14 de octubre 2021    /   CREATIVIDAD
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‘Amarillo’: el libro en el que ‘Los Simpson’ no hacen ni pizca de gracia

Ricardo Cavolo nos invita a un viaje emocional usando a los personajes de la serie como cicerones

14 de octubre 2021    /   CREATIVIDAD     por          
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No cuesta identificar visualmente a los personajes de Los Simpson en Amarillo, el último libro que ha publicado Ricardo Cavolo con Lunwerg. Pero esos personajes amarillos retratados bajo el prisma de la mirada particular del ilustrador no te van a provocar esa sonrisa que esperas. Aquí, y como advierte el ilustrador madrileño en su prólogo, iniciarás un viaje emocional con Homer, Marge, Burt, Lisa y otros personajes icónicos de la serie de animación como cicerones. Y enfrentarse a las emociones no siempre es agradable ni fácil.

No es la primera vez que Cavolo habla de ellas. Ya lo hizo hace un par de años con su exposición La herida del héroe. Entonces, nos sumergió en los sentimientos de los personajes que el artista tenía desde niño metidos en su universo. Era un primer acercamiento a hablar, desde el arte, de un tema poco tratado como es la enfermedad mental. De hecho, él mismo pasó por una depresión seis años atrás y tuvo que aprender a enfrentarse y a abrirse a las emociones.

amarillo de Ricardo Cavolo

Usar a sus héroes infantiles le servía para estructurar su pensamiento y, a la vez, tratar el tema desde un prisma diferente. «En la exposición que mencionas, básicamente fue un tratamiento de las emociones más desde la mierda, porque era como mostrar que todos estos personajes, que de una u otra manera son personajes heroicos, también pasaban por traumas y por historias mentales negativas o complejas como cualquier otra persona», explica Cavolo.

Con Amarillo, y aunque deja en la mirada un regusto amargo, el ilustrador busca mostrar otra faceta de esta serie de animación que a él, en particular, le interesa más desde que ve Los Simpson con una mirada más adulta y consciente. «Me parece que una de las virtudes de esta serie es que quiere ser punto de entretenimiento, un poco loco, lisérgico a veces, divertido…, pero luego tiene esa faceta. Muchos personajes tienen un punto amargo en la historia o hay una historia un poco oscura de su vida que arrastran; y creo que eso la convierte en un poquito más real». Y esto, en su opinión, la acerca un poco más a nosotros.

El libro que acaba de publicar está lleno de simbolismo y de elementos de su propia iconografía. El fuego es uno de ellos, como también lo son unos fantasmales protagonistas que aparecen en todas las ilustraciones. Aunque en un primer vistazo pudieran confundirse con mujeres tapadas con burkas, Cavolo aclara que son fantasmas inspirados en el personaje sin cara de El viaje de Chihiro.

Con todo ello, explica, ha tratado de mezclar al cincuenta por ciento el universo propio de la serie con su iconografía personal: los dobles ojos, el fuego y esas expresiones y composiciones hieráticas tan frecuentes en su trabajo, influencia clara del románico que tanto le impresionó. «Vas manteniendo cosas, estilos que has practicado porque te gustaban mucho, por placer. En este caso es un poco más complejo, más difícil de ver mis influencias porque he tratado de que se reconozcan mucho los Simpson».

Además de ese simbolismo que ayuda a definir a los personajes, está el color. Al amarillo que les identifica y que da título al libro, «un color poderoso, luminoso», se suman otros como contraste que inciden aún más en remarcar lo poderoso de algunas emociones. «Alguien puede tener ese aspecto tan espectacular visualmente, pero al mismo tiempo, por dentro puede estar mal temporal o permanentemente. Me gusta mucho ese contraste. Una cosa tan colorida que, a priori, dices, wuaw, para arriba… Pero te voy a hablar hoy de otra cosa».

SIN TEXTO TODO SE ENTIENDE MEJOR

Salvo el prólogo escrito por el propio Cavolo, no hay más texto en el libro. Sobran las palabras cuando las emociones que se retratan son tan intensas. Tan solo la imagen y el intenso color sirven de idioma en este viaje emocional.

«Ya me pasó un poco cuando hice el Romancero gitano de Lorca. Rellené todas las páginas enteras de pintura, imágenes, color a sangre, etc.», recuerda. Y en este libro ese recurso es mucho más protagonista. Su intención es reproducir la sensación de meterte en un túnel en el que te vinieran todas esas imágenes una detrás de otra, «como un golpe, casi. De hecho, si te fijas, en cada doble hay veces que se agolpan diferentes puntos de vista, diferentes escenas, cosas que no cuadran por perspectiva y demás».

Porque el pensamiento es libre, no entiende de normas ni de orden ni de estructuras. Por eso tampoco hay numeración en las páginas. Abre el libro por donde quieras y atrévete a enfrentarte a la tristeza, a la ira, a la pereza, al desamor, a la soledad, al vacío, al alcoholismo, a la risa… Imágenes y sensaciones que llegan encadenadas unas a otras, arrastradas en fila india, sin atender a ninguna estructura interna. Eso ya llegará (o no).

«Es como cuando quieres explicar algo o desarrollar un tema y, antes de hacerlo ordenadamente, tienes en la cabeza muchos impactos de lo que quieres hablar, y luego los vas ordenando. Este libro es un poco como esa fase previa: muchos impactos en los que no hay muchas palabras… Yo soy una persona de lo audiovisual; entonces, muchas veces, antes de ver palabras o conceptos, lo que veo es una imagen. Es como una retahíla de impactos mentales que tienes antes de poder explicar algo», comenta Ricardo Cavolo.

«Luego, visualmente, me interesaba mucho que fuera como si te tomaras un tripi y entraras dentro de un túnel, y fueras dando vueltas casi como una montaña rusa, porque van pasando páginas y páginas y páginas de manera frenética, en la que puedes pararte más o menos. Quería que fuera como si te abrazara, como atmosférica casi».

Quizá este libro no sea apto para cualquier lector. ¿Está todo el mundo anímicamente fuerte para mirar cara a cara a ciertas emociones? «Es un riesgo», reconoce, «pero es que el arte también sirve para hablar de cosas, no sé si feas, pero desde luego que están ahí y hay que hablar de ellas. A veces son incómodas, a veces son tabú. A veces, conseguirás menos likes, menos ventas, pero me parece que uno tiene que creer en cada proyecto en el que se mete. Y yo quería hacerlo de esta manera. Es un riesgo, evidentemente, porque no es tan naif como otros proyectos, pero sí me apetecía hacer esto. Y para quien quiera entrar en ello, me parece un ejercicio interesante».

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No es la primera vez que Cavolo habla de ellas. Ya lo hizo hace un par de años con su exposición La herida del héroe. Entonces, nos sumergió en los sentimientos de los personajes que el artista tenía desde niño metidos en su universo. Era un primer acercamiento a hablar, desde el arte, de un tema poco tratado como es la enfermedad mental. De hecho, él mismo pasó por una depresión seis años atrás y tuvo que aprender a enfrentarse y a abrirse a las emociones.

amarillo de Ricardo Cavolo

Usar a sus héroes infantiles le servía para estructurar su pensamiento y, a la vez, tratar el tema desde un prisma diferente. «En la exposición que mencionas, básicamente fue un tratamiento de las emociones más desde la mierda, porque era como mostrar que todos estos personajes, que de una u otra manera son personajes heroicos, también pasaban por traumas y por historias mentales negativas o complejas como cualquier otra persona», explica Cavolo.

Con Amarillo, y aunque deja en la mirada un regusto amargo, el ilustrador busca mostrar otra faceta de esta serie de animación que a él, en particular, le interesa más desde que ve Los Simpson con una mirada más adulta y consciente. «Me parece que una de las virtudes de esta serie es que quiere ser punto de entretenimiento, un poco loco, lisérgico a veces, divertido…, pero luego tiene esa faceta. Muchos personajes tienen un punto amargo en la historia o hay una historia un poco oscura de su vida que arrastran; y creo que eso la convierte en un poquito más real». Y esto, en su opinión, la acerca un poco más a nosotros.

El libro que acaba de publicar está lleno de simbolismo y de elementos de su propia iconografía. El fuego es uno de ellos, como también lo son unos fantasmales protagonistas que aparecen en todas las ilustraciones. Aunque en un primer vistazo pudieran confundirse con mujeres tapadas con burkas, Cavolo aclara que son fantasmas inspirados en el personaje sin cara de El viaje de Chihiro.

Con todo ello, explica, ha tratado de mezclar al cincuenta por ciento el universo propio de la serie con su iconografía personal: los dobles ojos, el fuego y esas expresiones y composiciones hieráticas tan frecuentes en su trabajo, influencia clara del románico que tanto le impresionó. «Vas manteniendo cosas, estilos que has practicado porque te gustaban mucho, por placer. En este caso es un poco más complejo, más difícil de ver mis influencias porque he tratado de que se reconozcan mucho los Simpson».

Además de ese simbolismo que ayuda a definir a los personajes, está el color. Al amarillo que les identifica y que da título al libro, «un color poderoso, luminoso», se suman otros como contraste que inciden aún más en remarcar lo poderoso de algunas emociones. «Alguien puede tener ese aspecto tan espectacular visualmente, pero al mismo tiempo, por dentro puede estar mal temporal o permanentemente. Me gusta mucho ese contraste. Una cosa tan colorida que, a priori, dices, wuaw, para arriba… Pero te voy a hablar hoy de otra cosa».

SIN TEXTO TODO SE ENTIENDE MEJOR

Salvo el prólogo escrito por el propio Cavolo, no hay más texto en el libro. Sobran las palabras cuando las emociones que se retratan son tan intensas. Tan solo la imagen y el intenso color sirven de idioma en este viaje emocional.

«Ya me pasó un poco cuando hice el Romancero gitano de Lorca. Rellené todas las páginas enteras de pintura, imágenes, color a sangre, etc.», recuerda. Y en este libro ese recurso es mucho más protagonista. Su intención es reproducir la sensación de meterte en un túnel en el que te vinieran todas esas imágenes una detrás de otra, «como un golpe, casi. De hecho, si te fijas, en cada doble hay veces que se agolpan diferentes puntos de vista, diferentes escenas, cosas que no cuadran por perspectiva y demás».

Porque el pensamiento es libre, no entiende de normas ni de orden ni de estructuras. Por eso tampoco hay numeración en las páginas. Abre el libro por donde quieras y atrévete a enfrentarte a la tristeza, a la ira, a la pereza, al desamor, a la soledad, al vacío, al alcoholismo, a la risa… Imágenes y sensaciones que llegan encadenadas unas a otras, arrastradas en fila india, sin atender a ninguna estructura interna. Eso ya llegará (o no).

«Es como cuando quieres explicar algo o desarrollar un tema y, antes de hacerlo ordenadamente, tienes en la cabeza muchos impactos de lo que quieres hablar, y luego los vas ordenando. Este libro es un poco como esa fase previa: muchos impactos en los que no hay muchas palabras… Yo soy una persona de lo audiovisual; entonces, muchas veces, antes de ver palabras o conceptos, lo que veo es una imagen. Es como una retahíla de impactos mentales que tienes antes de poder explicar algo», comenta Ricardo Cavolo.

«Luego, visualmente, me interesaba mucho que fuera como si te tomaras un tripi y entraras dentro de un túnel, y fueras dando vueltas casi como una montaña rusa, porque van pasando páginas y páginas y páginas de manera frenética, en la que puedes pararte más o menos. Quería que fuera como si te abrazara, como atmosférica casi».

Quizá este libro no sea apto para cualquier lector. ¿Está todo el mundo anímicamente fuerte para mirar cara a cara a ciertas emociones? «Es un riesgo», reconoce, «pero es que el arte también sirve para hablar de cosas, no sé si feas, pero desde luego que están ahí y hay que hablar de ellas. A veces son incómodas, a veces son tabú. A veces, conseguirás menos likes, menos ventas, pero me parece que uno tiene que creer en cada proyecto en el que se mete. Y yo quería hacerlo de esta manera. Es un riesgo, evidentemente, porque no es tan naif como otros proyectos, pero sí me apetecía hacer esto. Y para quien quiera entrar en ello, me parece un ejercicio interesante».

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Opiniones 2
  • Yo estas cosas no las entiendo. ¿Qué sentido tiene que este libro exista? ¿Por qué este autor no puede crear sus propios personajes en vez de apoderarse de creaciones ajenas? Y, finalmente, ¿no sería de ley que 20th Century Fox le metiese una buena demanda por bastardización de copyright?

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