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18 de mayo 2018    /   CINE/TV
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Por una juventud milenial más amante del mamporro

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No entiendo cómo es posible que haya gente hablando de otra cosa que no sea de karate. Hace pocos días, YouTube Red, la versión de pago de YouTube, estrenó Cobra Kai, la serie secuela de Karate Kid, la película que puso a millones de niños a hacer la grulla en los años 80. Y sí, es tan flipante como parece si lo que buscas es carnaza de videoclub.

Porque, amigo, hubo un tiempo en el que los videoclubs se llenaban de pelis de artes marciales. Yo trabajaba en uno de ellos y fiue lo más cerca que he estado nunca de ser un macho alfa, un líder de la comunidad, un referente social.

En aquel ecosistema perfecto de estanterías repletas de carátulas de pecho descubierto, destacaban las pelis de kung fu, con Bruce Lee a la cabeza. En realidad, Lee hizo muy pocas pelis. Por supuesto, estaban las falsificaciones chabacanas con el Bruce Lee low cost que, en un alarde de ingenio, se llamaba Bruce Le; también eran un éxito las de kickboxing, con Jean Claude Van Damme a la cabeza, y las de hostias no regladas que encumbraron a mentes privilegiadas como Steven Seagal.

De todas, el mayor hit generacional fue Karate Kid y la cosa ocurrió de la manera en que suelen ocurrir las cosas: todos los chavales se identificaron con el personaje protagonista, Daniel LaRusso.

LaRusso era un adolescente que se muda de la fría New Jersey a la exuberante California. No conoce a nadie, vive solo con su madre en un cuchitril y, recién llegado al instituto, los guapos le zumban con tan mala suerte que los que lo hacen, lo hacen bien porque hacen karate. Todos son miembros del dojo Cobra Kai.

cobra-kai-logo

Pues bien, un anciano japonés sin ningún tipo de intención sexual hacia el joven LaRusso, adopta al chaval como discípulo y le enseña los secretos del karate. Como no es abusador pero sí un poco jeta, aprovecha para que el joven le afine la reforma del chabolo y le lave y encere los coches.

Si has vivido en un otro planeta en los últimos 35 años, sáltate este párrafo porque viene un detripe. Al final, LaRusso se enfrenta en una competición de karate contra los que le zurraban la badana y derrota al malo mayor, a Johnny Lawrence, con un arte nunca antes vista: la grulla. La victoria es tan épica que no hubo chaval ochentero que no aprendiese a hacer la grulla. Aquella patada en la cabeza cambió la historia.

Hubo dos secuelas de Karate Kid pero, por resumir, LaRusso ganó, Johnny perdió y Cobra Kai echó el cierre igual que han cerrado los videclubs, los recreativos con mesa de ping pong y las ventanas de las viejecitas que vendían golosinas para sacarse un complemento en negro a su pensión.

Y así hemos llegado hasta 2018, año en el que se retoma la historia de LaRusso y Lawrence y se reclama la nostalgia del mamporro. La serie se bautiza como el dojo macarra, Cobra Kai, y los dos primeros capítulos se pueden ver de gañote.

Johnny Lawrence es un chapuzas que vive en un cuchitril similar al de los LaRusso en los ochenta. Es un tipo muy cercano al alcoholismo, con un hijo macarra que le desprecia y un padrastro (encarnado por Edward Asner, el de Lou Grant) que le salva el culo justo hasta este primer capítulo de Cobra Kai. Asner le entrega un cheque para no volver a saber de él nunca más. Mientras, LaRusso es un triunfador propietario de varios concesionarios de coches.

A la comunidad de vecinos de Lawrence llega Miguel, un hijo de emigrantes al que zumban en el instituto y que, para defenderse, decide pedir a Johnny que le enseñe karate. A partir de ahí, guiño tras guiño a la peli original, comienza de nuevo la aventura y yo ya llevo seis toneladas de palomitas engullidas.

Los chascarrillos son continuos y, más allá de en el hilo de la historia, también se reflejan en la música de la serie, que incluye por ejemplo la muy mítica canción de Dean Martin Ain’t that a kick in the head?

How lucky can one guy be
I kissed her and she kissed me
Like the fella once said
Ain’t that a kick in the head?

Si la serie no se toma demasiado en serio, la cosa puede ir bien.

cobra-kai

La teoría del villano LaRusso

De todo lo que ha rodeado a Karate Kid en los últimos años, lo peor con diferencia han sido los remakes. Y lo mejor, la maravillosa teoría de que Daniel LaRusso, el héroe de la película, no era el pobre chaval víctima del bullying, sino el villano y el acosador.

La teoría, muy bien fundamentada a través de un vídeo que puedes ver aquí debajo, afirma que LaRusso llegó, se encaprichó con la novia de Johnny y forzó la situación hasta hacerla violenta.

A partir de ahí, la mítica rivalidad, un adulto que zurra adolescentes, el entrenamiento, el trabajo infantil y la grulla. Vamos, lo normal. Y cierto tono en la nueva serie Cobra Kai de que parte de la culpa de que Johnny haya fracasado en su vida es por todo eso.

Y mientras, en Yorokobu…

https://www.yorokobu.es/pete-souza-contra-trump/

https://www.yorokobu.es/putochinomaricon/

https://www.yorokobu.es/forensic-architecture/

https://www.yorokobu.es/buycot-y-boicot/

 

No entiendo cómo es posible que haya gente hablando de otra cosa que no sea de karate. Hace pocos días, YouTube Red, la versión de pago de YouTube, estrenó Cobra Kai, la serie secuela de Karate Kid, la película que puso a millones de niños a hacer la grulla en los años 80. Y sí, es tan flipante como parece si lo que buscas es carnaza de videoclub.

Porque, amigo, hubo un tiempo en el que los videoclubs se llenaban de pelis de artes marciales. Yo trabajaba en uno de ellos y fiue lo más cerca que he estado nunca de ser un macho alfa, un líder de la comunidad, un referente social.

En aquel ecosistema perfecto de estanterías repletas de carátulas de pecho descubierto, destacaban las pelis de kung fu, con Bruce Lee a la cabeza. En realidad, Lee hizo muy pocas pelis. Por supuesto, estaban las falsificaciones chabacanas con el Bruce Lee low cost que, en un alarde de ingenio, se llamaba Bruce Le; también eran un éxito las de kickboxing, con Jean Claude Van Damme a la cabeza, y las de hostias no regladas que encumbraron a mentes privilegiadas como Steven Seagal.

De todas, el mayor hit generacional fue Karate Kid y la cosa ocurrió de la manera en que suelen ocurrir las cosas: todos los chavales se identificaron con el personaje protagonista, Daniel LaRusso.

LaRusso era un adolescente que se muda de la fría New Jersey a la exuberante California. No conoce a nadie, vive solo con su madre en un cuchitril y, recién llegado al instituto, los guapos le zumban con tan mala suerte que los que lo hacen, lo hacen bien porque hacen karate. Todos son miembros del dojo Cobra Kai.

cobra-kai-logo

Pues bien, un anciano japonés sin ningún tipo de intención sexual hacia el joven LaRusso, adopta al chaval como discípulo y le enseña los secretos del karate. Como no es abusador pero sí un poco jeta, aprovecha para que el joven le afine la reforma del chabolo y le lave y encere los coches.

Si has vivido en un otro planeta en los últimos 35 años, sáltate este párrafo porque viene un detripe. Al final, LaRusso se enfrenta en una competición de karate contra los que le zurraban la badana y derrota al malo mayor, a Johnny Lawrence, con un arte nunca antes vista: la grulla. La victoria es tan épica que no hubo chaval ochentero que no aprendiese a hacer la grulla. Aquella patada en la cabeza cambió la historia.

Hubo dos secuelas de Karate Kid pero, por resumir, LaRusso ganó, Johnny perdió y Cobra Kai echó el cierre igual que han cerrado los videclubs, los recreativos con mesa de ping pong y las ventanas de las viejecitas que vendían golosinas para sacarse un complemento en negro a su pensión.

Y así hemos llegado hasta 2018, año en el que se retoma la historia de LaRusso y Lawrence y se reclama la nostalgia del mamporro. La serie se bautiza como el dojo macarra, Cobra Kai, y los dos primeros capítulos se pueden ver de gañote.

Johnny Lawrence es un chapuzas que vive en un cuchitril similar al de los LaRusso en los ochenta. Es un tipo muy cercano al alcoholismo, con un hijo macarra que le desprecia y un padrastro (encarnado por Edward Asner, el de Lou Grant) que le salva el culo justo hasta este primer capítulo de Cobra Kai. Asner le entrega un cheque para no volver a saber de él nunca más. Mientras, LaRusso es un triunfador propietario de varios concesionarios de coches.

A la comunidad de vecinos de Lawrence llega Miguel, un hijo de emigrantes al que zumban en el instituto y que, para defenderse, decide pedir a Johnny que le enseñe karate. A partir de ahí, guiño tras guiño a la peli original, comienza de nuevo la aventura y yo ya llevo seis toneladas de palomitas engullidas.

Los chascarrillos son continuos y, más allá de en el hilo de la historia, también se reflejan en la música de la serie, que incluye por ejemplo la muy mítica canción de Dean Martin Ain’t that a kick in the head?

How lucky can one guy be
I kissed her and she kissed me
Like the fella once said
Ain’t that a kick in the head?

Si la serie no se toma demasiado en serio, la cosa puede ir bien.

cobra-kai

La teoría del villano LaRusso

De todo lo que ha rodeado a Karate Kid en los últimos años, lo peor con diferencia han sido los remakes. Y lo mejor, la maravillosa teoría de que Daniel LaRusso, el héroe de la película, no era el pobre chaval víctima del bullying, sino el villano y el acosador.

La teoría, muy bien fundamentada a través de un vídeo que puedes ver aquí debajo, afirma que LaRusso llegó, se encaprichó con la novia de Johnny y forzó la situación hasta hacerla violenta.

A partir de ahí, la mítica rivalidad, un adulto que zurra adolescentes, el entrenamiento, el trabajo infantil y la grulla. Vamos, lo normal. Y cierto tono en la nueva serie Cobra Kai de que parte de la culpa de que Johnny haya fracasado en su vida es por todo eso.

Y mientras, en Yorokobu…

https://www.yorokobu.es/pete-souza-contra-trump/

https://www.yorokobu.es/putochinomaricon/

https://www.yorokobu.es/forensic-architecture/

https://www.yorokobu.es/buycot-y-boicot/

 

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