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Relatos ortográficos: Los mil usos del presente de indicativo

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Cuando se lanzó la primera compañía aérea que ofertaba viajes en el tiempo, los billetes se vendieron en cuestión de horas. El día del lanzamiento todas las televisiones y canales de internet del mundo conectaron con el lugar de partida.

Una vez a bordo todo el pasaje, las puertas de la extraña nave se cerraron y, como en un parpadeo, desapareció ante los ojos del público. A los pocos segundos, el aparato volvió a aparecer como se recupera un televisor de una interferencia. A pie de pista, los reporteros gráficos y las cámaras de televisión se agolpaban contra las vallas de protección intentando conseguir las primeras declaraciones de los viajeros en el tiempo, pero las autoridades los remitieron a la rueda de prensa que se haría a continuación.

Tras las primeras declaraciones del equipo técnico y científico, llegó el turno de uno de los pasajeros. «¿A qué época ha viajado usted?», fue la primera pregunta. «Al futuro», respondió. «¿Y qué le ha parecido la experiencia?», volvieron a preguntar. «Una mierda. Ni una biodramina me han dado para evitar el mareo. Para pasarse el viaje vomitando años, créame, mejor quedarse aquí. Que, además, para lo que hay que ver…».

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Algo parecido a un viaje en el tiempo nos ofrece el uso del presente de indicativo, que lo mismo nos sirve para hablar del ahora, del pasado y del futuro.

Puedo describir una situación que ocurre en el mismo momento en el que hablo (Escribo un relato ortográfico), que puede ser tanto algo puntual (En este momento escribo un relato ortográfico) como algo más amplio: Su prima vive ahora en Jaén.

Podemos tener un presente genérico, cuya duración se extiende en el tiempo y se convierte en propiedad permanente: El agua hierve a 100 grados. Puede ser un presente habitual que describe acciones repetidas (Lo visita a diario), un presente caracterizador o descriptivo (París es la capital de Francia); y un presente gnómico, propio de los axiomas (El dolor se calma con analgésicos).

Pero también nos habla del pasado y puede ser presente histórico: (Napoleón muere en 1821) o presente narrativo (Ayer va mi jefe y me dice…). Y nos habla de futuro, con un presente prospectivo (Tu paquete llega mañana) y un presente de mandato (Tú te comes el pollo como me llamo…).

Si esto no es viajar en el tiempo, yo ya no sé.

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Cuando se lanzó la primera compañía aérea que ofertaba viajes en el tiempo, los billetes se vendieron en cuestión de horas. El día del lanzamiento todas las televisiones y canales de internet del mundo conectaron con el lugar de partida.

Una vez a bordo todo el pasaje, las puertas de la extraña nave se cerraron y, como en un parpadeo, desapareció ante los ojos del público. A los pocos segundos, el aparato volvió a aparecer como se recupera un televisor de una interferencia. A pie de pista, los reporteros gráficos y las cámaras de televisión se agolpaban contra las vallas de protección intentando conseguir las primeras declaraciones de los viajeros en el tiempo, pero las autoridades los remitieron a la rueda de prensa que se haría a continuación.

Tras las primeras declaraciones del equipo técnico y científico, llegó el turno de uno de los pasajeros. «¿A qué época ha viajado usted?», fue la primera pregunta. «Al futuro», respondió. «¿Y qué le ha parecido la experiencia?», volvieron a preguntar. «Una mierda. Ni una biodramina me han dado para evitar el mareo. Para pasarse el viaje vomitando años, créame, mejor quedarse aquí. Que, además, para lo que hay que ver…».

Algo parecido a un viaje en el tiempo nos ofrece el uso del presente de indicativo, que lo mismo nos sirve para hablar del ahora, del pasado y del futuro.

Puedo describir una situación que ocurre en el mismo momento en el que hablo (Escribo un relato ortográfico), que puede ser tanto algo puntual (En este momento escribo un relato ortográfico) como algo más amplio: Su prima vive ahora en Jaén.

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Pero también nos habla del pasado y puede ser presente histórico: (Napoleón muere en 1821) o presente narrativo (Ayer va mi jefe y me dice…). Y nos habla de futuro, con un presente prospectivo (Tu paquete llega mañana) y un presente de mandato (Tú te comes el pollo como me llamo…).

Si esto no es viajar en el tiempo, yo ya no sé.

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