12 de agosto 2021    /   IDEAS
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Noel Ceballos crea el gran código de las teorías de la conspiración

Hablamos con el periodista y escritor sobre 'El pensamiento conspiranoico', su último libro

12 de agosto 2021    /   IDEAS     por          
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Para teoría de la conspiración, la de este libro. El periodista y escritor Noel Ceballos estaba preparando un ensayo sobre el pensamiento conspiranoico. Se estaba documentando sobre unas ideas que flotaban en los márgenes de la sociedad, pero que empezaban a tener cada vez más peso.

Era diciembre de 2019 y el mundo estaba a punto de cambiar. A medida que escribía, los acontecimientos se agolpaban en el televisor. Un virus nos encerró en casa y la gente se volvió loca. Algunos empezaron a pegarse monedas en la piel, otros salieron a la calle a quemar nieve y los más envalentonados asaltaron el Capitolio. El pensamiento conspiranoico pasó de los tuits a los titulares.

Ceballos asegura que todos estos acontecimientos han sido casuales y que no corresponden a un plan orquestado para vender más ejemplares de El pensamiento conspiranoico, su último libro. De hecho, lamenta, la realidad hizo que cambiara su idea de hacer un compendio cronológico de estas teorías y que decidiera saltar del pasado al presente. Del terraplanismo, a los illuminati, de Franco al Pizzagate, de Bill Gates a la Revolución Francesa.

A pesar de estos saltos temporales, se percibe en las ideas que describe este libro una coherencia y linealidad que asustan. Al fin y al cabo, como dice Ceballos en el libro, «Quanon es la versión pop y posmoderna de Los protocolos de Sión». La historia no se repite pero rima. Sus mentiras también.

Eres periodista, trabajas en un medio oficial y acabas de publicar un libro llamado El pensamiento conspiranoico. No sé si ya te has convertido en un pequeño Bill Gates a escala nacional… 

Todavía no, todavía no. Tampoco me interesa demasiado la gente que cree en las conspiraciones. Me interesa la conspiración en sí. No quiero saber por qué la gente concreta cree, sino cómo existen todas estas conspiraciones, cómo circulan de país en país y de década en década. Y qué es lo que nos dicen sobre los miedos y las ansiedades de cada momento temporal concreto.

Muchas veces las conspiraciones son una metáfora de una serie de miedos y ansiedades que están latentes en la sociedad. Se les da forma a través de grandes invenciones causadas por quimeras colectivas que son las conspiraciones.

La conspiración es una herramienta a través de la cual se accede a la verdad

¿Somos las mentiras que nos contamos?

Y las que nos creemos. Porque no todo el mundo que participa en la creación del pensamiento conspiranoico cree en él. En la actualidad hay gente que lo sigue de forma irónica y otros que son verdaderos creyentes. Son, digamos, los dos modos de abordarlo. Hay quienes lo hacen desde un punto de vista casi antropológico. Y quienes de verdaLa conspiración es, por lo tanto, una herramienta a través de la cual se accede a la verdadd creen en esto y creen que la versión oficial de las cosas es una mentira que nos cuentan desde el poder para mantenernos mansos y adormilados. .

Tendemos a pensar que las teorías de la conspiración son cosa del presente, pero en tu libro haces un compendio histórico citando varios libros que podrían considerarse algo así como las Biblias de la conspiranoia

Más bien una gran biblioteca. Antes de que existiese internet ya había memes, había mensajes que se hacían virales. Los protocolos de los sabios de Sión [libelo antisemita publicado en 1902 para justificar la persecución de los judíos en la Rusia zarista] fue viajando de país en país. En cada lugar donde se publicaba, se le añadían una serie de particularidades o modificaciones locales. Esta es una de las principales características de un meme, que va alterando su composición para adaptarse al contexto.

A partir de la Revolución Francesa, que es cuando empieza realmente el pensamiento conspiranoico, empiezan a proliferar este tipo de libros. Y siguen evolucionando hasta ahora. Hoy también hay literatura conspiranoica, en Amazon la puedes encontrar muy fácilmente. Pero lo literario ya no es el soporte principal. El soporte principal son las redes sociales.

Y ahí radica en parte su éxito, ¿no?, porque aunque los libros tengan potencial memético, un tuit siempre va a ser más viral que un libro

Exacto. Y aún más, un vídeo. Ahora mismo YouTube es una de las grandes plataformas de difusión del pensamiento conspiranoico. El hecho de que este se transmita por la red tiene otras consecuencias. Por ejemplo, lo hace más cacofónico.

No hay una verdad oficial y consensuada. No nos ponemos de acuerdo en los hechos, ni siquiera porque vivimos en la era de la desinformación, de las fake news, de las cámaras de eco. No hay una monocultura. Hay pequeñas culturas, pequeños grupos de interés. Cada uno tiene su forma de entender las noticias y su cosmovisión.

En el pensamiento conspiranoico no hay un relato hegemónico, una cosmovisión hegemónica. Ahora circulan teorías de la conspiración que, en el fondo, son diferentes formas de interpretar el mundo.

La forma es distinta, pero el fondo no tanto. ¿Cómo ha llegado, por ejemplo, Los protocolos de los sabios de Sión, hasta nuestros días? ¿Cómo se ha ido transformando ese meme hasta llegar al pensamiento conspiranoico actual?

Pues de una forma no tan evidente. En el odio a George Soros [un inversionista y filántropo estadounidense de ascendencia judía]. Mucha gente que odia a Soros no se da cuenta de que todo lo que subyace detrás es puro antisemitismo. Digamos que esas huellas se han cubierto. Ahora se identifica a Soros como la cara visible de una élite supuestamente progresista, pero que, en realidad, lo que quiere es dominar el mundo y crear un robo social.

Esta idea es la misma que propagaban antiguos libelos y rumores conspiracionistas que se le achacaba a la comunidad judía a principios del siglo XX. Y que acabó desembocando, como todos sabemos, en el horror del Holocausto. Ahora ya nadie es antisemita de una forma explícita y evidente. Pero hay muchísimas corrientes conspiranoicas que siguen teniendo ese antisemitismo inherente, posiblemente invisible incluso a sus propios ojos. Han creado un personaje de ficción que es este George Soros que describen en libros y que no tiene nada que ver con el original, es más parecido a supervillanos o genios del mal.

Las conspiraciones se nutren de la ficción y las ficciones se nutren de la conspiración. Están siempre dialogando entre ellas

Supervillanos como Moriarti, a quien citas en el libro como un personaje que ha influido mucho en la creación colectiva de estos mitos. ¿Qué importancia tiene la ficción en la creación de los relatos conspiranoicos? 

Hay un doble trasvase. Muchas conspiraciones están basadas en ficciones. En películas o en novelas como El código Da Vinci. Estas sociedades secretas que supuestamente gobiernan el mundo tienen mucho de Spectra, el grupo de villanos de la saga de James Bond. O de Hidra, los malos de Marvel. Pero al mismo tiempo, estas ficciones también se inspiran en la conspiranoia de cada momento.

En la última película de James Bond, que trata precisamente sobre Spectra, vemos una reunión de este grupo de malvados y su puesta en escena está hecha a imagen y semejanza de los rumores que escuchamos sobre cómo es el Club Bilderberg o los illuminati. Es como este dibujo de Escher en el que una mano dibuja la otra. Las conspiraciones se nutren de la ficción y las ficciones se nutren de la conspiración. Están siempre dialogando entre ellas.

En la nueva temporada de la saga conspiranoia, hay un nuevo supervillano: Bill Gates. Arrancas el libro hablando de él. ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Cómo alguien con su fama, con su aspecto, ha pasado a convertirse en el hombre más malvado del mundo?

Bueno, es que Bill Gates demostró un interés por los virus muy temprano. En 2015 dio una TED Talk sobre la guerra bacteriológica. Dijo que la Tercera Guerra Mundial no se lucharía con armas, sino con virus. Y dedicó mucho dinero a investigar sobre vacunas. Él ya preveía que podía ser un problema a medida que el mundo se iba complejizando, y al final tuvo toda la razón.

Cuando llegó la pandemia y llegaron los confinamientos, mucha gente se encontró con una situación imposible de racionalizar. Era algo que no tenía precedentes, que nos dejó en casa en muchas ocasiones solos, con mucho tiempo para pensar, viendo y viviendo auténticas tragedias a nuestro alrededor. Todo eso es un caldo de cultivo perfecto para la conspiranoia, porque lo que te lleva es a buscar culpables. Y Bill Gates es un culpable perfecto por esa similitud con las ficciones de la que hablábamos.

Si esto fuera un thriller, si fuera un best seller de Dan Brown, ¿quién sería el auténtico responsable? Pues el multimillonario que empezó a hablar de la guerra bacteriológica hace cinco años. O sea, él mismo: creó el veneno y también creó la cura para su beneficio personal. Es una explicación atractiva y, sobre todo, sencilla. Y estamos hablando de solucionar un problema que no tiene explicaciones sencillas ni atractivas.

pensamiento conspiranoico

Gates predijo muchas cosas, pero nadie ha sabido ver el futuro como Los Simpson

Y por eso hay una teoría de la conspiración sobre cómo adivinan el futuro, pero nadie se la toma demasiado en serio. Yo creo que sus creadores tienen tanta lucidez que muchas veces aciertan. Y la experiencia humana completa, o al menos toda la experiencia de la modernidad, está contenida en Los Simpson.

En siglos pasados, la gente tenía un referente común que era Shakespeare. Y en las obras de Shakespeare estaba contenida toda la experiencia humana. Y cuando ponían un ejemplo de ficción para explicar algo que estaba ocurriendo en la vida real, recurrían a sus libros porque ahí estaba todo. Pues ahora ese esperanto cultural lo han colonizado Los Simpson. Por eso nos sirve para explicar de manera muy sencilla acontecimientos que suceden en nuestras vidas. Como todos compartimos ese código, por así decirlo, se entienden muy bien.

Para las dictaduras, la conspiración es una herramienta increíblemente útil

De los Simpsons a Franco: ¿Fue el dictador un conspiranoico?

Ja, ja, ja. Sí, lo fue. Para las dictaduras, la conspiración es una herramienta increíblemente útil. Y Franco la usó. Detectó quiénes eran sus enemigos personales: el comunismo, la masonería y los judíos. Y los juntó en una misma entidad, en una gran conspiración judeo-masónica-comunista. Así la llamaba. Y aseguraba que no eran solamente sus enemigos personales, sino que los extendió hacia todo el pueblo español. Eran los enemigos de la nación. Era una confabulación internacional obcecada en hacer daño a España e impedir que España alcanzase su grandeza.

Eso resulta muy útil porque es la idea de un enemigo exterior. Si lo que quiere es cohesionar a un país, más con la autarquía en las que estaba el franquismo en sus primeras décadas, pues qué mejor que proponerles un modelo de ellos contra nosotros. Y ellos era una hidra tan grande, de tantas cabezas y tan descomunal, que no había más remedio que unirnos todos e impedir que ese enemigo exterior nos detuviera.

En este sentido, Franco usó la conspiranoia a su favor, como tantos otros dictadores. Pero nadie lo hizo de una forma tan obvia y evidente, casi diría tan ejemplar para los propósitos de este libro, como Franco. Escribió panfletos conspiranoicos con pseudónimo. Se hacía llamar Jakim Boor, como para insinuar que no lo decía un español, sino una eminencia internacional en el tema de la conspiración.

El contexto histórico es muy distinto, pero ¿hasta qué punto puede el pensamiento conspiranoico infiltrarse en las esferas de poder como ha sucedido con Trump?

Donald Trump es la evolución de esa misma raza, es el conspiranoico en jefe. Fue el primer presidente de Estados Unidos no solo abiertamente conspiranoico, sino que a través de su órgano de comunicación oficial, que era su cuenta de Twitter, daba pábulo semanalmente a teorías de la conspiración. Diseminaba información falsa en contra de los enemigos de la nación, que eran, curiosamente, también sus enemigos personales.

Es extraño, porque lo normal para el pensamiento conspiranoico es que los enemigos estén en Washington, que la Casa Blanca sea un nido de víboras, pero aquí es todo lo contrario. Es un presidente de Estados Unidos el que estaba asegurándose de que esas conspiraciones no llegaran al pueblo. Es lo que a mí me gustaba bautizar como una conspiración benévola.

Lo que decían era «parece que Donald Trump no está haciendo nada contra contra la cábala de satanistas que ha tomado el control del Partido Demócrata, pero en realidad sí. Lo que pasa es que no lo pueden hacer abiertamente. Está trabajando en secreto contra el Partido Demócrata». Luego hay una conspiración, sí, pero sorprendentemente benévola.

Cuando hablamos de conspiranoicos, todos pensamos en Miguel Bosé, que mencionas también en el libro. No sé si podría ser un arquetipo de conspiranoico o si hay un arquetipo, si hay un perfil más o menos claro

Lo interesante, lo preocupante de estos últimos meses, es que ha convertido en conspiranoicos a gente que jamás sospecharías que se iba meter en esta madriguera de conejo. Así pues, yo creo que ya no hay. Las conspiraciones están demasiado extendidas. Yo lo veo más como un virus mental que ni siquiera nosotros sabemos cuándo lo vamos a coger.

¿Y las vacunas contra el virus, en este caso, no funcionan?

Es complicado porque el pensamiento conspiranoico es la sospecha y la duda de todo; en el momento en el que empiezas a sospechar de que los medios de comunicación mainstream están mintiendo. De que están dominados en la sombra por poderes ocultos que nos tienen comprados y que, por tanto, los utilizan como órganos de difusión de sus mentiras.

¿Cómo se sale de eso? Cuando pones en duda la realidad más tangible, es muy difícil salir, volver atrás. No es imposible. Yo lo comparo mucho con las sectas. No se puede salir de una secta. Es como ponerse unas gafas. Una vez te las pones, todo lo que ves, todo lo que experimentas, está tamizado por ese marco. Y ya es muy difícil quitarte esas gafas.

Pensar que todo lo malo que nos sucede es por obra de nuestros enemigos, de alguien que nos quiere hacer mal en lugar de asumir nuestra propia responsabilidad, es el primer paso hacia empezar a creer que realmente las manos negras dominan el mundo

Y muy fácil ponértelas. Pensar que alguien nos pone la pierna encima, como diría Jorge de Gran Hermano. O que una mano negra nos ha traicionado, como decía Isabel Ayuso con el escándalo de su habitación en el RoomMate. ¿Por qué narras estas historias, digamos, más chiquititas, menos extremas, en tu libro?

Es una forma de ir de lo más particular o cotidiano a lo macro, a las claves para dominar el mundo. Con estos ejemplos se puede entender qué procesos mentales realizamos habitualmente que tienen ya el germen del pensamiento conspiranoico. El pensar que todo lo malo que nos sucede es por obra de nuestros enemigos, de alguien que nos quiere hacer mal en lugar de asumir nuestra propia responsabilidad.

Eso es el primer paso hacia empezar a creer que realmente las manos negras dominan el mundo. Y que nosotros, como sociedad, no paramos de experimentar desgracias porque hay un plan detrás matemáticamente trazado por gente interesada en conducirnos por un lado o por otro.

La alternativa es asumir que estamos en manos del caos y de la arbitrariedad y de la torpeza y de la confusión, que son un poco los motores del mundo moderno. Pero resulta más tranquilizador pensar que hay un plan, aunque sea malvado. Pero un plan al fin y al cabo.

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Para teoría de la conspiración, la de este libro. El periodista y escritor Noel Ceballos estaba preparando un ensayo sobre el pensamiento conspiranoico. Se estaba documentando sobre unas ideas que flotaban en los márgenes de la sociedad, pero que empezaban a tener cada vez más peso.

Era diciembre de 2019 y el mundo estaba a punto de cambiar. A medida que escribía, los acontecimientos se agolpaban en el televisor. Un virus nos encerró en casa y la gente se volvió loca. Algunos empezaron a pegarse monedas en la piel, otros salieron a la calle a quemar nieve y los más envalentonados asaltaron el Capitolio. El pensamiento conspiranoico pasó de los tuits a los titulares.

Ceballos asegura que todos estos acontecimientos han sido casuales y que no corresponden a un plan orquestado para vender más ejemplares de El pensamiento conspiranoico, su último libro. De hecho, lamenta, la realidad hizo que cambiara su idea de hacer un compendio cronológico de estas teorías y que decidiera saltar del pasado al presente. Del terraplanismo, a los illuminati, de Franco al Pizzagate, de Bill Gates a la Revolución Francesa.

A pesar de estos saltos temporales, se percibe en las ideas que describe este libro una coherencia y linealidad que asustan. Al fin y al cabo, como dice Ceballos en el libro, «Quanon es la versión pop y posmoderna de Los protocolos de Sión». La historia no se repite pero rima. Sus mentiras también.

Eres periodista, trabajas en un medio oficial y acabas de publicar un libro llamado El pensamiento conspiranoico. No sé si ya te has convertido en un pequeño Bill Gates a escala nacional… 

Todavía no, todavía no. Tampoco me interesa demasiado la gente que cree en las conspiraciones. Me interesa la conspiración en sí. No quiero saber por qué la gente concreta cree, sino cómo existen todas estas conspiraciones, cómo circulan de país en país y de década en década. Y qué es lo que nos dicen sobre los miedos y las ansiedades de cada momento temporal concreto.

Muchas veces las conspiraciones son una metáfora de una serie de miedos y ansiedades que están latentes en la sociedad. Se les da forma a través de grandes invenciones causadas por quimeras colectivas que son las conspiraciones.

La conspiración es una herramienta a través de la cual se accede a la verdad

¿Somos las mentiras que nos contamos?

Y las que nos creemos. Porque no todo el mundo que participa en la creación del pensamiento conspiranoico cree en él. En la actualidad hay gente que lo sigue de forma irónica y otros que son verdaderos creyentes. Son, digamos, los dos modos de abordarlo. Hay quienes lo hacen desde un punto de vista casi antropológico. Y quienes de verdaLa conspiración es, por lo tanto, una herramienta a través de la cual se accede a la verdadd creen en esto y creen que la versión oficial de las cosas es una mentira que nos cuentan desde el poder para mantenernos mansos y adormilados. .

¿Somos las mentiras que nos contamos?

Y las que nos creemos. Porque no todo el mundo que participa en la creación del pensamiento conspiranoico cree en él. En la actualidad hay gente que lo sigue de forma irónica y otros que son verdaderos creyentes. Son, digamos, los dos modos de abordarlo. Hay quienes lo hacen desde un punto de vista casi antropológico. Y quienes de verdaLa conspiración es, por lo tanto, una herramienta a través de la cual se accede a la verdadd creen en esto y creen que la versión oficial de las cosas es una mentira que nos cuentan desde el poder para mantenernos mansos y adormilados. .

Tendemos a pensar que las teorías de la conspiración son cosa del presente, pero en tu libro haces un compendio histórico citando varios libros que podrían considerarse algo así como las Biblias de la conspiranoia

Más bien una gran biblioteca. Antes de que existiese internet ya había memes, había mensajes que se hacían virales. Los protocolos de los sabios de Sión [libelo antisemita publicado en 1902 para justificar la persecución de los judíos en la Rusia zarista] fue viajando de país en país. En cada lugar donde se publicaba, se le añadían una serie de particularidades o modificaciones locales. Esta es una de las principales características de un meme, que va alterando su composición para adaptarse al contexto.

A partir de la Revolución Francesa, que es cuando empieza realmente el pensamiento conspiranoico, empiezan a proliferar este tipo de libros. Y siguen evolucionando hasta ahora. Hoy también hay literatura conspiranoica, en Amazon la puedes encontrar muy fácilmente. Pero lo literario ya no es el soporte principal. El soporte principal son las redes sociales.

Y ahí radica en parte su éxito, ¿no?, porque aunque los libros tengan potencial memético, un tuit siempre va a ser más viral que un libro

Exacto. Y aún más, un vídeo. Ahora mismo YouTube es una de las grandes plataformas de difusión del pensamiento conspiranoico. El hecho de que este se transmita por la red tiene otras consecuencias. Por ejemplo, lo hace más cacofónico.

No hay una verdad oficial y consensuada. No nos ponemos de acuerdo en los hechos, ni siquiera porque vivimos en la era de la desinformación, de las fake news, de las cámaras de eco. No hay una monocultura. Hay pequeñas culturas, pequeños grupos de interés. Cada uno tiene su forma de entender las noticias y su cosmovisión.

En el pensamiento conspiranoico no hay un relato hegemónico, una cosmovisión hegemónica. Ahora circulan teorías de la conspiración que, en el fondo, son diferentes formas de interpretar el mundo.

La forma es distinta, pero el fondo no tanto. ¿Cómo ha llegado, por ejemplo, Los protocolos de los sabios de Sión, hasta nuestros días? ¿Cómo se ha ido transformando ese meme hasta llegar al pensamiento conspiranoico actual?

Pues de una forma no tan evidente. En el odio a George Soros [un inversionista y filántropo estadounidense de ascendencia judía]. Mucha gente que odia a Soros no se da cuenta de que todo lo que subyace detrás es puro antisemitismo. Digamos que esas huellas se han cubierto. Ahora se identifica a Soros como la cara visible de una élite supuestamente progresista, pero que, en realidad, lo que quiere es dominar el mundo y crear un robo social.

Esta idea es la misma que propagaban antiguos libelos y rumores conspiracionistas que se le achacaba a la comunidad judía a principios del siglo XX. Y que acabó desembocando, como todos sabemos, en el horror del Holocausto. Ahora ya nadie es antisemita de una forma explícita y evidente. Pero hay muchísimas corrientes conspiranoicas que siguen teniendo ese antisemitismo inherente, posiblemente invisible incluso a sus propios ojos. Han creado un personaje de ficción que es este George Soros que describen en libros y que no tiene nada que ver con el original, es más parecido a supervillanos o genios del mal.

Las conspiraciones se nutren de la ficción y las ficciones se nutren de la conspiración. Están siempre dialogando entre ellas

Supervillanos como Moriarti, a quien citas en el libro como un personaje que ha influido mucho en la creación colectiva de estos mitos. ¿Qué importancia tiene la ficción en la creación de los relatos conspiranoicos? 

Hay un doble trasvase. Muchas conspiraciones están basadas en ficciones. En películas o en novelas como El código Da Vinci. Estas sociedades secretas que supuestamente gobiernan el mundo tienen mucho de Spectra, el grupo de villanos de la saga de James Bond. O de Hidra, los malos de Marvel. Pero al mismo tiempo, estas ficciones también se inspiran en la conspiranoia de cada momento.

En la última película de James Bond, que trata precisamente sobre Spectra, vemos una reunión de este grupo de malvados y su puesta en escena está hecha a imagen y semejanza de los rumores que escuchamos sobre cómo es el Club Bilderberg o los illuminati. Es como este dibujo de Escher en el que una mano dibuja la otra. Las conspiraciones se nutren de la ficción y las ficciones se nutren de la conspiración. Están siempre dialogando entre ellas.

En la nueva temporada de la saga conspiranoia, hay un nuevo supervillano: Bill Gates. Arrancas el libro hablando de él. ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Cómo alguien con su fama, con su aspecto, ha pasado a convertirse en el hombre más malvado del mundo?

Bueno, es que Bill Gates demostró un interés por los virus muy temprano. En 2015 dio una TED Talk sobre la guerra bacteriológica. Dijo que la Tercera Guerra Mundial no se lucharía con armas, sino con virus. Y dedicó mucho dinero a investigar sobre vacunas. Él ya preveía que podía ser un problema a medida que el mundo se iba complejizando, y al final tuvo toda la razón.

Cuando llegó la pandemia y llegaron los confinamientos, mucha gente se encontró con una situación imposible de racionalizar. Era algo que no tenía precedentes, que nos dejó en casa en muchas ocasiones solos, con mucho tiempo para pensar, viendo y viviendo auténticas tragedias a nuestro alrededor. Todo eso es un caldo de cultivo perfecto para la conspiranoia, porque lo que te lleva es a buscar culpables. Y Bill Gates es un culpable perfecto por esa similitud con las ficciones de la que hablábamos.

Si esto fuera un thriller, si fuera un best seller de Dan Brown, ¿quién sería el auténtico responsable? Pues el multimillonario que empezó a hablar de la guerra bacteriológica hace cinco años. O sea, él mismo: creó el veneno y también creó la cura para su beneficio personal. Es una explicación atractiva y, sobre todo, sencilla. Y estamos hablando de solucionar un problema que no tiene explicaciones sencillas ni atractivas.

pensamiento conspiranoico

Gates predijo muchas cosas, pero nadie ha sabido ver el futuro como Los Simpson

Y por eso hay una teoría de la conspiración sobre cómo adivinan el futuro, pero nadie se la toma demasiado en serio. Yo creo que sus creadores tienen tanta lucidez que muchas veces aciertan. Y la experiencia humana completa, o al menos toda la experiencia de la modernidad, está contenida en Los Simpson.

En siglos pasados, la gente tenía un referente común que era Shakespeare. Y en las obras de Shakespeare estaba contenida toda la experiencia humana. Y cuando ponían un ejemplo de ficción para explicar algo que estaba ocurriendo en la vida real, recurrían a sus libros porque ahí estaba todo. Pues ahora ese esperanto cultural lo han colonizado Los Simpson. Por eso nos sirve para explicar de manera muy sencilla acontecimientos que suceden en nuestras vidas. Como todos compartimos ese código, por así decirlo, se entienden muy bien.

Para las dictaduras, la conspiración es una herramienta increíblemente útil

De los Simpsons a Franco: ¿Fue el dictador un conspiranoico?

Ja, ja, ja. Sí, lo fue. Para las dictaduras, la conspiración es una herramienta increíblemente útil. Y Franco la usó. Detectó quiénes eran sus enemigos personales: el comunismo, la masonería y los judíos. Y los juntó en una misma entidad, en una gran conspiración judeo-masónica-comunista. Así la llamaba. Y aseguraba que no eran solamente sus enemigos personales, sino que los extendió hacia todo el pueblo español. Eran los enemigos de la nación. Era una confabulación internacional obcecada en hacer daño a España e impedir que España alcanzase su grandeza.

Eso resulta muy útil porque es la idea de un enemigo exterior. Si lo que quiere es cohesionar a un país, más con la autarquía en las que estaba el franquismo en sus primeras décadas, pues qué mejor que proponerles un modelo de ellos contra nosotros. Y ellos era una hidra tan grande, de tantas cabezas y tan descomunal, que no había más remedio que unirnos todos e impedir que ese enemigo exterior nos detuviera.

En este sentido, Franco usó la conspiranoia a su favor, como tantos otros dictadores. Pero nadie lo hizo de una forma tan obvia y evidente, casi diría tan ejemplar para los propósitos de este libro, como Franco. Escribió panfletos conspiranoicos con pseudónimo. Se hacía llamar Jakim Boor, como para insinuar que no lo decía un español, sino una eminencia internacional en el tema de la conspiración.

El contexto histórico es muy distinto, pero ¿hasta qué punto puede el pensamiento conspiranoico infiltrarse en las esferas de poder como ha sucedido con Trump?

Donald Trump es la evolución de esa misma raza, es el conspiranoico en jefe. Fue el primer presidente de Estados Unidos no solo abiertamente conspiranoico, sino que a través de su órgano de comunicación oficial, que era su cuenta de Twitter, daba pábulo semanalmente a teorías de la conspiración. Diseminaba información falsa en contra de los enemigos de la nación, que eran, curiosamente, también sus enemigos personales.

Es extraño, porque lo normal para el pensamiento conspiranoico es que los enemigos estén en Washington, que la Casa Blanca sea un nido de víboras, pero aquí es todo lo contrario. Es un presidente de Estados Unidos el que estaba asegurándose de que esas conspiraciones no llegaran al pueblo. Es lo que a mí me gustaba bautizar como una conspiración benévola.

Lo que decían era «parece que Donald Trump no está haciendo nada contra contra la cábala de satanistas que ha tomado el control del Partido Demócrata, pero en realidad sí. Lo que pasa es que no lo pueden hacer abiertamente. Está trabajando en secreto contra el Partido Demócrata». Luego hay una conspiración, sí, pero sorprendentemente benévola.

Cuando hablamos de conspiranoicos, todos pensamos en Miguel Bosé, que mencionas también en el libro. No sé si podría ser un arquetipo de conspiranoico o si hay un arquetipo, si hay un perfil más o menos claro

Lo interesante, lo preocupante de estos últimos meses, es que ha convertido en conspiranoicos a gente que jamás sospecharías que se iba meter en esta madriguera de conejo. Así pues, yo creo que ya no hay. Las conspiraciones están demasiado extendidas. Yo lo veo más como un virus mental que ni siquiera nosotros sabemos cuándo lo vamos a coger.

¿Y las vacunas contra el virus, en este caso, no funcionan?

Es complicado porque el pensamiento conspiranoico es la sospecha y la duda de todo; en el momento en el que empiezas a sospechar de que los medios de comunicación mainstream están mintiendo. De que están dominados en la sombra por poderes ocultos que nos tienen comprados y que, por tanto, los utilizan como órganos de difusión de sus mentiras.

¿Cómo se sale de eso? Cuando pones en duda la realidad más tangible, es muy difícil salir, volver atrás. No es imposible. Yo lo comparo mucho con las sectas. No se puede salir de una secta. Es como ponerse unas gafas. Una vez te las pones, todo lo que ves, todo lo que experimentas, está tamizado por ese marco. Y ya es muy difícil quitarte esas gafas.

Pensar que todo lo malo que nos sucede es por obra de nuestros enemigos, de alguien que nos quiere hacer mal en lugar de asumir nuestra propia responsabilidad, es el primer paso hacia empezar a creer que realmente las manos negras dominan el mundo

Y muy fácil ponértelas. Pensar que alguien nos pone la pierna encima, como diría Jorge de Gran Hermano. O que una mano negra nos ha traicionado, como decía Isabel Ayuso con el escándalo de su habitación en el RoomMate. ¿Por qué narras estas historias, digamos, más chiquititas, menos extremas, en tu libro?

Es una forma de ir de lo más particular o cotidiano a lo macro, a las claves para dominar el mundo. Con estos ejemplos se puede entender qué procesos mentales realizamos habitualmente que tienen ya el germen del pensamiento conspiranoico. El pensar que todo lo malo que nos sucede es por obra de nuestros enemigos, de alguien que nos quiere hacer mal en lugar de asumir nuestra propia responsabilidad.

Eso es el primer paso hacia empezar a creer que realmente las manos negras dominan el mundo. Y que nosotros, como sociedad, no paramos de experimentar desgracias porque hay un plan detrás matemáticamente trazado por gente interesada en conducirnos por un lado o por otro.

La alternativa es asumir que estamos en manos del caos y de la arbitrariedad y de la torpeza y de la confusión, que son un poco los motores del mundo moderno. Pero resulta más tranquilizador pensar que hay un plan, aunque sea malvado. Pero un plan al fin y al cabo.

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