopausia puede empezar a los 40 años, no es algo de mayores y, además, si tenemos en cuenta que la esperanza de vida de las españolas supera los 80 años, tenemos que asumir que vamos a pasarnos la mitad de nuestras vidas conviviendo con ella.

La menopausia es un estado más por el que hay que pasar, y malo si no llegas a tenerla. Por eso es el momento de hablar de ella en voz alta, de compartir experiencias y de normalizarla. Porque solo cuando lo verbalizamos en voz alta, pierde la categoría de secreto inconfesable que le hemos otorgado y le quitamos el poder de hacernos de menos. Menopausia sí y mujer también. Las etiquetas son constructos creados por nosotros mismos. Y tal y como las creamos podemos cambiarlas. Es el momento de ser lo que queramos ser y decirlo bien alto.

Al final creo que me he contestado yo sola.

Raquel Espantaleón es directora de estrategia en Sra. Rushmore

No quiero confundir, esto no es una reflexión feminista. No pretendo reivindicar nada. Ni hacer un alegato en defensa de la mujer. En este caso, se trata de una mera observación. Una pregunta que me ha surgido, y que quería compartir contigo, por si alguna vez también te la habías hecho y tienes una respuesta para ella.

En los últimos años hemos asistido a una explosión del tema de la menstruación. Mucho se ha hablado de ella. Las marcas han decidido visibilizar esta causa y no ocultar la realidad, mostrando realmente lo que ocurre en esos días del mes. Uno de los primeros cambios fue dejar de impactarnos con mensajes tipo «a qué huelen las nubes», que distaban mucho de lo que pasa en la realidad y, otro gran cambio, quizás el más importante, fue cambiar el líquido azul por el rojo.

Aunque ahora nos parece ridículo, alguien decidió que la sangre era más digerible visualmente si era de color azul que de color rojo. Hubiera sido curioso ver todas las series y documentales de true crime utilizando un líquido azul en la reconstrucción de los casos para no herir sensibilidades, como si el color fuera el gran problema. Pero, como hemos visto, lo que en el pasado fue un hecho que se escondía a nivel publicitario, porque mostrar la regla en toda su realidad era motivo de vergüenza, hoy se vive con orgullo. Incluso podríamos decir que con cierto carácter reivindicativo y festivo.

Porque la llegada de la menstruación implica una transformación, no solo física, sino mental y social. Como bien decía la canción de Julio Iglesias, pasas de niña a mujer. La regla te hace entrar en la edad adulta y llega con la primera de tus etiquetas: mujer. Como si de una serie de insignias que vas ganado en la vida se tratara. Porque eso es lo que eres con la menstruación, una mujer; aunque todavía no puedas sentarte en la mesa de los mayores en Navidad, te sigan regalando muñecas y no puedas votar. Da igual, eres una mujer, con todo lo que eso implica. Y hasta aquí, todo bien. Pero hay un momento en el que la menstruación ya no llama más a tu puerta y llega la menopausia. ¿Y entonces qué?, te preguntarás. A la etiqueta de mujer, se le han ido sumando otras con el paso de los años: la etiqueta de trabajadora, esposa o madre, en algunos casos, y cuando llega la menopausia, ¿cuál es la nueva etiqueta que te corresponde?.

Si tener la regla es lo que te hace ser una mujer, no tenerla ¿en qué te convierte? ¿En no mujer? ¿Acaso sangrar todos los meses es lo que nos define, lo que nos etiqueta? Si fuera así, la menopausia sería la antesala de dejar de ser. ¿Se deja de ser mujer porque se pierde la capacidad de reproducirse? En teoría no, puesto que, aunque no se sea madre, se sigue siendo mujer.

Cuando llega la menstruación, la familia lo vive como un momento de alegría, de celebración. Pero cuando llega la menopausia, silenciosa y sin previo aviso, se convierte en un momento que nadie quiere compartir con su círculo más cercano. Un momento para el que nadie está preparado y del que nadie habla. Se vive en silencio. Y es curioso que nadie quiera hablar de este tema, porque aproximadamente el 50% de la población mundial ha pasado, está pasando o pasará por la menopausia. Y ¿por qué no se habla de la menopausia? Porque, así como la llegada de la menstruación da a entender que tienes toda la vida por delante, la menopausia marca el principio del declive, ¿o no?

La palabra menopausia está llena de estereotipos. En nuestra mente surge la imagen de mujeres mayores, cansadas y sufriendo sofocos continuos. Pero estamos muy equivocados, la menopausia puede empezar a los 40 años, no es algo de mayores y, además, si tenemos en cuenta que la esperanza de vida de las españolas supera los 80 años, tenemos que asumir que vamos a pasarnos la mitad de nuestras vidas conviviendo con ella.

La menopausia es un estado más por el que hay que pasar, y malo si no llegas a tenerla. Por eso es el momento de hablar de ella en voz alta, de compartir experiencias y de normalizarla. Porque solo cuando lo verbalizamos en voz alta, pierde la categoría de secreto inconfesable que le hemos otorgado y le quitamos el poder de hacernos de menos. Menopausia sí y mujer también. Las etiquetas son constructos creados por nosotros mismos. Y tal y como las creamos podemos cambiarlas. Es el momento de ser lo que queramos ser y decirlo bien alto.

Al final creo que me he contestado yo sola.

Raquel Espantaleón es directora de estrategia en Sra. Rushmore

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