27 de julio 2022    /   CREATIVIDAD
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Por qué cada vez tenemos peor letra: ¿ha acabado la tecnología con la buena caligrafía?

27 de julio 2022    /   CREATIVIDAD     por          
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«Antes tenías mejor letra». Es algo que me ha dicho mi madre no en una sino en varias ocasiones durante los últimos años, cuando se ha tenido que enfrentar a alguna nota que le he dejado con algún mensaje. Cuando hablamos por WhatsApp no tiene que enfrentarse a mi mala caligrafía, pero sí cuando lo hacemos por notas escritas. Y no ha sido tímida a la hora de decirme que mi letra nadie la entiende. «Con lo bonita que la tenías antes, que era redondita».

¿He ido a peor en la escritura desde que era adolescente? ¿O es mi terrible caligrafía no solo una oportunidad perdida de haber estudiado Medicina —bien sabe todo el mundo que lo más importante para ser médica es tener mala letra—, sino un síntoma de cómo han cambiado los tiempos? Al fin y al cabo, cada vez es más habitual cruzarse con cuadernillos, como los de la etapa escolar, pero para adultos. Parece inevitable pensar que, como ahora escribimos a mano mucho menos, hemos perdido el ejercicio de la buena caligrafía. Acusar a las pantallas y a la tecnología de estar matando a la buena letra resulta casi lo esperable.

Decidida a descubrir por qué escribimos peor (y si lo hacemos), les pregunté sobre nuestra caligrafía a los editores de los Cuadernos Rubio, esos en los que la infancia milenial aprendimos a escribir, pero donde también lo hicieron nuestros padres. «A grandes rasgos, podría decirse que nuestra caligrafía sí que ha ido perdiendo precisión con el paso de los años», concede Enrique Rubio, director general de Rubio.

Enrique Rubio da una lista de «múltiples factores» por los que esto está ocurriendo. «Entre los principales, están la pérdida del hábito de la escritura a mano debido a la aparición de las nuevas tecnologías, que han supuesto un cambio importante en la forma en la que escribimos», señala.

 

Imagen: Cuadernos Rubio

 

Además, también ha cambiado el peso que tiene la caligrafía en la educación. «Antiguamente, en las escuelas se hacía mucho hincapié en la importancia de trabajar la caligrafía porque era parte de tu presentación y una puerta de entrada al mundo laboral», apunta. «Los jóvenes no la practican, y lo que no se practica no puede llegar a convertirse en costumbre».

«Y quien la tenía (los mayores) la ha perdido por falta de necesidad», me dice, por otro lado, Anna Coll, de la Escuela de Caligrafía Deletras, quien, por cierto, me señala que la buena letra es «la itálica, basada en formas triangulares». Mi letra «redondita» estaba condenada desde el principio.

La cuestión de si la tecnología ha matado a la caligrafía no es exactamente nueva. Durante la última década se han ido sucediendo análisis y estudios que abordaban la cuestión. En 2012, un estudio británico ya señalaba que el 33% de las personas tenía problemas para leer su propia letra (el viral momento de Mariano Rajoy en el que justamente le pasaba eso fue del año anterior), pero también que, en realidad, se estaba escribiendo menos a mano. Uno de cada tres participantes en el estudio reconocía que no había tenido que escribir nada a mano en los seis meses previos.

En 2019, una investigación de OnePoll para Bic USA —que como fabricantes de bolígrafos no son exactamente una parte no interesada en la debacle de la escritura manual— determinó que la mala letra ya estaba causando problemas en el entorno corporativo. Si la gente odiaba a sus compañeros de oficina era, se podría decir, porque no lograban entender lo que escribían.

De media, cada trabajador se había enfrentado a dos situaciones realmente problemáticas en su carrera causadas por no entender la mala letra de otra persona. Siete de cada diez personas aseguraban que, a menudo, se encontraban con caligrafías de difícil lectura en el trabajo. Quizás, su propia letra era la que amargaba a los demás. En sus cuentas, que parten de una muestra de trabajadores estadounidenses, el porcentaje de gente que reconoce que leer su propia letra le cuesta había subido: era ya el 45%.

¿Y QUÉ OCURRE CON LOS NIÑOS? 

¿Está, entonces, ya no la buena letra, sino directamente la escritura a mano en peligro? Si, total, vamos a perder esa habilidad con el paso de los años y si, total, todo está en manos de los dispositivos electrónicos, ¿deberíamos dejar de enseñar a escribir a mano? Cuando Finlandia empezó a dar más peso a la escritura a máquina que a la manual en las escuelas hace unos años, las voces apocalípticas comenzaron a cuestionarse el futuro de la caligrafía.

Sin embargo, los escolares continúan aprendiendo a escribir y lo hacen igual que lo hacían los de los 90 y los de los 60. «Los niños siguen aprendiendo a escribir con papel y lápiz, comenzando por trazos simples y sueltos y, poco a poco, evolucionando hasta elaborar trazos más complejos», apunta Enrique Rubio.

Sus Cuadernos Rubio de caligrafía se siguen vendiendo año tras año. ¿Han cambiado los propios cuadernos? «Si hablamos del aprendizaje básico, las necesidades de los niños siguen siendo las mismas, ya que tanto las letras como el proceso de aprendizaje son los mismos pese a la aparición de las nuevas tecnologías, por lo que nuestra metodología sigue siendo igual de válida», señala, apuntando que lo que ha cambiado en los cuadernos es lo mismo que lo ha hecho en la sociedad. Las frases con las que se practica se han adaptado «a los nuevos tiempos».

Lo que sí han notado en la editorial es que ahora se cometen más faltas de ortografía y gramática, porque la escritura inmediata en dispositivos móviles y el tener un autocorrector cambian cómo y cuándo se escribe. Incluso, explica Enrique Rubio, «al no estar tan familiarizados con la escritura a mano, lo que les hace guiarse más por el código oral, es decir, que escriben como hablan». Por supuesto, también hay cuadernos especiales para corregir que pase eso.

El cómo se aprende a escribir es importante, porque afecta no solo a cómo se aprende en la infancia, sino también a cómo se hará luego. «La letra, si tiene consistencia de base, no suele variar (se estropea si se hace rápido)», apunta Anna Coll. «Quien tiene mala letra es normalmente por haberla aprendido mal y hacerla utilizado de manera descuidada, por prisas o exceso de uso», añade. (En mi defensa, diré que la culpa de mi mala letra debe estar, entonces, en las notas tomadas a toda velocidad en las ruedas de prensa).

EL BUM DEL ‘LETTERING’

Curiosamente, a pesar de que el temor a que la población adulta haya perdido capacidad de escritura ha estado presente en estos últimos años, también ha aparecido una moda caligráfica. Se ha puesto de moda el lettering. «El lettering hacía referencia tradicionalmente al dibujo de letras, diferente de la caligrafía, que se realiza en trazos preestablecidos», explica Anna Coll. «Algunas personas se acercan por lo vistoso que resulta, y al tomar algunas clases, empiezan a apreciar la vertiente relajante y creativa del proceso», añade, aunque recuerda que si no se tiene ya buena letra o habilidad dibujando, «es difícil tener éxito inmediato».

Imagen: Cuadernos Rubio

Los fans del lettering son ya una comunidad activa y establecida, que ven a esa práctica como algo artístico —y relajante—, pero que no acaban en ella decididos a mejorar su caligrafía.

¿No queda esperanza para la gente que hemos caído en la espiral de la mala letra? ¿Estamos llamadas mi madre y yo a no entendernos nunca más a través de notas escritas? Le pregunté a la experta en caligrafía por esta cuestión. «Pues escribe despacito. Y si de verdad te apetece mejorar tu letra, consulta con un buen maestrillo de caligrafía, que tenemos nuestros librillos», me promete Anna Coll.

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«Antes tenías mejor letra». Es algo que me ha dicho mi madre no en una sino en varias ocasiones durante los últimos años, cuando se ha tenido que enfrentar a alguna nota que le he dejado con algún mensaje. Cuando hablamos por WhatsApp no tiene que enfrentarse a mi mala caligrafía, pero sí cuando lo hacemos por notas escritas. Y no ha sido tímida a la hora de decirme que mi letra nadie la entiende. «Con lo bonita que la tenías antes, que era redondita».

¿He ido a peor en la escritura desde que era adolescente? ¿O es mi terrible caligrafía no solo una oportunidad perdida de haber estudiado Medicina —bien sabe todo el mundo que lo más importante para ser médica es tener mala letra—, sino un síntoma de cómo han cambiado los tiempos? Al fin y al cabo, cada vez es más habitual cruzarse con cuadernillos, como los de la etapa escolar, pero para adultos. Parece inevitable pensar que, como ahora escribimos a mano mucho menos, hemos perdido el ejercicio de la buena caligrafía. Acusar a las pantallas y a la tecnología de estar matando a la buena letra resulta casi lo esperable.

Decidida a descubrir por qué escribimos peor (y si lo hacemos), les pregunté sobre nuestra caligrafía a los editores de los Cuadernos Rubio, esos en los que la infancia milenial aprendimos a escribir, pero donde también lo hicieron nuestros padres. «A grandes rasgos, podría decirse que nuestra caligrafía sí que ha ido perdiendo precisión con el paso de los años», concede Enrique Rubio, director general de Rubio.

Enrique Rubio da una lista de «múltiples factores» por los que esto está ocurriendo. «Entre los principales, están la pérdida del hábito de la escritura a mano debido a la aparición de las nuevas tecnologías, que han supuesto un cambio importante en la forma en la que escribimos», señala.

 

Imagen: Cuadernos Rubio

 

Además, también ha cambiado el peso que tiene la caligrafía en la educación. «Antiguamente, en las escuelas se hacía mucho hincapié en la importancia de trabajar la caligrafía porque era parte de tu presentación y una puerta de entrada al mundo laboral», apunta. «Los jóvenes no la practican, y lo que no se practica no puede llegar a convertirse en costumbre».

«Y quien la tenía (los mayores) la ha perdido por falta de necesidad», me dice, por otro lado, Anna Coll, de la Escuela de Caligrafía Deletras, quien, por cierto, me señala que la buena letra es «la itálica, basada en formas triangulares». Mi letra «redondita» estaba condenada desde el principio.

La cuestión de si la tecnología ha matado a la caligrafía no es exactamente nueva. Durante la última década se han ido sucediendo análisis y estudios que abordaban la cuestión. En 2012, un estudio británico ya señalaba que el 33% de las personas tenía problemas para leer su propia letra (el viral momento de Mariano Rajoy en el que justamente le pasaba eso fue del año anterior), pero también que, en realidad, se estaba escribiendo menos a mano. Uno de cada tres participantes en el estudio reconocía que no había tenido que escribir nada a mano en los seis meses previos.

En 2019, una investigación de OnePoll para Bic USA —que como fabricantes de bolígrafos no son exactamente una parte no interesada en la debacle de la escritura manual— determinó que la mala letra ya estaba causando problemas en el entorno corporativo. Si la gente odiaba a sus compañeros de oficina era, se podría decir, porque no lograban entender lo que escribían.

De media, cada trabajador se había enfrentado a dos situaciones realmente problemáticas en su carrera causadas por no entender la mala letra de otra persona. Siete de cada diez personas aseguraban que, a menudo, se encontraban con caligrafías de difícil lectura en el trabajo. Quizás, su propia letra era la que amargaba a los demás. En sus cuentas, que parten de una muestra de trabajadores estadounidenses, el porcentaje de gente que reconoce que leer su propia letra le cuesta había subido: era ya el 45%.

¿Y QUÉ OCURRE CON LOS NIÑOS? 

¿Está, entonces, ya no la buena letra, sino directamente la escritura a mano en peligro? Si, total, vamos a perder esa habilidad con el paso de los años y si, total, todo está en manos de los dispositivos electrónicos, ¿deberíamos dejar de enseñar a escribir a mano? Cuando Finlandia empezó a dar más peso a la escritura a máquina que a la manual en las escuelas hace unos años, las voces apocalípticas comenzaron a cuestionarse el futuro de la caligrafía.

Sin embargo, los escolares continúan aprendiendo a escribir y lo hacen igual que lo hacían los de los 90 y los de los 60. «Los niños siguen aprendiendo a escribir con papel y lápiz, comenzando por trazos simples y sueltos y, poco a poco, evolucionando hasta elaborar trazos más complejos», apunta Enrique Rubio.

Sus Cuadernos Rubio de caligrafía se siguen vendiendo año tras año. ¿Han cambiado los propios cuadernos? «Si hablamos del aprendizaje básico, las necesidades de los niños siguen siendo las mismas, ya que tanto las letras como el proceso de aprendizaje son los mismos pese a la aparición de las nuevas tecnologías, por lo que nuestra metodología sigue siendo igual de válida», señala, apuntando que lo que ha cambiado en los cuadernos es lo mismo que lo ha hecho en la sociedad. Las frases con las que se practica se han adaptado «a los nuevos tiempos».

Lo que sí han notado en la editorial es que ahora se cometen más faltas de ortografía y gramática, porque la escritura inmediata en dispositivos móviles y el tener un autocorrector cambian cómo y cuándo se escribe. Incluso, explica Enrique Rubio, «al no estar tan familiarizados con la escritura a mano, lo que les hace guiarse más por el código oral, es decir, que escriben como hablan». Por supuesto, también hay cuadernos especiales para corregir que pase eso.

El cómo se aprende a escribir es importante, porque afecta no solo a cómo se aprende en la infancia, sino también a cómo se hará luego. «La letra, si tiene consistencia de base, no suele variar (se estropea si se hace rápido)», apunta Anna Coll. «Quien tiene mala letra es normalmente por haberla aprendido mal y hacerla utilizado de manera descuidada, por prisas o exceso de uso», añade. (En mi defensa, diré que la culpa de mi mala letra debe estar, entonces, en las notas tomadas a toda velocidad en las ruedas de prensa).

EL BUM DEL ‘LETTERING’

Curiosamente, a pesar de que el temor a que la población adulta haya perdido capacidad de escritura ha estado presente en estos últimos años, también ha aparecido una moda caligráfica. Se ha puesto de moda el lettering. «El lettering hacía referencia tradicionalmente al dibujo de letras, diferente de la caligrafía, que se realiza en trazos preestablecidos», explica Anna Coll. «Algunas personas se acercan por lo vistoso que resulta, y al tomar algunas clases, empiezan a apreciar la vertiente relajante y creativa del proceso», añade, aunque recuerda que si no se tiene ya buena letra o habilidad dibujando, «es difícil tener éxito inmediato».

Imagen: Cuadernos Rubio

Los fans del lettering son ya una comunidad activa y establecida, que ven a esa práctica como algo artístico —y relajante—, pero que no acaban en ella decididos a mejorar su caligrafía.

¿No queda esperanza para la gente que hemos caído en la espiral de la mala letra? ¿Estamos llamadas mi madre y yo a no entendernos nunca más a través de notas escritas? Le pregunté a la experta en caligrafía por esta cuestión. «Pues escribe despacito. Y si de verdad te apetece mejorar tu letra, consulta con un buen maestrillo de caligrafía, que tenemos nuestros librillos», me promete Anna Coll.

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