25 mayo, 2018    /   DIGITAL
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Los escuadrones nocturnos de la nueva economía

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Ocurre mientras duermes. O, al menos, mientras duermes en Estados Unidos. El sol cae, la gente regresa a sus casas y afloran ellos. Son los cazadores de pájaros. O mejor dicho, los bird hunters, un escuadrón de ciudadanos a sueldo que se ocupan de recoger todos los Birdque encuentren en su camino para cargarlos.

¿Quieres saber los efectos que está causando la proliferación de medios de transporte compartidos como este patinete eléctrico, el BirdPues allá vamos. Pero antes, te muestro algunas de las cosas que hemos publicado esta semana en Yorokobu.

Javier Álvarez es coleccionista, artista sonoro, realizador audiovisual y periodista. Tiene su propio santuario de tecnología pasada de rosca, a la que regala una nueva y excéntrica vida. Álvarez inaugura ¡En llamas! Gente extraordinaria que salvaríamos de la quema, una sección mensual de Yorokobu en YouTube.

Estos chavales se forran mientras duermes

Bird es una empresa similar a los que serían Bicimad, Car2Go, emov o Zity, es decir, una empresa de vehículos eléctricos compartidos. Los vehículos son lo que en inglés se denomina scooter, un patinete eléctrico y no lo en España entendemos por scooter, que es, para entendernos, una Vespa.

Todos esos vehículos necesitan que alguien cargue sus baterías y Bird ha decidido que cualquiera puede hacerlo y cobrar por ello.

The Atlantic pone de ejemplo a Brandon, un chaval angelino de 18 años que, al salir de clase cada tarde, coge su furgoneta y va recogiendo todos los patinetes que puede cargar. Los lleva a casa y los enchufa durante toda la noche.

Por la mañana, los vuelve a cargar en su furgoneta con las baterías llenas y los deja en grupos de tres en zonas escogidas por Bird que se denominan Bird Nests.

¿Otra víctima del precariado que fomentan algunas de las empresas de la deplorablemente bautizada como ‘nueva economía’? No lo parece. Según cuenta The Atlantic, el amigo Brandon se levanta varios cientos de pavos. Cada noche.

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Y como él, decenas de personas que buscan patinetes descargados a través de una app móvil y los cargan en casa. Salen de cacería igual que se hacía en el lejano pasado –bueno, hace dos años– con Pokémon Go.

Cada patinete cargado se paga a un precio de entre 5 y 20 dólares, dependiendo de lo accesible o inaccesible que esté. Si los Birds pueden ser abandonados en cualquier lugar, eso abre un universo de posibilidades para el vándalo macarra.

Además, ser un Bird hunter aporta un plus de molonidad en los institutos y universidades y está generando una competitividad por ver quién es capaz de recoger más patinetes cada día.

La proliferación de patinetes está generando también diversos problemas. Los vecinos de San Francisco, por ejemplo, se quejan de que las calles están llenas de vehículos abandonados en cualquier lugar. También se muestran atemorizados por la amenaza que para el peatón supone que una horda de patinetes venga a toda castaña por la acera y se lleve por delante a la tía Conchi y su andador.

En respuesta a ese temor, unos cuantos vecinos justicieros se han decidido a luchar contra la invasión con vandalismo y caca, que es como se deben hacer estas cosas. La foto es de Chris Hinkle.

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Mientras, en España…

La cultura empresarial de este país es una parte fundamental del conglomerado de valores que forman la Marca España. Y si hay alguna costumbre sagrada en nuestra economía en los últimos años es la de que el beneficio de las empresas crece a costa de las condiciones de sus currelas. Ocurre en las viejas y ocurre en las nuevas empresas.

Mientras en EEUU, los cazadores de patinetes trabajan bajo contrato, según asegura The Atlantic, y cobran lustrosos pavos, en España, los repartidores están en guerra contra Deliveroo.

Un exrepartidor barcelonés reclama 12.000 euros a la startup británica. Según cuenta Eldiario.es, «el demandante quiere que el juez sentencie que Deliveroo usa la figura del falso autónomo para no ofrecer los derechos laborales que tendría un asalariado y reducir así sus costes laborales. Pide 12.000 euros de indemnización. Alega además que la empresa prescindió de él porque fue uno de los participantes de la huelga de ‘riders’ julio de 2017, algo que Deliveroo niega».

La economía colaborativa son los padres

https://www.yorokobu.es/democratizacion/

https://www.yorokobu.es/sharing-e-umbrella/

Otras historias de esta semana en Yorokobu

Los robots no nos destruirán con guerras, sino con sexo. Y esta mujer está luchando para evitarlo

https://www.yorokobu.es/esclavos-del-tiempo/

https://www.yorokobu.es/mercado-editorial-saturado/

https://www.yorokobu.es/lore/

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Ocurre mientras duermes. O, al menos, mientras duermes en Estados Unidos. El sol cae, la gente regresa a sus casas y afloran ellos. Son los cazadores de pájaros. O mejor dicho, los bird hunters, un escuadrón de ciudadanos a sueldo que se ocupan de recoger todos los Birdque encuentren en su camino para cargarlos.

¿Quieres saber los efectos que está causando la proliferación de medios de transporte compartidos como este patinete eléctrico, el BirdPues allá vamos. Pero antes, te muestro algunas de las cosas que hemos publicado esta semana en Yorokobu.

Javier Álvarez es coleccionista, artista sonoro, realizador audiovisual y periodista. Tiene su propio santuario de tecnología pasada de rosca, a la que regala una nueva y excéntrica vida. Álvarez inaugura ¡En llamas! Gente extraordinaria que salvaríamos de la quema, una sección mensual de Yorokobu en YouTube.

Estos chavales se forran mientras duermes

Bird es una empresa similar a los que serían Bicimad, Car2Go, emov o Zity, es decir, una empresa de vehículos eléctricos compartidos. Los vehículos son lo que en inglés se denomina scooter, un patinete eléctrico y no lo en España entendemos por scooter, que es, para entendernos, una Vespa.

Todos esos vehículos necesitan que alguien cargue sus baterías y Bird ha decidido que cualquiera puede hacerlo y cobrar por ello.

The Atlantic pone de ejemplo a Brandon, un chaval angelino de 18 años que, al salir de clase cada tarde, coge su furgoneta y va recogiendo todos los patinetes que puede cargar. Los lleva a casa y los enchufa durante toda la noche.

Por la mañana, los vuelve a cargar en su furgoneta con las baterías llenas y los deja en grupos de tres en zonas escogidas por Bird que se denominan Bird Nests.

¿Otra víctima del precariado que fomentan algunas de las empresas de la deplorablemente bautizada como ‘nueva economía’? No lo parece. Según cuenta The Atlantic, el amigo Brandon se levanta varios cientos de pavos. Cada noche.

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Y como él, decenas de personas que buscan patinetes descargados a través de una app móvil y los cargan en casa. Salen de cacería igual que se hacía en el lejano pasado –bueno, hace dos años– con Pokémon Go.

Cada patinete cargado se paga a un precio de entre 5 y 20 dólares, dependiendo de lo accesible o inaccesible que esté. Si los Birds pueden ser abandonados en cualquier lugar, eso abre un universo de posibilidades para el vándalo macarra.

Además, ser un Bird hunter aporta un plus de molonidad en los institutos y universidades y está generando una competitividad por ver quién es capaz de recoger más patinetes cada día.

La proliferación de patinetes está generando también diversos problemas. Los vecinos de San Francisco, por ejemplo, se quejan de que las calles están llenas de vehículos abandonados en cualquier lugar. También se muestran atemorizados por la amenaza que para el peatón supone que una horda de patinetes venga a toda castaña por la acera y se lleve por delante a la tía Conchi y su andador.

En respuesta a ese temor, unos cuantos vecinos justicieros se han decidido a luchar contra la invasión con vandalismo y caca, que es como se deben hacer estas cosas. La foto es de Chris Hinkle.

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Mientras, en España…

La cultura empresarial de este país es una parte fundamental del conglomerado de valores que forman la Marca España. Y si hay alguna costumbre sagrada en nuestra economía en los últimos años es la de que el beneficio de las empresas crece a costa de las condiciones de sus currelas. Ocurre en las viejas y ocurre en las nuevas empresas.

Mientras en EEUU, los cazadores de patinetes trabajan bajo contrato, según asegura The Atlantic, y cobran lustrosos pavos, en España, los repartidores están en guerra contra Deliveroo.

Un exrepartidor barcelonés reclama 12.000 euros a la startup británica. Según cuenta Eldiario.es, «el demandante quiere que el juez sentencie que Deliveroo usa la figura del falso autónomo para no ofrecer los derechos laborales que tendría un asalariado y reducir así sus costes laborales. Pide 12.000 euros de indemnización. Alega además que la empresa prescindió de él porque fue uno de los participantes de la huelga de ‘riders’ julio de 2017, algo que Deliveroo niega».

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Opiniones 2
  • Es increíble la competencia. Hay tantas compañías que utilizan modelos similares
    de patinetes eléctricos fabricados en China, que esto ha provocado una proliferación tan elevada de este tipo de vehículos sobre todo en San Francisco, que muchos ciudadanos protestado por la cantidad de patinetes que aparecen en las aceras o los peligros que puede suponer que los usuarios. Para nadie es un secreto lo utiles que han sido estos aparatos de movilidad eléctrica, tanto así que cada vez es mas alta la demanda en todo el mundo.

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